Xavi González, el extremo navarro que creció con el balonmano y ya compite en la élite

Alex Daniel Ruiz Agüero  / 30-06-2026

 
 

A sus veintiún años, el jugador navarro ya sabe lo que es destacar con las categorías inferiores de la selección española de balonmano y consolidarse en la élite. Tras una vida en el club de su corazón, afronta su nueva etapa en el Bidasoa Irún con la misma ambición y con los pies en el suelo.

El balonmano no fue una elección para Xavi González, sino una consecuencia natural de su entorno. En su casa siempre se ha respirado este deporte. Su padre lo practicó y su hermano mayor, Iñaki, ya entrenaba en el colegio de los Maristas. “Me escapaba a verlo entrenar y de ahí empezó mi adicción", confiesa para HA10 el jugador del CD Bidasoa Irún.

A diferencia de otros niños, Xavi no creció con un ídolo al que imitar sobre la pista. Sus referentes estaban en el esfuerzo diario y en la cultura del sacrificio. Explica que siempre ha tenido referentes deportistas como Rafael Nadal o Pau Gasol, gente que son trabajadores incansables y te enseñan lo que es la disciplina y el trabajo para poder dedicarte al deporte.

Esa disciplina también define su juego. Destaca por su velocidad, su capacidad de definición y, sobre todo, por su ambición competitiva, con un carácter que le empuja a exigirse constantemente sobre la pista.

Su debut en la Liga ASOBAL tuvo lugar en La Catedral, vistiendo la camiseta del Anaitasuna. “Fue un estreno fugaz, de apenas treinta segundos, de esos que no dan tiempo a asimilar”. Sin embargo, con el tiempo llegaron más minutos y, con ellos, una nueva realidad: pasar de vivir el balonmano desde la grada a hacerlo dentro de la pista. El navarro reconoce que mantenerse a ese nivel no es sencillo y exige trabajo constante.

Su primer gol profesional llegó poco después, en una cancha exigente como la de Huesca, tras recoger un balón suelto en un contraataque y recorrer la pista antes de superar al portero.

Detrás del jugador también hay un hombre de costumbres. Aunque afirma no ser excesivamente supersticioso, admite una manía incorregible a la hora de vestirse: ponerse primero el calcetín y la zapatilla del pie derecho, siempre, incluso cuando se viste de calle. Además, antes de cada partido necesita su momento de introspección, sentándose en el banquillo con sus cascos durante un par de minutos para observar la pista a solas antes de entrar al vestuario.

A sus veintiún años, Xavi ha firmado una temporada espectacular con ochenta y tres goles. Aunque la cifra goleadora depende en gran parte de la circulación del equipo y del contragolpe, al no encargarse de los penaltis, su rendimiento en el extremo ha sido notable. Él mismo asume que los extremos dependen del juego elaborado del equipo, pero deben estar siempre preparados para responder con eficacia.

Su palmarés internacional refleja su progresión: campeón del Mundo juvenil en Croacia (2023), campeón de Europa júnior en Eslovenia (2024) y elegido en tres ocasiones consecutivas como mejor extremo derecho en torneos europeos y mundiales de su categoría.

A pesar del reconocimiento individual, Xavi prioriza siempre el colectivo, afirmando que es una recompensa al trabajo, pero que no le da tanta importancia como a los premios colectivos, ya que sin la ayuda del equipo no habría sido posible y para él lo importante es haber salido campeones y colgarse el oro juntos.

Sin embargo, el deporte no siempre deja buenos momentos. El episodio más duro de su carrera llegó la temporada pasada con el descenso del club de su vida, el Anaitasuna. Fue un golpe difícil tanto en lo personal como en lo colectivo. Explica que el balonmano influye directamente en su día a día, por lo que los malos resultados también se trasladan fuera de la pista.

Tras ese bache llegó su fichaje por el Bidasoa Irún. Dejar Pamplona no fue fácil, especialmente por el contexto del descenso, aunque la cercanía, a apenas una hora en coche, y el contacto continuo con los suyos han hecho que la adaptación sea más llevadera de lo que esperaba.

Xavi también es plenamente consciente de la realidad del balonmano profesional. Sabe que exige un sacrificio similar al del fútbol, pero sin la misma repercusión mediática ni la misma recompensa económica, lo que dificulta poder vivir de ello con comodidad.

Por ello, compagina la máxima competición con el tercer año del grado en CAFD (Ciencias de la Actividad Física y del Deporte) en Pamplona, desplazándose para realizar los exámenes cuando el calendario se lo permite.

Al mirar atrás y pensar en los niños que hoy dan sus primeros botes a un balón, el navarro lo tiene claro. Su consejo es “que disfruten del día a día con sus compañeros, que vayan a entrenar para pasárselo bien y desconectar, sin obsesiones por llegar al alto nivel ni ver como un fracaso el no llegar, porque si la oportunidad tiene que aparecer, llegará”.

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Nadia Erostarbe brilla en el Rio Pro de la WSL y entra en el Top 10 mundial

Héctor Alonso / 29-06-2026

 
 

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Clemente estalla contra el Athletic: "Se está mintiendo con la filosofía"

Guillermo Lanchas / 28-06-2026

 
 

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Alberto Fernández, el rey del tiro al plato que convirtió su infancia en oro olímpico

Nayra de Ganzo / 26-06-2026

 
 

Hay deportistas que encuentran su camino casi por casualidad y otros que prácticamente nacen dentro de él. En el caso de Alberto Fernández, el tiro al plato forma parte de su vida desde la infancia. Mucho antes de convertirse en campeón olímpico, campeón del mundo y una de las grandes referencias del deporte español, ya pasaba los fines de semana acompañando a su padre a los campos de tiro. Allí comenzó una historia construida a base de constancia, aprendizaje y una pasión que, más de dos décadas después, sigue intacta.

Sus primeros pasos llegaron incluso antes de la edad permitida para competir. “Empecé cuando tenía nueve años, que no es la edad legal. La edad legal son catorce”, recuerda. Aquel contacto temprano con el deporte estuvo marcado por una figura fundamental. “Siempre iba con mi padre, que fue lo que me motivó a probar este deporte”. Más allá de los resultados, lo que realmente le atrapó fue compartir tiempo con él. “Lo que más me gustaba era ir en compañía de mi padre y hacer cosas juntos”, explica.

Como ocurre en las carreras deportivas profesionales, el camino hacia la élite comenzó desde abajo. Primero llegaron las pequeñas competiciones locales, los torneos de pueblo y las pruebas autonómicas. Poco a poco, los resultados empezaron a acompañarle y el nivel fue creciendo. “Así empecé, poco a poco. Luego llegaron las competiciones nacionales y eso me dio el pase para estar en la selección española”, recuerda. A partir de ahí, el salto a la alta competición fue una consecuencia de años de progresión constante.

Con el paso del tiempo llegaron las grandes medallas, pero Alberto tiene una visión muy particular del éxito. Para él, el valor de una medalla no depende únicamente de su color. “Tanto una medalla de oro como una de plata o de bronce tienen el mismo valor”, afirma, pues detrás de cada una de ellas hay una historia diferente, momentos personales, sacrificios y circunstancias que convierten cada resultado en algo único. “La diferencia es un punto más o un punto menos. Cuando hay una medalla significa que el trabajo está bien hecho”, asegura.

Esa mentalidad se ha ido construyendo a lo largo de una carrera marcada por la experiencia. No es casualidad que haya participado en cinco Juegos Olímpicos, desde Pekín hasta París. Entre aquel joven que debutó en China y el deportista actual hay una evolución enorme. “En Pekín era muy joven y no tenía experiencia”, reconoce para HA10. Con los años fue rodeándose de un equipo cada vez más completo, incorporando especialistas en preparación física, técnica y mental, un trabajo que terminó dando sus frutos en Tokio de dos mil veintiuno.

Allí llegó el momento más importante de su trayectoria: el oro olímpico junto a Fátima Gálvez en la prueba de equipos mixtos. Sin embargo, lejos de recordar aquella final como una experiencia de sufrimiento o presión, la vivió de una manera muy diferente. “Para mí fue muy divertida, fue como un juego”, explica. Había trabajado durante años para llegar a una situación así y afrontó la competición con una tranquilidad absoluta. “No pensaba en ganar, yo sabía que íbamos a ganar”, recuerda. Aquella medalla supuso mucho más que un éxito deportivo. “Fue la recompensa a todo el trabajo realizado durante más de veinte años”.

Precisamente, uno de los aspectos que más importancia tienen en su carrera es la preparación mental. En un deporte donde un solo fallo puede cambiar una competición entera, la gestión psicológica resulta fundamental. “Hacemos muchos entrenamientos de visualización y trabajos cognitivos”, explica. La clave está en prepararse para todo aquello que no se puede controlar, desde la lluvia hasta el viento o las condiciones de luz. “La preparación mental es la que decide si realmente estás al cien por cien para competir”, afirma.

Pero la vida de Alberto no gira únicamente alrededor de las competiciones. Fuera de los campos de tiro también ha desarrollado proyectos que ocupan un lugar importante en su día a día. Desde dos mil cinco dirige su propia escuela de tiro, una iniciativa que le permite seguir vinculado al deporte mientras forma a nuevas generaciones. Además, publicó junto a su preparador mental Diego Gutiérrez el libro Espíritu Olímpico, centrado en herramientas psicológicas aplicables tanto al deporte como a la vida cotidiana.

Y todavía hay una tercera pasión que ocupa un espacio especial en su rutina: la música. Con su grupo, Hyperman, encuentra una vía de escape completamente diferente al deporte de alto nivel. “La música me da la vida”, reconoce. Los conciertos le permiten desconectar de la presión competitiva y encontrar un equilibrio emocional que considera imprescindible. “Cuando las cosas no salen como uno quiere en el deporte, necesitas algo que te haga feliz”, explica.

A pesar de todos los éxitos acumulados, Alberto sigue defendiendo que el deporte le ha enseñado mucho más que ganar medallas. “Te enseña a caerte, a levantarte y también a tener los pies en la tierra cuando estás arriba”, reflexiona. Valores como la humildad, la capacidad de superación o la resiliencia forman parte de un aprendizaje que va mucho más allá de cualquier podio.

Por eso, cuando piensa en los jóvenes que empiezan hoy en el tiro al plato, su consejo es claro. “Que vayan paso a paso y que disfruten cada momento”, afirma. Considera que tan importante es aprender como saber valorar cada etapa del camino.

A corto plazo, su mirada está puesta en la próxima Copa de España, una competición muy especial para él. “Soy el tirador que más veces la ha ganado en la historia”, recuerda. Más adelante aparece un objetivo todavía mayor: conseguir la clasificación para los Juegos Olímpicos de Los Ángeles dos mil veintiocho y volver a competir en el escenario más importante del deporte mundial.

Porque si algo demuestra la trayectoria de Alberto Fernández es que el éxito no se construye únicamente con talento. Se construye con años de aprendizaje, trabajo silencioso y una pasión que sigue siendo la misma que cuando, con apenas nueve años, acompañaba a su padre al campo de tiro. Una pasión que le llevó hasta lo más alto del deporte mundial y que todavía hoy sigue marcando el rumbo de su carrera.

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El adiós de Pilar Ribes: una capitana, una vida en el Penya Esplugues y el fin de una era en el fútbol sala

David Revilla / 24-06-2026

 
 

Pilar Ribes se despidió del fútbol sala esta temporada. Tras una larga trayectoria, casi siempre vinculada al Penya Esplugues, la hasta ahora capitana del equipo colgó las botas en su casa, el Pabellón Les Moreres: “Estaba con mi familia, mis amigos, con las personas que todos los findes vienen a los partidos a Moreres. Entreno a un equipo de alevines y estaban allí mis niños con sus familias que me han dado cariño. No podría haber pedido más”.

Su historia con el fútbol sala comenzó en el colegio. “empiezas a jugar con los compañeros. Se me daba bien. El entrenador del equipo me vio un día y me dijo si quería probar”, cuenta para HA10.

Ese buen nivel inicial le abrió las puertas del FC Barcelona. “El entrenador que teníamos en el equipo me dijo que tenía la posibilidad de jugar. Mis padres me llevaron a hacer las pruebas y estuve temporada y media. Fue un sueño, a cualquiera le gustaría poder vestir los colores del equipo que ha sentido siempre y estar allí fue increíble”.

Sin embargo, su etapa en el club azulgrana terminó antes de lo previsto. “En el Barça fue un momento de cambio. Se cargaron bastantes equipos del femenino y se quedaron pocos equipos”. A partir de ahí llegó un giro en su carrera: el fútbol sala. “La mayoría se fueron a jugar al fútbol once, pero mis padres no podían llevarme y buscamos un club más cerca de casa, que no tuviéramos que atravesar toda Barcelona. Encontramos una opción que era fútbol sala y empecé a jugar allí”.

Su rendimiento en el Pony’s le abrió la puerta al Gironella, uno de los referentes del fútbol sala catalán en aquel momento. “El primer día de entrenamiento no cabía en mí de la ilusión. Jugar en el que entonces era uno de los mejores clubs catalanes fue un sueño”.

Más adelante, el Gironella terminó fusionándose con el Penya Esplugues, lo que permitió mantener la categoría en Primera División. “Todos los clubs son cíclicos y si no tienes el soporte de los patrocinadores es complicado. Gironella no fue una excepción. Es un pueblo bastante pequeño pero que, por falta de presupuesto dejó de subsistir y tuvimos la suerte que Penya Esplugues hizo la fusión y pudimos mantener el club en Primera”.

Desde entonces, Pilar Ribes ha permanecido ligada al Penya Esplugues, su club de toda la vida. “Es mi segunda familia. Han hecho porque el femenino sea un reclamo en Esplugues y creo que lo dice la trayectoria del equipo. Se acabó descendiendo en algún momento, pero creo que el club cuida mucho a la sección y estoy muy agradecida”.

Su mejor etapa llegó en la temporada 2016/2017. “Estaba en un buen nivel, me encontraba bien físicamente, tenía veinticuatro años. Eso al final te encuentras en un buen momento personal”.

Ese momento se vio interrumpido por una grave lesión. “Tuve una lesión de cruzado en la 2017/18. Estas cosas son inesperadas, pero afortunadamente me he recuperado muy bien, no he tenido recaídas, dolores, en ese aspecto estoy súper contenta, porque veo compañeras que han tenido problemas, pero yo he tenido mucha suerte”.

Tras varias temporadas en la élite, el equipo descendió y pasó tres años en Segunda División. “A los que nos gusta el deporte nos gusta estar en el máximo nivel. Me lo intenté tomar de la mejor manera posible, ayudar a las jóvenes que iban subiendo y estar preparada porque, si acabábamos subiendo, quería estar en un buen nivel para poder terminar”.

Ese objetivo se cumplió en 2025 con el ansiado ascenso. “Daba la sensación de que todo nos salía cara. Partidos que no jugábamos bien acabábamos remontando. Era un sueño. Es verdad que en el playoff lo pasamos peor, creo que también por todo el año, se nos acumuló cansancio, pero el día del ascenso fue una maravilla lo que vivimos, con toda la gente, la prórroga, el gol, fue increíble. Vivir un ascenso a primera es una de las cosas más felices que me podían pasar”.

En su última temporada, el equipo volvió a competir en Primera División. “Volver a competir contra las mejores es un lujo”. Sin embargo, no lograron mantener la categoría pese a pelear hasta el final contra el Ceuta. “A pesar de tener un año complicado el grupo ha sido maravilloso, nos hemos intentado apoyar entre nosotras a nivel positivo, hemos intentado estar lo más juntas posible porque sabíamos que el año iba a ser duro. Al final hemos sacado puntos en semanas que no te esperabas, también hemos perdido otros que nos hubiera gustado ganar, pero eso es el deporte. Estoy muy contenta, le hemos dado espectáculo a la categoría y estoy orgullosa de lo que hemos hecho”.

Finalmente, Pilar tomó la decisión de retirarse. “Ya le había dado vueltas bastante tiempo antes. Con los meses me mentalicé de que ese momento había llegado. Se lo comuniqué al club con bastante tiempo para que no diera la sensación ni de una cosa ni de otra, tenía la sensación de que mi momento había llegado”.

Aunque deja la pista, seguirá vinculada al club. “Llevo a un equipo de alevines y mi idea es seguir. Me gusta poder ayudar y formar parte de lo que están construyendo como club. Quiere estar ahí y apoyar lo que sea falta”.

Pilar también reflexiona sobre la situación del fútbol sala femenino, aún en crecimiento económico. “Desde que empecé nunca pensé que el fútbol sala me daría algo económico. He jugado porque me ha gustado incluso llegando a primera división, yo no cobraba y lo hacía encantada. Cuando ves que las cosas han ido evolucionando, si puedes sacar un rendimiento a las horas que le echamos. Creo que el fútbol sala femenino está en construcción y falta bastante para que sea el trabajo de cada jugadora, pero ojalá poder verlo desde la grada, ya mayor, pero ojalá, sería un indicio de un trabajo que se ha hecho bien y que todas las jugadoras puedan dedicarse solo al fútbol”.

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Óscar de Paula quiere seguir aportando al fútbol español

Alejandro Hernández Blázquez / 23-06-2026

 
 

Cerca de quinientos partidos en el fútbol profesional avalan la trayectoria de Óscar de Paula. Desde sus inicios en Olivenza hasta alcanzar la élite del fútbol español, el exdelantero repasa para HA10 los momentos que marcaron su carrera y explica por qué sigue esperando una nueva oportunidad en los banquillos.

Cuando echa la vista atrás, De Paula no piensa en estadísticas ni en títulos. Lo primero que le viene a la cabeza es el camino recorrido desde su Extremadura natal hasta la máxima categoría del fútbol español. "Lo primero que veo al mirar atrás es el sueño cumplido de un niño salido de Olivenza", afirma, recordando una época en la que las oportunidades para alcanzar el fútbol profesional eran mucho menores que en la actualidad.

Aunque gran parte de su carrera estuvo ligada a la Real Sociedad, el primer gran punto de inflexión llegó mucho antes. Con apenas diecisiete años debutó en Segunda División con el Badajoz y logró hacerse un hueco en el equipo. "Este sentimiento de profesionalidad lo siento por primera vez cuando debuté en el Badajoz en 2ªA con diecisiete años", explica.

Su llegada a San Sebastián tampoco fue sencilla. Como él mismo reconoce, tuvo que ganarse cada oportunidad. "Siempre tuve que ganarme la titularidad en los equipos por los que fui pasando", señala. La confianza de Jabo Irureta fue decisiva para su crecimiento en la Real Sociedad. Todo parecía avanzar en la dirección correcta hasta que una grave lesión frenó su progresión.

Aquella fractura de tobillo no solo le apartó de los terrenos de juego, sino que también frustró una operación que pudo cambiar su carrera. "Radomir Antic pidió mi fichaje y estaba todo encaminado hasta que todo se truncó por la fractura de mi tobillo derecho", recuerda sobre el interés del Atlético de Madrid. Pese a ello, evita caer en hipótesis. "No me gusta pararme a pensar eso, acepto cómo se desarrollaron los hechos", asegura.

Lejos de quedarse con lo que pudo haber sido, De Paula prefiere valorar todo lo que consiguió: consolidarse en Primera División, ser internacional sub-21 y competir en grandes escenarios europeos, logros que forman parte de una trayectoria de la que se siente orgulloso.

Uno de los capítulos más especiales de su carrera llegó en la temporada 2002-03. Aquella Real Sociedad sorprendió a toda España peleando por LaLiga hasta la última jornada. Más de dos décadas después, el extremeño mantiene intacta la convicción que existía dentro de aquel vestuario. "Siempre creímos que podíamos competirle a cualquiera y pensábamos que podíamos salir campeones", afirma. El título terminó escapándose por muy poco, pero aquella campaña sigue siendo una de las más recordadas en la historia reciente del club.

Después de once temporadas en Primera División, elegir al mejor futbolista con el que compartió campo resulta casi imposible. Aun así, hay varios nombres que le vienen rápidamente a la cabeza. "De lo mejor que he visto en un campo de fútbol son Michael Laudrup, Roberto Carlos, Romário o Ronaldo Nazário", destaca, antes de admitir que la lista sería mucho más larga.

En su conversación con HA10, De Paula también puso el foco en las personas que marcaron su carrera, especialmente en los entrenadores. "Hay un par de entrenadores que para mí fueron claves, Paco Herrera en el Badajoz y Jabo Irureta en la Real Sociedad", explica. También guarda un recuerdo especial de Javier Clemente e Iñaki Sáez, quienes le abrieron las puertas de la selección española sub-21, con la que se proclamó campeón de Europa en 1998.

Más allá de los resultados, el exdelantero conserva con especial cariño el ambiente que encontró en los vestuarios. Al recordar a la Real Sociedad que rozó el título de Liga, resume el espíritu del grupo con una frase sencilla pero contundente: "Todo el mundo en aquel vestuario era una piña, una familia".

Tras colgar las botas encontró otra forma de vivir el fútbol. Ahora lo hace desde los banquillos, una faceta que le apasiona y que le obliga a analizar el juego desde una perspectiva muy distinta. "Ahora piensas por veinticuatro o más, son muchas más las preocupaciones que cuando eres jugador únicamente", explica.

Como entrenador tiene una idea muy definida. "Me gusta que mi equipo controle los partidos", asegura. Su filosofía pasa por llevar la iniciativa, ser intenso en los duelos, mostrarse sólido defensivamente y practicar un fútbol atractivo. "Mis principios los tengo muy claros como entrenador: dominar los partidos, llevar la iniciativa y someter al contrario", resume.

Actualmente continúa esperando una nueva oportunidad para dirigir un equipo. Aunque reconoce que la situación le genera cierta frustración, mantiene intactas las ganas de volver a entrenar. "Me frustra el hecho de no poder estar “vertiendo” mi experiencia y conocimientos en las siguientes generaciones", admite. Aun así, no pierde la esperanza. "Por mi parte no va a quedar, seguiré buscando e intentando encontrar ese contexto donde te dejen trabajar y construir", concluye.

Con la misma ilusión que le llevó a salir de Olivenza para perseguir un sueño, Óscar de Paula sigue convencido de que todavía tiene mucho que aportar al fútbol. Desde el banquillo, ahora espera una nueva oportunidad para demostrarlo.

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Monchi rompe el silencio: el plan que puede cambiar al Espanyol para siempre

Guillermo Lanchas / 22-06-2026

 
 

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RAFA MIR, CONDENADO: el caso que lo cambia todo en el fútbol español

Ana María Oprea / 20-06-2026

 
 

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Susana Ruiz: "El Canicross no es correr con tu perro, es ser un equipo"

Alex Daniel Ruiz Agüero   / 19-06-2026

 
 

A sus cincuenta y siete años, Susana Ruiz, profesora de Educación Física, repasa una trayectoria marcada por su conexión con su perra Ras y por el éxito en el canicross, una disciplina en la que siempre tuvo clara una regla innegociable: el bienestar de su compañera de cuatro patas estaba por encima de cualquier resultado.

El deporte ha sido el gran hilo conductor en la vida de Susana. Desde muy pequeña, su padre inculcó a ella y a sus hermanos la pasión por la montaña, la bicicleta y los patines. Esa vocación temprana la llevó a estudiar INEF y a dedicar su vida profesional a la docencia como profesora de Educación Física. Aunque asegura con humildad que le gusta probar muchos deportes sin considerarse experta en ninguno, hubo una disciplina que terminó marcando su vida.

El canicross apareció cuando cumplió cuarenta años, coincidiendo con la llegada de Ras a su hogar. Al descubrir que era una perra especialmente activa, comenzó a buscar una actividad que ambas pudieran compartir. Como Susana ya corría medias maratones con regularidad, investigó por internet y descubrió este deporte, que por entonces apenas comenzaba a desarrollarse en España.

Sin dudarlo, contactó con uno de los primeros clubes de Madrid y acudió a Villalba para su primera toma de contacto. Desde el principio entendió la esencia de esta disciplina: "El canicross es una carrera que se hace con dos miembros: uno humano y otro canino, pero los dos son igual de importantes", confiesa para HA10.

La conexión entre Susana y Ras fue inmediata. En su primera carrera, correspondiente a una liga en Guadalajara, lograron subirse al podio. Para Susana fue una experiencia especial, ya que nunca antes había conseguido uno. Reconoce que siempre ha sido corredora de fondo y que jamás habría alcanzado esas velocidades sin la ayuda de Ras.

A partir de ese momento, la progresión de ambas fue meteórica. Se proclamaron campeonas de España en tres ocasiones, compitieron sobre nieve en Baqueira e incluso recibieron ofertas para participar en campeonatos de Europa y del Mundo en los Alpes.

Para Susana, el canicross siempre se rigió por una norma básica: el perro debía ir por delante del corredor y bajo ningún concepto podía ser arrastrado. La gestión de cada carrera dependía por completo del estado físico y anímico de Ras.

En una competición en Santander, mientras la perra se recuperaba de una pequeña intervención, completaron todo el recorrido andando y disfrutando de los aplausos del público. Para Susana, aquello fue una demostración clara de su filosofía: nunca se enfadaría con Ras por no querer correr.

La comunicación entre ambas era prácticamente silenciosa. “no utilizaba gritos ni órdenes ruidosas, sino que bastaba con dar un sutil toque en la línea de tiro para que Ras supiera perfectamente si debía echarse hacia la izquierda o hacia la derecha”.

Pese a los momentos inolvidables —como escuchar su nombre por la megafonía en Galicia tras ganar su primer Campeonato de España—, la creciente masificación del deporte terminó alejándola de la competición.

Susana empezó a notar un cambio en el ambiente y sintió que el afán por ganar estaba desvirtuando la esencia del canicross. “veía a personas que cambiaban de perro en cada carrera solo por competir o a dueños gritando e insultando a los animales en la pista”.

A este desencanto se sumó que Ras comenzó a sufrir ataques epilépticos. Fue entonces cuando Susana decidió abandonar definitivamente la competición para evitarle el estrés de las salidas y trasladar su pasión compartida a la montaña, donde Ras podía correr suelta y a su propio ritmo.

De aquellos intensos años de competición quedan los trofeos y una anécdota que recuerda con cariño: los sacos de quince kilos de pienso que ganaban en cada podio y que Susana repartía entre los perros de sus hermanos Rubén, Raúl y David.

Al mirar atrás, Susana Ruiz deja una reflexión para quienes quieran iniciarse en este mundo: “no pensar en uno mismo como corredor, sino investigar primero si al perro realmente le gusta correr, ya que no a todas las razas les agrada, y afrontarlo siempre como una actividad de disfrute mutuo junto a un compañero peludo”.

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Cristina Nuero, una vida de superación dentro y fuera del tatami

Nerea Mateos  / 18-06-2026

 
 

El karate forma parte de la vida de Cristina Nuero desde que tenía seis años. Lo que comenzó como una actividad a la que la apuntaron sus padres para que hiciera deporte terminó convirtiéndose en una trayectoria marcada por la constancia, el sacrificio y la capacidad de reinventarse. Hoy es una de las referentes nacionales del parakarate y cuenta con un destacado palmarés en competiciones nacionales.

“Fue gracias a que mis padres me apuntaron a esta actividad con seis años ya que querían que hiciera deporte”, recuerda. Aunque no conserva en la memoria su primera competición, sí guarda una anécdota junto a su hermana gemela, que también practica karate: “Nos confundían a la hora de salir a hacer el kata”.

Cristina compite en parakarate, una disciplina adaptada para deportistas con diversidad funcional. Dentro de ella participa en kata, modalidad en la que los competidores ejecutan secuencias técnicas que son valoradas por jueces.

Su carrera deportiva dio un giro cuando comenzó a competir en parakarate, a raíz de la discapacidad física derivada del tumor cerebral que sufrió con ocho años. Tras varias operaciones y un largo proceso de recuperación, regresó a los tatamis, aunque las secuelas afectaron a su rendimiento. “No podía bajar las posiciones, no tenía fuerza en las piernas y me desequilibraba bastante. Siempre perdía a la primera y quería dejar de competir”, explica a HA10. Fue entonces cuando su entrenador la orientó hacia el parakarate, una decisión que marcaría su futuro deportivo.

Aquella experiencia cambió también su manera de entender el esfuerzo diario. “Con ocho años superé un tumor cerebral. Por eso para mí la palabra superación significa mucho. Siempre intento superarme para ser mejor”, afirma.

Desde entonces, Cristina ha cosechado importantes resultados con el Club Karate Torrejón de Ardoz Tomás Herrero. Entre ellos destaca el oro conseguido en el Campeonato de España de 2024, el mayor logro de su carrera hasta el momento. “La medalla de oro del Campeonato de España 2024 significa mucho para mí”, asegura. Sobre aquel momento recuerda sentir “mucha alegría y superación”, como recompensa a años de trabajo.

Sin embargo, detrás de cada medalla hay sacrificio. Actualmente compagina los entrenamientos con su trabajo y reconoce que la exigencia física pasa factura. “Tengo las rodillas un poco destrozadas por las competiciones”, comenta. Aun así, continúa entrenando y compitiendo porque el karate representa mucho más que un deporte en su vida. “Es parte de mi vida. También me enseña valores como el respeto a los demás”.

Además de sus éxitos deportivos, Nuero reivindica una mayor visibilidad para los deportistas con diversidad funcional. Considera que todavía queda camino por recorrer, especialmente en su categoría, la K40 de discapacidad física, que aún no cuenta con reconocimiento internacional. “Me gustaría poder ir a una competición internacional, pero primero tienen que abrir mi categoría”, explica.

Pese a ello, valora positivamente la evolución del parakarate en los últimos años. “Cada vez hay más visibilidad y más competidores”, señala. También destaca el esfuerzo que realizan los deportistas con diversidad funcional: “Nos esforzamos igual o incluso más que una persona que no tiene diversidad funcional y a la vez disfrutamos de ello”.

Cuando habla de las personas que han marcado su carrera, tiene claro quiénes han sido fundamentales: “Mis padres, mi hermana y mi sensei”. También agradece el apoyo de su club y de sus compañeros. “Gracias al club estoy logrando todos los retos que se me ponen por delante”.

Fuera del tatami se define como una persona “divertida, simpática y trabajadora”. Le gustan los animales, leer, ir a conciertos y pasar tiempo con sus amigos. Mirando al futuro, mantiene un sueño pendiente: competir a nivel internacional. Mientras tanto, sigue trabajando con la misma filosofía que ha guiado toda su trayectoria.

Si tuviera que resumir su carrera en tres palabras, lo tiene claro: “esfuerzo, constancia y compañerismo”. Tres conceptos que reflejan la historia de una deportista que ha sabido convertir las dificultades en motivación para seguir creciendo.

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Antonio Escribano: De las pistas del colegio a las puertas de la Selección española de Fútbol Sala

Alberto Martín  / 17-06-2026

 
 

La historia de muchos futbolistas de sala se escribe sobre el parqué de los grandes pabellones, pero la de Antonio “Tony” Escribano comenzó sobre el cemento y las líneas desgastadas del patio del colegio. Fue allí, entre el bullicio del recreo y los primeros partidos escolares, donde nació su pasión por el balón, una relación que acabaría marcando su vida.

Sin embargo, su camino hacia la élite no fue lineal. Tras sus primeros pasos en el fútbol sala escolar, el fútbol once llamó a su puerta. Durante su etapa de alevín de segundo año y su primer año de cadete, cambió la pista por el césped y llegó a vestir la camiseta del Getafe C.F. Aun así, el vínculo con el fútbol sala terminó imponiéndose. Su regreso definitivo a la pista se produjo en el F.S. Móstoles, el club donde se formó y disfrutó durante prácticamente toda su trayectoria en categorías inferiores.

Crecer en la cantera de un club histórico como el mostoleño significaba tener al primer equipo muy cerca. Mientras muchos jóvenes buscaban referentes en las grandes estrellas televisivas, Escribano prefería fijarse en quienes defendían cada fin de semana el mismo escudo que él vestía. “Al jugar en el Móstoles, la gente en la que más me fijaba eran los que jugaban en el Móstoles”, rememora el jugador para HA10. Entre todos ellos, hubo un nombre clave en su formación: “El ejemplo más cercano para mí fue Pablo del Moral”. Ver a un jugador de la casa consolidarse en la máxima categoría le permitió entender el camino que quería recorrer.

Con el paso de los años, la exigencia de la competición profesional ha moldeado su juego y su mentalidad. La diferencia entre el joven que debutó y el jugador actual se refleja en su madurez y conocimiento personal. “Veo un Tony con más experiencia, que se conoce más a sí mismo y que sabe y tiene más claro los aspectos que debe mejorar”, explica.

Esa madurez colectiva ha sido clave en una temporada que superó todas las expectativas. Al inicio del curso, siendo realistas con el potencial de la plantilla, el objetivo del vestuario era claro: asegurar la permanencia. Sin embargo, el rendimiento del grupo cambió por completo el panorama. “El objetivo era mantener la categoría, pero lo hemos conseguido con creces con un equipo muy sólido y unido”, afirma con orgullo. Lo que comenzó como una lucha por la salvación terminó convirtiéndose en una campaña histórica, con la clasificación para la Copa de España y para los exigentes play-offs por el título.

Pese a haberse consolidado como un nombre respetado en el panorama nacional, el hambre competitiva de Antonio Escribano sigue intacta. Con ambición y los pies en el suelo, el jugador tiene claro cuál es su gran meta pendiente. “Mi sueño sería jugar una competición oficial con la selección española, o incluso llegar a alguna convocatoria, que es algo muy difícil”, confiesa. El objetivo de un jugador que, a base de trabajo, solidez y constancia, quiere seguir creciendo en la élite del fútbol sala nacional.

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Leonardo Fioravanti gana el Surf City El Salvador Pro y firma su primera victoria en el CT

Héctor Alonso / 15-06-2026

 
 

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De los karts a los rallys: el camino de Luzmi Santana hacia la élite

Nayra de Ganzo / 14-06-2026

 
 

Hay trayectorias que no empiezan por casualidad, sino por una convicción que aparece muy pronto. En el caso de Luzmi Santana, su relación con el motor comenzó con apenas cinco años, cuando convenció a sus padres para apuntarse a una escuela de karting. “Desde pequeña, siempre lo tuve muy claro”, recuerda. Aquel primer contacto no fue algo pasajero, sino el inicio de un camino que marcaría su vida.

La conexión con la velocidad fue inmediata. “Quedé enamorada de la adrenalina que sentía cuando acariciaba el acelerador”. A los ocho años ya competía y, durante una década, hizo del circuito su rutina. Allí no solo aprendió a pilotar, sino también a convivir con la disciplina y la exigencia constante. “Nada es por casualidad… solo hay un camino, el esfuerzo”, afirma.

Su salto a los rallys llegó después de años respirando ese ambiente. Sus mecánicos competían en esta disciplina, y ella los acompañaba mientras soñaba con seguir sus pasos. “Me daba mariposas en el estómago escuchar el rugido de los motores”, explica. A los dieciséis años, ese sueño comenzó a tomar forma al iniciarse en los rallys de tierra, un paso decisivo en su carrera.

Frente a otras categorías más mediáticas, encontró en los rallys un desafío especial. “Los rallys me han cautivado siempre”, asegura. Competir en tramos cronometrados y adaptarse a superficies cambiantes, como la tierra o la lluvia, es parte de su atractivo. “El nivel de concentración y finura es muy exigente”.

Criada en Canarias, reconoce la influencia de su entorno. “Canarias es tierra de rallyes, la gente lo vive”, explica. Ese respaldo ha sido clave en los momentos difíciles, especialmente el de su familia. “Son mis pilares… me siento muy orgullosa de los padres que tengo”.

Pese a haberse proclamado campeona de karting en las islas y a su progresión en el automovilismo, mantiene la mirada puesta en el futuro. “No me suelo fijar mucho en lo que hice ayer”, admite. Para ella, cada logro es solo un paso más.

Su carrera también ha implicado sacrificios personales. “Decirle a tu mejor amiga que no puedes acompañarla a su cumpleaños, no es fácil”. Mientras otros niños disfrutaban de planes habituales, ella pasaba fines de semana enteros en el circuito. “Decidí pasarme largos fines de semana en el circuito durante diez años”.

A ello se suma la dificultad de compaginar la competición con sus estudios de ingeniería mecánica. “No voy a decir que es fácil, porque no lo es”, explica. Aun así, encuentra equilibrio en su motivación y en pequeños espacios de desconexión, como la música: “Me ayuda a resetear, es un espacio de paz”.

Esa mentalidad también define su forma de afrontar el futuro. “No tengo plan B. Me marco un objetivo y lucho por ello”, afirma para HA10.

Uno de los grandes retos de su disciplina sigue siendo la visibilidad. Aunque el automovilismo en circuito tiene mayor repercusión, defiende el valor de los rallys. “Un buen seguimiento de un rally es más espectacular que ningún otro deporte”. Para ella, el problema no es el nivel competitivo, sino la exposición mediática.

Sobre el papel de la mujer en este deporte, lo tiene claro: “Cuando te pones el casco, eres una más”. Una visión que defiende la igualdad desde el rendimiento, sin perder de vista la necesidad de seguir generando oportunidades en un entorno históricamente masculino.

Mirando al futuro, mantiene los pies en la tierra. Sabe que el automovilismo depende en gran parte de los recursos económicos, pero eso no le impide seguir marcándose metas. “Mi objetivo es subir el siguiente peldaño y correr con un Rally5”, explica. Aunque reconoce las dificultades, no renuncia a sus aspiraciones. “Si algún día se da la oportunidad, volveremos a intentarlo. Por ganas, nunca dejaré de soñar”.

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Iris Tió, del oro mundial al sueño olímpico en Los Ángeles 2028

María Garlo / 13-06-2026

 
 

Iris Tió se ha convertido en una de las grandes referentes de la natación artística española. La catalana logró un hito histórico al proclamarse campeona del mundo en solo libre en el Mundial de Singapur 2025, convirtiéndose en la primera española en conseguirlo. A este éxito se suma el bronce olímpico por equipos en los Juegos de París 2024 y una trayectoria marcada por su versatilidad, compitiendo en prácticamente todas las modalidades de este deporte.

Su relación con la natación artística comenzó cuando tenía apenas cinco años. “Lo que más me atrajo de este deporte fue que combinaba la música, la danza y estar dentro del agua”, recuerda Iris, quien asegura sentirse “muy cómoda” en la piscina desde pequeña. Aunque empezó practicándolo por diversión, durante la adolescencia entendió que podía dedicarse profesionalmente a ello: “A los quince años, cuando entré en el centro de alto rendimiento de San Cugat y empecé a entrenar con la selección española, pensé que me podía dedicar a esto”.

A diferencia de muchos deportistas especializados en una sola disciplina, Tió ha competido en todas las modalidades posibles. “La verdad que me siento identificada con todas, o sea, no hay ninguna que me guste más que otra, sino que realmente creo que, o sea, estoy súper orgullosa de nadarlas todas”, explica. Esta capacidad de adaptación le ha permitido evolucionar constantemente como atleta: “Creo que me ha ayudado a adaptarme a situaciones diferentes, a no siempre hacer lo mismo y a crecer mucho como deportista”.

Uno de los momentos más importantes de su carrera llegó en el Mundial de Singapur 2025, donde conquistó el oro en solo libre. “Fue un sueño hecho realidad”, afirma para HA10. La medalla representó la culminación de un objetivo que llevaba persiguiendo desde niña: “Con once años pensé que algún día quería ser campeona del mundo y ganar a Rusia y a China y lo he conseguido”.

Hymne à l’Amour fue la rutina que emocionó al público y nació el mismo día en que Iris escuchó la canción durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de París. “Me transmite felicidad y amor por el deporte”, explica la nadadora, que asegura que esta música conecta plenamente con ella dentro del agua.

Pese a competir en pruebas individuales, Tió destaca constantemente el valor del colectivo: “El equipo es lo más importante en mi deporte”. Esa unión ha sido clave tanto dentro como fuera de la competición y resultó fundamental para conquistar el bronce olímpico por equipos en París 2024. “Estábamos todas muy orgullosas porque nos habíamos dejado la piel para conseguirlo”, recuerda.

Los ciclos olímpicos, aunque representan la cima competitiva, también han sido los momentos más exigentes de su carrera. Tanto Tokio como París supusieron un enorme desgaste físico y mental. “Aprendí la importancia de descansar, desconectar y cuidar la preparación psicológica”, señala. Para gestionar la presión de las grandes competiciones, recurre a la visualización de las rutinas, mantiene una comunicación constante con sus entrenadoras y confía en el trabajo realizado durante los entrenamientos, convencida de que “no hay cosa peor que llegar a la competición y notar que no lo tienes controlado”.

Más allá del deporte, la catalana intenta compaginar la alta competición con sus estudios de comunicación y su vida personal. “Pues es complicado a veces cuando estoy muy cansada porque sí que es verdad que toda mi energía y toda mi atención va para el deporte para la natación artística y me queda muy poca luego energía para para mí para mi vida personal pero sí que lo intento, o sea una vez salgo de la piscina intento desconectar, estar con mi familia mi pareja, mis amigos y en la medida de lo posible”, explica.

Con la vista puesta en el futuro, tiene claros sus objetivos. A corto plazo, busca seguir innovando dentro de la natación artística y aportar nuevas ideas al deporte: “El equipo técnico va a ser muy diferente, creo que nadie se lo espera, pero vamos a hacer como un cambio y a nivel de estrategia”. A largo plazo, mantiene intacto su gran sueño: “Ojalá una medalla de oro olímpica en Los Ángeles”.

Para las niñas que sueñan con llegar donde ella está hoy, Iris tiene un consejo claro: “Que se lo pasen muy bien y disfruten y se unan a un equipo que las apoye, porque eso es lo más bonito”. Y si tuviera que definir la natación artística en cuatro palabras, no duda: “Energía, movimientos artísticos, alegría y pasión”.

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28 ediciones transformando pasión en profesión: Curso Superior de Periodismo en Eventos Deportivos

Silvia Romera / 12-06-2026

 
 

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¿Quién manda en el Sevilla? El caos que amenaza al club

Manuel Ferrer Silva / 11-06-2026

 
 

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Julia Benach: “Si no fuera por mi hermana, seguramente no escalaría”

David Revilla / 08-06-2026

 
 

Julia Benach tiene solo dieciocho años, pero ya es una realidad de la escalada deportiva española. Empezó desde muy pequeña siguiendo los pasos de su hermana: “Mi hermana ha influido en el cien por cien en mi carrera porque, si no fuera por ella, seguramente no escalaría ahora mismo, ya que en casa nadie practica la escalada y no hubiera llegado donde estoy ahora. Es mi referente”.

Julia fue campeona de la Copa de España en 2025 tanto en dificultad como en bloque, un hito que nadie había conseguido hasta entonces. “No fui consciente de que había sido la primera en ganar las dos copas el mismo año hasta que lo vi publicado en una revista y me hico mucha ilusión”, cuenta para HA10. Dos disciplinas que domina aunque, si tuviera que quedarse con una, elegiría la dificultad: “la dificultad, aunque disfruto muchísimo haciendo bloque”.

También logró el bronce en la clasificación general de la Copa de Europa. “muy contenta de conseguir ese bronce en la general ya que no puede asistir a todas las pruebas porque me coincidieron con otras competiciones”.

Este año dará el salto a las competiciones de categoría absoluta, aunque sin dejar de lado las juveniles: “este año estaré más centrada en absoluta que en juvenil, aunque participaré en alguna competición juvenil”.

El entrenador de Julia Benach es David Maciá, exseleccionador nacional y entrenador de Alberto Ginés, campeón olímpico de escalada deportiva. “Con David he aprendido a esforzarme al máximo, que de cada competición se aprende, aunque no se consiga el resultado esperado, a no rendirme”.

Julia ya mira a 2028 y a los Juegos Olímpicos. “Cualquier deportista sueña con poder llegar a unos juegos, es mi sueño”. Aunque repetir el oro de Alberto Ginés se presenta como un reto mayúsculo: “llegar hasta donde ha llegado él es muy difícil y duro, pero por falta de ganas no será”.

Llegar a ser profesional en un deporte como la escalada requiere “mucho trabajo, compaginando los entrenamientos con los estudios, aunque desde que estoy en el CAR de Sant Cugat la logística es más fácil.Sacrificar muchas veces tu vida social,pero es un sacrificio que siempre he hecho con ganas ya que para mí poder practicar y disfrutar de la escalada lo es todo”.

Además, otro de los obstáculos a los que se enfrenta es reunir “recursos económicos, si quieres prepararte bien para las competiciones muchas veces es necesario poder salir a otros países para entrenar, y si no dispones de esos recursos es muy difícil”.

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Iker Martín, el placentino que ya rueda en el ciclismo Sub-23

Alejandro Hernández Blázquez / 07-06-2026

 
 

El deporte siempre ha formado parte de la vida de Iker. En conversación con HA10, el ciclista extremeño repasó sus inicios, la influencia de su familia y sus objetivos de futuro dentro de la categoría Sub-23. Durante su infancia compaginó dos de sus grandes pasiones: el fútbol y el ciclismo. Sin embargo, llegó un momento en el que tuvo que elegir entre ambos caminos y la bicicleta terminó imponiéndose a las botas.

La decisión no fue casual. Compatibilizar ambas disciplinas comenzaba a pasar factura y el ciclismo, muy presente desde pequeño en su entorno familiar, acabó marcando la diferencia. “El fútbol es muy lesivo y luego no me sentía bien en la bici después de jugar”, explica. Además, reconoce el papel fundamental de su familia en aquella elección: “mis padres me ayudaron a dar el paso de continuar con el ciclismo porque es el deporte que mis padres me han inculcado desde pequeño”.

Su pasión por este deporte nació gracias a su padre, Rubén Martín, exciclista profesional. “Mi padre siempre ha sido y será mi referente y mi mayor apoyo en el ciclismo”, reconoce. Más allá de los entrenamientos y la preparación para las carreras, valora especialmente la experiencia de compartir el día a día con alguien que conoce la élite desde dentro. “Me da muchos consejos y no se suele equivocar”.

Los primeros éxitos llegaron pronto. Iker se proclamó campeón de Extremadura en categoría cadete, un recuerdo que todavía conserva con especial cariño. “Fue muy bonito porque siempre es especial llevar los colores de Extremadura”, afirma. Más adelante repetiría el logro en categoría junior, en una etapa donde la exigencia competitiva ya comenzaba a aumentar.

Para él, contar con un entorno sólido resultó determinante. “Cuando tienes un equipo que te apoya hace que todo sea mucho más fácil”, señala al recordar aquellos años. En el ElectroMercantil-GR100 no solo encontró crecimiento deportivo, sino también amistades que mantiene en la actualidad. “Las amistades, mis compañeros de aquella generación son ahora mis mejores amigos”.

El salto a la categoría Sub-23 supuso un escenario completamente diferente. Más nivel, plantillas más amplias y una competencia mucho más exigente. “Somos más ciclistas por equipo y es difícil ganarse el puesto”, resume sobre una transición que muchos corredores consideran uno de los momentos más complejos de la formación deportiva.

Buscando un nuevo contexto apareció la oportunidad de incorporarse al Pelotón Tenerife. El cambio respondió tanto a razones deportivas como personales. “No me sentía bien en el equipo en el que estaba y aquí me dieron una nueva oportunidad”, explica. Una experiencia que, asegura, está siendo muy positiva y en la que destaca el trato recibido desde su llegada.

Durante este proceso también ha tenido la oportunidad de compartir entrenamientos con ciclistas profesionales de primer nivel. Más que la velocidad o el talento, lo que más le sorprendió fue la exigencia diaria. “El ritmo al que entrenan. Ellos son profesionales y viven de esto, por lo que tienen un nivel altísimo”.

Sobre sus características como corredor, Iker tiene claras sus fortalezas. Se considera un ciclista favorecido por las subidas, aunque también disfruta rodando en terrenos llanos. Además, destaca la importancia del trabajo colectivo en estas categorías. “No tengo problema en dar el máximo por un compañero y ayudarle a ganar, se siente como una victoria propia”.

Compaginar entrenamientos y estudios tampoco resulta sencillo. Él mismo lo admite con sinceridad y humor: “La verdad que no me organizo bien, pero siempre se saca un hueco para intentar aprobar”.

Entre todas las carreras disputadas hasta ahora, guarda un recuerdo especial del Campeonato de España junior celebrado en Murcia. No fue una victoria, pero sí una experiencia que permanece muy presente en su memoria. “Estuve en la fuga del día y disfruté muchísimo viéndome delante en un campeonato de España”.

Con la vista puesta en el futuro, sus objetivos están claros. Como muchos ciclistas españoles, sueña con conquistar el Campeonato de España, aunque existe una prueba con un significado especial para él. “Me haría ilusión ganar la Vuelta a Extremadura por lo que supone”.

Mientras continúa creciendo en la categoría Sub-23, mantiene referentes como Remco Evenepoel, al que admira “por su forma de correr y lo bueno que es en todos los terrenos”. Fuera de la bicicleta también encuentra tiempo para desconectar practicando otros deportes, como el pádel o el tenis. Y si tuviera que dejar un consejo a quienes empiezan, lo tiene claro: “Que disfruten de la bici, es lo más importante”.

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No se vota un presidente. Se vota el futuro del Real Madrid

Silvia Mato  / 06-06-2026

 
 

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David Ruiz: "El kickboxing me ha dado más de lo que me ha quitado"

Alex Daniel Ruiz Agüero  / 01-06-2026

 
 

Detrás de los deportes de contacto hay una filosofía basada en el respeto, la disciplina y el autocontrol. David Ruiz Arganda conoce bien esos valores. Tras casi veinte años compitiendo en la Federación Española de Kickboxing, con cinco campeonatos de España entre full contact y kickboxing, además de tres campeonatos de Europa y dos Mundiales, repasa una trayectoria marcada por el esfuerzo y la constancia.

Su historia comenzó a los dieciocho años. Movido por la curiosidad, llegó al gimnasio Búho, un centro de referencia donde descubrió el full contact, una modalidad que combina técnicas de boxeo y patadas. Frente a los prejuicios que suelen asociar estos deportes con la violencia, David recuerda con orgullo las enseñanzas de la vieja escuela.

"Mi maestro siempre decía: 'Para pegarse, a la calle; aquí se viene a entrenar'. El kickboxing es un deporte federado, súper completo, donde desarrollas la fuerza, la coordinación y la cabeza. Y tiene un plus, aprender a gestionar el miedo primitivo a que te hagan daño".

La competición de alto nivel exigía entrenamientos de entre tres y cuatro horas diarias. Una dedicación que pronto le enseñó la importancia de gestionar el esfuerzo. Su primera pelea de promoción fue contra un subcampeón de España, una experiencia que todavía recuerda con claridad. "Salí como un toro y lo tiré tres veces en el primer asalto. Pero no dosifiqué. En el segundo asalto no podía ni con los guantes, me remontaron y al terminar me tuvieron que tumbar con los pies para arriba y darme glucosa. De los errores se aprende", confiesa para HA10.

Sus éxitos nacionales le abrieron las puertas de la Selección Española. Con ella compitió en campeonatos internacionales celebrados en países como Italia, Rumanía y Grecia, enfrentándose a algunas de las principales potencias de este deporte. "Para mí era un orgullo tremendo. En mi época nos preparábamos a solas con el entrenador, hoy los equipos tienen hasta psicólogos. No gané medallas internacionales, pero me medí con los mejores y me sirvió para la vida".

Casi dos décadas en la competición también tuvieron consecuencias físicas. Tras retirarse tuvo que pasar por quirófano para operarse el tobillo, con los ligamentos rotos, además de la rodilla y la nariz. Aun así, su valoración de aquellos años sigue siendo positiva. "Me ha dado microlesiones, pero me ha aportado mucha más felicidad, valores y una segunda familia".

Entre los momentos más duros de su carrera recuerda un KO sufrido ante un rival noruego durante su último Mundial, cuando tenía treinta y siete años. "Ves los pajaritos y te vas a dormir, duele más un golpe al hígado".

También explica que, durante el combate, la adrenalina reduce la percepción del dolor y que las molestias aparecen con intensidad en los días posteriores. Tras colgar los guantes, permaneció vinculado al kickboxing durante quince años como árbitro. "Es un juego muy difícil donde nunca tienes razón para todos".

Entre los numerosos viajes que realizó gracias al deporte conserva recuerdos más ligeros, como una anécdota ocurrida en Cerdeña. Después de una pelea se sonó la nariz con fuerza, un error que provocó que una hemorragia interna se desplazara hacia la zona de los ojos, dejándole el rostro inflamado durante varios días.

Sin embargo, el recuerdo más especial de toda su carrera no está relacionado con un título ni con una victoria. Lo vivió en Portugal, al ver a su padre entre el público. “Mi padre se ponía súper nervioso y no entendía bien el ritmo del combate, pero tenerlo allí viéndome es el recuerdo más hermoso de mi vida; se me saltan las lágrimas al recordarlo".

Actualmente, establecido en Rota, sigue defendiendo los valores que aprendió durante su trayectoria deportiva y lanza un mensaje para quienes se inician en este deporte. "En el gimnasio el ego se deja fuera. Se va a aprender, a trazar una estrategia y a disfrutar. Un KO no se busca con manos fuertes para matar; llega solo tras una combinación rápida. Hay que tomárselo estrictamente como un deporte y disfrutarlo, porque solo te dará cosas buenas".

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