España roza la gloria, pero Estados Unidos vuelve a frustrar el sueño del oro en la Copa del Mundo

Silvia Mato / 28-07-2026

 
 

España arrancó el partido sin complejos y generó las primeras ocasiones de peligro, aunque la falta de efectividad en las jugadas de superioridad acabó marcando diferencias desde el principio. Estados Unidos, mucho más preciso en esas acciones, aprovechó sus tres primeras oportunidades con una jugadora más para abrir brecha en el marcador.

Aun así, las españolas respondieron en varias ocasiones gracias al talento ofensivo de Ari Ruiz, Paula Camus y Carlota Peñalver, logrando mantenerse siempre a una distancia mínima y cerrando el primer cuarto con un ajustado 4-3.

Emily Ausmus marca el ritmo de la final

La gran protagonista del encuentro fue Emily Ausmus. La atacante estadounidense firmó una actuación espectacular con seis goles y se convirtió en un problema constante para la defensa española, especialmente en los contraataques, donde castigó cada pérdida de balón.

España consiguió igualar el encuentro en varias fases del segundo y tercer periodo gracias a los tantos de Elena Ruiz, Ari Ruiz, Paula Camus y Alba Muñoz. Incluso logró empatar el duelo (8-8), alimentando las opciones de remontada.

Sin embargo, cuando mejor estaba jugando el conjunto español, Estados Unidos respondió con un contundente parcial de 3-0 que volvió a abrir diferencias y dejó muy cuesta arriba la pelea por el título.

La superioridad numérica, la gran asignatura pendiente

Uno de los aspectos que terminó decidiendo la final fue el aprovechamiento de las superioridades. Mientras Estados Unidos mostró una enorme eficacia en los momentos clave, España solo convirtió tres de sus diez oportunidades con una jugadora más, un porcentaje demasiado bajo para competir por el oro frente a un rival de ese nivel.

Además, Amanda Longan se mostró infranqueable bajo los palos con diez intervenciones decisivas, frustrando numerosos intentos del ataque español.

Sin reacción en el último cuarto

Con dos goles de desventaja al inicio del último periodo, España buscó la remontada, pero el ataque se bloqueó en el momento decisivo. Dos disparos de Martina Claveria se estrellaron contra el poste y las estadounidenses aprovecharon sus oportunidades para ampliar la ventaja con dos tantos de Jordan Raney que sentenciaron definitivamente la final (13-9).

La selección española luchó hasta el último instante, pero no encontró la fórmula para romper el muro defensivo norteamericano.

Un subcampeonato para seguir creciendo

Tras el encuentro, el seleccionador Jordi Valls destacó el compromiso mostrado por sus jugadoras durante todo el torneo, aunque reconoció que el equipo se quedó con la sensación de haber estado muy cerca del objetivo.

La capitana Paula Leitón también lamentó no haber podido conquistar el título, aunque puso en valor el esfuerzo colectivo y recordó que este grupo seguirá trabajando para afrontar con ambición los próximos retos internacionales.

Aunque el oro de la Superfinal continúa resistiéndose, España vuelve de Sídney con la mejor clasificación de su historia en esta competición y la certeza de seguir formando parte de la élite mundial del waterpolo femenino. El relevo generacional avanza con paso firme y la medalla de plata confirma que el equipo tiene argumentos para seguir aspirando a nuevos éxitos en las grandes citas internacionales.

Por su parte, Estados Unidos reafirma su dominio en la competición al conquistar su sexto título de la Superfinal, el quinto de manera consecutiva, consolidando una vez más su condición de referencia mundial en el waterpolo femenino.

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¿La Real se ha vuelto a equivocar? El Alavés pesca en Zubieta a Mikel Rodríguez

Silvia Romera / 27-07-2026

 
 

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Las palabras de Beñat Prados que abren el debate en el Athletic

Ana María Oprea / 26-07-2026

 
 

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La barbería de Málaga que se ha convertido en punto de encuentro de futbolistas de LaLiga

Rochi Nougues / 25-07-2026

 
 

Emiliano Sosa llegó a Málaga sin conocer a nadie y después de atravesar uno de los momentos más difíciles de su vida. Tras sufrir un violento robo en Argentina y ser víctima de una estafa nada más aterrizar en España, encontró en la Costa del Sol la oportunidad para empezar de nuevo. Hoy, su barbería se ha convertido en un lugar de referencia para futbolistas de LaLiga y de algunas de las principales competiciones europeas.

Málaga se ha convertido en mucho más que un destino turístico para numerosos futbolistas. La ciudad es también el lugar donde muchos de ellos confían su imagen a Emiliano Sosa, un barbero argentino que, gracias a la discreción y al boca a boca entre los propios jugadores, se ha ganado un hueco dentro del fútbol profesional.

Su historia comenzó lejos de la Costa del Sol. En Argentina había logrado construir su propia barbería hasta que un violento robo a mano armada cambió su vida. Aquella experiencia lo empujó, con apenas veinticinco años, a dejar su país y buscar una nueva oportunidad en España. Sin embargo, el comienzo tampoco fue sencillo. Apenas aterrizó fue víctima de una estafa que lo dejó prácticamente sin recursos y obligado a empezar otra vez desde cero. Lejos de rendirse, volvió a hacer lo único que conocía: trabajar.

Fue en Málaga donde encontró la oportunidad que cambiaría su destino. Sus primeros clientes relacionados con el fútbol llegaron gracias a jugadores del Málaga CF y, poco a poco, los cortes de pelo comenzaron a recomendarse dentro de los propios vestuarios. En un deporte donde la confianza es fundamental, el boca a boca hizo el resto y su nombre empezó a circular entre futbolistas de distintos equipos.

Ese crecimiento también ha ido acompañado de su presencia en HA10, desde donde ha seguido estrechando lazos con el fútbol profesional y reforzando su imagen dentro del sector. Mientras tanto, su barbería se ha consolidado como un lugar de confianza para jugadores que pasan por la ciudad o que buscan un servicio personalizado.

Con el paso del tiempo comenzó a trabajar con futbolistas que militan o han pasado por clubes como el Atlético de Madrid y el Real Betis, además de jugadores que compiten en algunas de las principales ligas europeas. Por su barbería han pasado nombres como Fabio Silva, Marc Pubill, Samu Castillejo, Aarón Anselmino, Manuel Lanzini y Thiago Almada, entre muchos otros profesionales que encuentran en Málaga un lugar de confianza para mantener una imagen impecable durante la temporada. En un entorno donde la exposición mediática es constante, la discreción y el trato personalizado se han convertido en dos de sus principales cartas de presentación.

Su trabajo también ha trascendido el deporte. Artistas como YSY A, Luck Ra, Papo MC y Skone forman parte de una cartera de clientes que sigue creciendo y que refleja el prestigio alcanzado por un profesional que comenzó de nuevo desde cero.

Hoy, mientras Málaga celebra el regreso del Málaga CF a Primera División, Emiliano Sosa también vive su propio momento de consolidación. El argentino que llegó buscando una segunda oportunidad ha convertido su barbería en un punto de referencia para futbolistas y artistas, demostrando que algunas de las mejores historias ligadas al deporte también se escriben lejos del césped. Desde Málaga, su trabajo ha cruzado fronteras hasta convertirse en un nombre de confianza dentro del fútbol español y europeo.

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El Celta Baloncesto vuelve a la élite un año después de su descenso

Silvia Mato / 24-07-2026

 
 

Hay clubes cuya historia pesa tanto que nunca dejan de mirar hacia arriba. El Celta Baloncesto ha demostrado que pertenece a ese grupo. Apenas una temporada después de perder la categoría, el conjunto vigués ha certificado su regreso a la máxima competición del baloncesto femenino español, culminando un curso extraordinario con el ascenso conquistado en la Final Four disputada en su propia casa.

Lejos de dejarse llevar por la decepción del descenso, el club reaccionó con rapidez. Mantuvo la confianza en un proyecto deportivo sólido y volvió a construir un equipo con un único objetivo: recuperar el lugar que históricamente le corresponde. La apuesta dio resultado.

Dirigidas por Cristina Cantero, las viguesas protagonizaron una de las mejores temporadas que se recuerdan en la Liga Femenina Challenge. Su regularidad durante la fase regular les permitió finalizar entre las primeras clasificadas y afrontar los playoffs como una de las grandes favoritas. Además, establecieron el récord histórico de victorias de la competición, una muestra de la superioridad exhibida durante gran parte del campeonato.

Tras superar los cuartos de final, Vigo fue elegida como sede de la Final Four por el ascenso. El factor cancha terminó siendo decisivo. En un pabellón de Navia repleto, el Celta venció con autoridad al Melilla Ciudad del Deporte en semifinales y se ganó el derecho a disputar la gran final. Allí esperaba Osés Construcción, otro de los equipos más competitivos de la temporada.

En el partido definitivo, las celestes ofrecieron una actuación muy seria para imponerse por 63-53 y certificar el regreso a la élite. El pitido final desató la emoción de una afición que había acompañado al equipo durante todo el año y que pudo celebrar un ascenso muy especial en casa.

El éxito del Celta va mucho más allá de un resultado deportivo. Representa la confirmación de un proyecto que supo levantarse tras un duro golpe y convertir la frustración del descenso en una motivación constante. La continuidad del cuerpo técnico, la experiencia de la plantilla y el apoyo de la afición fueron elementos decisivos para completar el objetivo en tan solo una temporada.

El regreso también supone una excelente noticia para el baloncesto gallego. Uno de los clubes con mayor tradición del panorama nacional volverá a competir entre los mejores, recuperando un escaparate que forma parte de su identidad y de su historia.

Ahora comienza un nuevo reto. La permanencia exigirá dar un paso adelante en todos los aspectos, pero el ascenso demuestra que el Celta ha recuperado el rumbo. Después de un año de aprendizaje, esfuerzo y reconstrucción, el histórico conjunto vigués vuelve a ocupar el lugar que tanto había perseguido.

Porque algunos equipos no solo consiguen ascender. También recuerdan que la historia siempre ofrece una segunda oportunidad a quienes nunca dejan de creer.

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La ilusión perica impulsa la campaña de abonados: el Espanyol roza los 29.000 y dispara su masa social

Silvia Mato / 23-07-2026

 
 

El RCD Espanyol sigue confirmando el buen momento que atraviesa también fuera del terreno de juego. La campaña de abonados para la temporada 2026/27 está dejando cifras muy positivas y refleja el entusiasmo con el que la afición blanquiazul afronta el nuevo proyecto del club.

A fecha de 20 de julio, la entidad ya ha alcanzado los 28.863 abonados, un registro que supone un importante crecimiento respecto al mismo periodo del año pasado. En julio de 2025, el Espanyol contaba con 22.891 abonados, por lo que el incremento es de 5.972 aficionados, una diferencia que evidencia el respaldo de la hinchada a esta nueva etapa.

Uno de los datos más destacados llega tras la apertura del periodo de nuevas altas para el público general. Desde el pasado 15 de julio, el club ha incorporado 1.528 nuevos abonados en apenas una semana, una cifra que demuestra el interés de muchos aficionados por asegurar su asiento en el RCDE Stadium de cara a la próxima temporada.

El crecimiento no se limita únicamente a los abonados. La masa social del Espanyol continúa ampliándose y ya alcanza los 33.218 socios, una cifra que supone 6.672 personas más que hace un año. Este aumento consolida la tendencia al alza que vive el club y confirma que el sentimiento perico sigue fortaleciéndose.

La excelente respuesta de la afición también empieza a notarse en las gradas del RCDE Stadium. Varias zonas presentan ya una ocupación muy elevada y algunos sectores, como el Córner Inferior de Tribuna Presidencial Norte, han agotado todas sus localidades disponibles. En otras áreas de Tribuna, Gol y Córner apenas quedan asientos libres, especialmente en las zonas de precio más económico, donde restan alrededor de 1.500 localidades para nuevos abonados.

Las previsiones invitan al optimismo. La pasada temporada el Espanyol cerró la campaña con 31.364 abonados y registró una media de 28.484 espectadores por partido, el mejor dato de asistencia desde la inauguración del RCDE Stadium. Con el ritmo actual, el club tiene opciones reales de superar esos registros y acercarse a la barrera de los 30.000 abonados antes del inicio de la competición.

Además, a partir del 22 de julio, el Espanyol pondrá a la venta las entradas para los encuentros frente a UD Levante, Real Madrid, Sevilla FC y Elche CF. Las localidades que no hayan sido ocupadas por abonados estarán disponibles para el público general, mientras el proceso de nuevas altas continuará utilizando los asientos que permanezcan libres.

La campaña "Rebels d'Arrel" está cumpliendo su objetivo de reforzar el vínculo entre el club y su afición. La respuesta del espanyolismo confirma que existe una renovada ilusión alrededor del equipo y que el proyecto deportivo e institucional está generando una conexión que se traduce en cifras récord para estas alturas del verano.

Con varias semanas todavía por delante antes del inicio del campeonato, el Espanyol afronta el tramo final de su campaña de abonados con la posibilidad de firmar uno de los mejores registros de su historia reciente y volver a convertir el RCDE Stadium en uno de los grandes puntos fuertes del equipo durante toda la temporada.

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Javier Bardem, el inesperado apoyo de La Roja: del Mundial de fútbol a una vida marcada por el rugby

Silvia Mato / 22-07-2026

 
 

La imagen de Javier Bardem en las gradas animando a la Selección Española se ha convertido en una de las estampas más llamativas del Mundial. El actor ha acompañado al equipo en varios de sus encuentros decisivos, mostrando su respaldo desde la grada. Si al principio llamó la atención por vestir ropa sin referencias a la selección, posteriormente zanjó cualquier debate luciendo la camiseta de España con el dorsal 26 de Borja Iglesias.

Su entusiasmo durante los partidos ha sorprendido a muchos, aunque el propio Bardem ha reconocido en varias ocasiones que no es un gran seguidor del fútbol. Para él, el apoyo a la selección trasciende lo puramente deportivo. Considera que el combinado nacional representa la diversidad del país y tiene la capacidad de reunir a personas de diferentes sensibilidades bajo unos mismos colores.

Sin embargo, si hay un deporte que realmente ha marcado la vida del intérprete es el rugby. Mucho antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas del cine español e internacional, Bardem dedicó buena parte de su juventud a este deporte. Comenzó a jugar con apenas nueve años y continuó hasta los 23, llegando incluso a formar parte de las categorías inferiores de la selección española.

El actor nunca ha ocultado la profunda admiración que siente por los valores que transmite el rugby. Más allá de la exigencia física y el intenso contacto que caracteriza a este deporte, siempre ha destacado aspectos como el respeto al rival, la importancia del trabajo colectivo y la autoridad del árbitro, principios que considera fundamentales tanto dentro como fuera del terreno de juego.

Durante su etapa como jugador compartió vestuario y numerosas experiencias con su hermano Carlos. Ambos se ganaron la fama de ser especialmente contundentes sobre el césped, hasta el punto de recibir el apodo de "los mendrugos", una referencia humorística a su dureza en el juego.

Bardem también ha recordado en diversas ocasiones lo complicado que era practicar rugby en España durante los años 80. En aquella época, este deporte apenas tenía visibilidad y contaba con un seguimiento muy reducido. Con el paso del tiempo, la situación ha cambiado y, aunque todavía está lejos de alcanzar la popularidad del fútbol, el baloncesto o el tenis, su crecimiento ha sido constante gracias al aumento de licencias, clubes y aficionados.

Su presencia junto a la Selección Española durante el Mundial demuestra que, aunque el balón oval siga siendo su verdadera pasión, Bardem no duda en apoyar a La Roja cuando la ocasión lo merece. Una forma de entender el deporte en la que el sentimiento de equipo y la unión están por encima de cualquier disciplina.

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Alonso Pérez, el joven lanzaroteño que apunta alto en la vela oceánica

Nayra de Ganzo / 21-07-2026

 
 

Algunos deportistas tardan años en encontrar el camino que les lleve hacia la élite. Otros, en cambio, parecen tener claro desde muy jóvenes cuál es su rumbo. Ese es el caso de Alonso Pérez, uno de los nombres propios de la vela lanzaroteña y una de las grandes irrupciones de la temporada en la exigente clase Mini 6.50.

Con apenas dieciocho años, el regatista ha logrado subirse al podio en todas las regatas disputadas este año, llegando incluso a liderar durante varias semanas el ranking de una categoría que reúne a cerca de ciento cuarenta embarcaciones. Un inicio brillante que confirma el enorme potencial de un navegante que sueña con cruzar el Atlántico en solitario.

Su relación con la vela comenzó casi por casualidad, durante un campamento de verano. Lo que parecía una actividad más terminó convirtiéndose en una pasión que marcaría su vida. “Empecé a navegar hace unos nueve años en un campamento de verano y desde ese verano no he parado de navegar en todos los barcos que me ofrecían”, recuerda.

Desde entonces, el mar ha formado parte de su rutina diaria. “No tengo un día exacto en el que decidiera dedicarme a esto. Simplemente me encanta este deporte e intento disfrutar del día a día”, explica.

A pesar de su juventud, Alonso ya ha pasado por diferentes modalidades de vela antes de dar el salto a la Mini 6.50, una de las categorías más duras y formativas de la vela oceánica internacional. Un paso que no fue improvisado, sino la consecuencia natural de todo lo aprendido durante años. “Las etapas anteriores han hecho la persona que soy hoy en día”, asegura.

Para él, la Mini 6.50 representaba la mejor puerta de entrada posible al mundo oceánico. “Era el siguiente paso que podía dar si quería entrar en la vela oceánica con buen pie y con mucha experiencia previa”.

La adaptación, no obstante, ha sido mucho más rápida de lo que incluso él mismo esperaba. En sus primeras regatas dentro de la categoría consiguió resultados que lo situaron entre los mejores desde el primer momento. “Me ha sorprendido incluso a mí”, reconoce para HA10.

Competitivo por naturaleza, afrontaba la temporada con objetivos mucho más modestos. “Para mí, tener el barco en el agua y completar regatas ya era una victoria”. Sin embargo, los podios comenzaron a llegar de forma constante y pronto se encontró liderando una de las clases más competitivas del panorama internacional.

Aunque actualmente ya no ocupa el primer puesto de la clasificación, haber estado en lo más alto siendo uno de los regatistas más jóvenes de toda la flota es algo que valora especialmente. “Significa bastante para mí”, afirma.

Más allá del resultado puntual, lo interpreta como una señal de que está avanzando en la dirección correcta. “Creo que demuestra que estoy por el camino adecuado y que en un futuro se pueden lograr cosas grandes”.

Su crecimiento esta temporada no se limita únicamente a la vela oceánica. También consiguió proclamarse campeón de la Lanzarote International Regatta en la clase Snipe, otro éxito que considera importante dentro de su formación. “Todas las clases tienen importancia en mi camino”, explica.

Cada experiencia suma en su evolución como navegante. “Cada hora que paso en el agua hace que crezca tanto como regatista como persona”.

Porque, si algo caracteriza a la Mini 6.50, es que obliga a los deportistas a enfrentarse constantemente a sí mismos. Navegar durante horas, gestionar la fatiga, tomar decisiones en solitario y soportar condiciones extremas supone un desafío físico y mental continuo. Una experiencia que le ha permitido conocerse mejor.

“He aprendido mucho sobre cómo funcionan mi cuerpo y mi mente”, señala. Y la principal lección ha sido descubrir que los límites están mucho más lejos de lo que imaginaba. “He aprendido que los límites de tu cuerpo están mucho más allá de lo que nos creemos”.

Todo este proyecto tiene un objetivo claro: la Mini Transat. La mítica travesía transatlántica en solitario es uno de los grandes sueños de cualquier navegante oceánico y también el gran reto que Alonso se ha marcado para los próximos años. “Representa sin duda el desafío más grande que me he propuesto”, reconoce.

Más allá de la competición, lo que más le atrae es todo lo que implica una aventura de ese calibre. “La experiencia y la incertidumbre de saber qué se sentirá al hacer algo tan grande”.

Antes de llegar a esa meta todavía quedan muchas millas por recorrer, pero él mantiene una filosofía basada en la paciencia y el trabajo diario. “Voy regata a regata, paso a paso”, explica.

Su principal objetivo esta temporada será disputar la Mini Atlántica, una exigente prueba que une Francia con las islas Azores y su regreso. Una competición que considera el mejor entrenamiento posible antes de afrontar el desafío transatlántico.

Mirando más allá, tampoco esconde cuáles son sus grandes aspiraciones dentro de la vela. Aunque prefiere no ponerse límites, sí tiene claro cuál sería el escenario ideal. “Mi gran sueño es poder vivir de la vela”, admite.

Y, si todo sigue avanzando como hasta ahora, le gustaría navegar algún día en algunas de las embarcaciones más prestigiosas del mundo oceánico, como los Figaro 3, los Class40 o incluso los imponentes IMOCA.

Porque, si algo demuestra la trayectoria de Alonso Pérez, es que la edad no siempre marca los tiempos del deporte. Con solo dieciocho años ya compite entre algunos de los mejores navegantes de la clase Mini 6.50, acumula podios de prestigio y ha comenzado a construir el camino hacia uno de los mayores desafíos de la vela mundial.

Y aunque la Mini Transat aún aparece en el horizonte, todo indica que Lanzarote ya tiene un nuevo talento dispuesto a conquistar el océano.

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Hay estrellas que no se cosen en una camiseta. Se quedan para siempre en el alma

Héctor Alonso / 20-07-2026

 
 

Esta estrella no empezó a bordarse en la camiseta cuando el balón cruzó la línea de gol. Empezó hace mucho tiempo, cuando España dejó de aceptar que el fútbol era una historia escrita siempre por otros. Cuando dejó de viajar a los Mundiales con la nostalgia de lo que pudo ser y empezó a hacerlo con la tranquilidad de quien sabe quién es.

Por eso esta estrella vale mucho más que una segunda.

Es la confirmación de una identidad.

Durante demasiado tiempo pareció instalarse la idea de que las finales solo se ganaban sufriendo, provocando, perdiendo tiempo, llevando cada acción al límite del reglamento. Como si el talento, por sí solo, nunca fuera suficiente. Como si para levantar la Copa del Mundo hubiera que ensuciar el partido antes que jugarlo.

Y durante muchos minutos de la final de Nueva York hubo escenas que parecían querer recordarlo. Interrupciones constantes, protestas, entradas al límite y un partido en el que España tuvo que marcar tres veces para que una acabara subiendo al marcador.

Ni siquiera el pitido final fue suficiente para apagar la tensión. Mientras España comenzaba a celebrar el sueño de todo un país, Leandro Paredes perdió los papeles y protagonizó un altercado que obligó a intervenir a varios jugadores e incluso a Lionel Scaloni. Después llegó otra imagen difícil de olvidar: mientras los campeones recibían sus medallas y levantaban la Copa al cielo, varios futbolistas argentinos dieron la espalda a la celebración española.

Hay derrotas que duelen.

Pero también hay derrotas que enseñan quién eres.

Porque aprender a ganar empieza, muchas veces, por saber perder.

Y quizá esa sea la mayor diferencia que dejó esta final.

Porque el fútbol, de vez en cuando, también tiene memoria.

Hay una distancia enorme entre competir con el alma y competir con rabia.

España nunca dejó de jugar.

Nunca dejó de buscar el balón.

Nunca dejó de creer que la mejor respuesta era seguir siendo fiel a aquello que la había llevado hasta la final.

Mientras unos intentaban romper el partido, otros seguían intentando construirlo.

Y esa es, probablemente, la gran enseñanza que deja esta noche.

No ganó únicamente un equipo.

Ganó una forma de entender el fútbol.

La paciencia frente a la ansiedad.

La serenidad frente al ruido.

La confianza frente al miedo.

No se trata de decir que una manera sea perfecta. Se trata de demostrar que el talento no necesita disfrazarse de violencia para imponerse. Que se puede competir con una intensidad feroz sin perder la dignidad. Que una entrada puede intimidar durante un segundo, pero una idea puede marcar a toda una generación.

España llevaba dieciséis años esperando volver a tocar el cielo. Y lo ha hecho sin renunciar jamás a su esencia. Con el balón como bandera. Con la personalidad como escudo. Con la convicción de que el camino también importa.

Quizá dentro de veinte años pocos recuerden quién marcó el gol que decidió aquella final.

Pero sí recordarán cómo jugaba esta selección.

Recordarán un equipo que parecía entenderse con una mirada.

Que disfrutaba teniendo el balón incluso cuando más quemaba.

Que nunca dejó de proponer.

Que convirtió el talento en una forma de competir y el respeto en una forma de ganar.

Millones de niños querrán parecerse a estos futbolistas. No solo por las copas que levantaron, sino por la manera en la que las conquistaron.

Porque las estrellas se bordarán en las camisetas.

Las fotografías acabarán amarilleando.

Las medallas dormirán algún día en una vitrina.

Pero hay algo que el tiempo nunca podrá desgastar.

La forma en la que un país volvió a mirarse al espejo y descubrió que no hace falta ensuciar el camino para llegar a la cima.

Porque las copas hacen historia.

Pero son los valores con los que las conquistas los que terminan convirtiendo esa historia en una leyenda.

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España, ¿y por qué no?

Héctor Alonso / 19-07-2026

 
 

Hubo un tiempo en el que España llegaba a los Mundiales con una maleta llena de esperanza y otra mucho más grande llena de excusas. Siempre había una explicación preparada para la derrota. El árbitro. El cuadro. La mala suerte. Los penaltis. El destino.

Nos acostumbramos a pensar que el Mundial era una fiesta a la que estábamos invitados, pero nunca llamados a apagar las luces.

Y entonces llegó una generación que cambió el verbo más importante del fútbol español.

Dejamos de decir "ojalá".

Empezamos a decir "¿por qué no?".

No fue solo Sudáfrica. Fue la forma de mirarnos. Descubrimos que el respeto no se pedía, se conquistaba. Que la camiseta no pesaba por el pasado, sino por el presente. Que los niños ya no crecían soñando con competir contra los mejores, sino con ser ellos.

Desde entonces han pasado años buenos y malos. Eliminaciones dolorosas. Días en los que parecía que aquel sueño había sido una excepción irrepetible. Incluso hubo momentos en los que volvimos a sentir ese viejo miedo de creer demasiado.

Pero el fútbol, cuando quiere ser justo, siempre encuentra la manera de devolver las cosas.

Y hoy España vuelve a jugar una final del mundo.

No porque la historia lo deba.

No porque el escudo gane partidos.

No porque alguien nos regale nada.

Sino porque un grupo de futbolistas ha conseguido algo mucho más difícil: que todo un país vuelva a sentir esa mezcla de nervios y tranquilidad que solo aparece cuando sabes que el rival puede ganarte... pero también sabes que tú puedes ganarle a cualquiera.

Al otro lado estará Argentina.

Un gigante. Un campeón. Un país que entiende el fútbol como una religión y que ha escrito algunas de las páginas más grandes de este deporte.

No hace falta despreciar su historia para valorar la nuestra.

Las finales importantes nunca necesitan villanos.

Solo dos equipos convencidos de que ese día puede ser suyo.

Quizá por eso esta final se siente diferente.

No es la ilusión ingenua de quien sueña con un milagro.

Es la serenidad de quien sabe que pertenece a este escenario.

España ya no pide permiso para sentarse en la mesa de los grandes.

Ya forma parte de ella.

Y, pase lo que pase esta noche, eso nadie podrá arrebatárselo.

Porque los Mundiales no solo se ganan levantando una copa.

También se ganan cambiando la forma en la que un país se mira al espejo.

Hace años viajábamos para ver hasta dónde llegábamos.

Hoy viajamos para intentar volver siendo campeones.

Y esa es, probablemente, la mayor victoria que ha conseguido esta generación antes incluso de que ruede el balón.

Porque dentro de unas horas habrá un campeón y un subcampeón.

Pero antes de que el árbitro señale el inicio ya existe una verdad que nadie puede discutir.

España ha vuelto a ese lugar donde solo llegan los que creen de verdad.

Ahora solo queda dar el último paso.

Porque las finales no las juega quien más las merece.

Las gana quien se atreve a pensar que puede hacerlo.

Y España, por primera vez en mucho tiempo, no solo puede.

España lo cree.

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El CN Rubí regresa a la élite: el conjunto vallesano vuelve a la División de Honor Femenina

Silvia Mato / 18-07-2026

 
 

El Club Natació Rubí volverá a competir entre los mejores equipos del waterpolo femenino español durante la temporada 2026-27. El conjunto catalán certificó su ascenso a la División de Honor Femenina tras superar una emocionante eliminatoria frente al CN Barcelona, culminando una temporada de enorme regularidad y recuperando una plaza en la máxima categoría nacional.

Un ascenso trabajado hasta el último segundo

El camino hacia la élite no fue sencillo. El CN Rubí llegaba al partido de vuelta con la ventaja obtenida en la ida, donde logró imponerse por 6-9 en la piscina de la Nova Escullera. Esa renta obligaba al CN Barcelona a remontar cuatro goles en Can Rosés para arrebatarle el ascenso.

En un encuentro cargado de tensión, el CN Barcelona consiguió vencer por 10-13, pero el empate global a 19 goles terminó favoreciendo al conjunto rubinense gracias al factor clasificación obtenido durante la fase previa de la competición, un premio a la brillante trayectoria realizada durante toda la temporada.

Una temporada de crecimiento constante

El ascenso es la recompensa al excelente trabajo desarrollado por el equipo dirigido por Noelia Mora, que supo mantener la regularidad durante toda la campaña y llegar al momento decisivo en su mejor versión.

La eliminatoria final fue una demostración del gran nivel competitivo de ambos equipos, aunque el CN Rubí supo administrar la ventaja conseguida en la ida para sellar un regreso muy esperado por la entidad y su afición.

El regreso de un histórico del waterpolo femenino

El Club Natació Rubí cuenta con una larga tradición dentro del waterpolo catalán y español. Durante los últimos años ha desarrollado un sólido proyecto de cantera que le ha permitido consolidarse como uno de los clubes con mayor proyección en la formación de jugadoras.

El regreso a la División de Honor supone un reconocimiento al trabajo realizado desde la base y devuelve al club a una competición en la que ya ha competido en anteriores etapas, afrontando ahora un nuevo desafío con la ilusión de consolidarse entre la élite.

Un final emocionante para una gran temporada

El desenlace de la eliminatoria fue una muestra del alto nivel de la Primera División Femenina. El CN Barcelona luchó hasta el último instante por dar la vuelta a la eliminatoria, pero el esfuerzo realizado por el CN Rubí durante toda la temporada terminó marcando la diferencia.

La emoción vivida en Can Rosés confirmó que el ascenso no fue fruto de un solo partido, sino del trabajo acumulado durante meses de competición, en los que el conjunto rubinense demostró ser uno de los equipos más sólidos de la categoría.

Un nuevo reto en la División de Honor

Con el ascenso ya asegurado, el objetivo del CN Rubí será preparar una plantilla competitiva para afrontar la exigencia de la División de Honor Femenina 2026-27.

El regreso a la máxima categoría representa una magnífica noticia para el club y para el waterpolo catalán, que recupera a otra entidad histórica en la élite. Tras una temporada memorable, el CN Rubí volverá a medirse con los mejores equipos del país con la ambición de consolidar su proyecto y seguir creciendo en el panorama nacional.

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El Sevilla FC explota: dos dimisiones en el Consejo y una pregunta que nadie quiere responder

Raúl Peraza  / 17-07-2026

 
 

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¿Genio o vendehumo? El discurso de Anselmi que ya divide al Elche

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Guido Rodríguez lanza un aviso al valencianismo: "Este año puede cambiarlo todo"

Guillermo Lanchas / 15-07-2026

 
 

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EL INFIERNO EMPIEZA AHORA: ¿Están Racing, Deportivo y Málaga preparados para sobrevivir en Primera?

Ana María Oprea  / 13-07-2026

 
 

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¿El Levante quiere competir... o solo sobrevivir?

Silvia Romera / 12-07-2026

 
 

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Logan Costa: del Villarreal al Mundial con Cabo Verde

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Mallorca Palma culmina su gran obra y regresa a la élite del baloncesto femenino

Silvia Mato / 10-07-2026

 
 

Hay ascensos que llegan por una eliminatoria y otros que son el resultado de una temporada perfecta. El del Mallorca Palma pertenece al segundo grupo. El conjunto balear selló su regreso a la máxima categoría del baloncesto femenino español tras proclamarse campeón de la Liga Femenina Challenge, firmando una campaña marcada por la regularidad, la solidez y una ambición que nunca encontró freno.

El equipo dirigido por Alberto Antuña fue el gran dominador de la competición desde las primeras jornadas. Jornada tras jornada demostró que su objetivo no era únicamente competir por el ascenso, sino conseguirlo por la vía más difícil: siendo el mejor equipo del campeonato. La recompensa llegó varias jornadas antes del desenlace de la temporada, cuando certificó matemáticamente el primer puesto de la clasificación y, con él, el billete directo a la máxima categoría.

Lejos de depender de un brillante tramo final o de unos playoffs, el Mallorca Palma construyó su éxito sobre una extraordinaria regularidad. Su capacidad para ganar tanto en casa como a domicilio, la consistencia defensiva y la profundidad de su plantilla le permitieron abrir una diferencia suficiente respecto a sus perseguidores hasta convertirse en un campeón incontestable.

Detrás del ascenso existe un proyecto que llevaba varias temporadas creciendo. El club apostó por la continuidad, por una estructura deportiva estable y por una plantilla capaz de competir cada fin de semana sin depender exclusivamente de las individualidades. Esa filosofía terminó convirtiéndose en la mayor fortaleza del equipo durante una competición especialmente exigente, en la que únicamente el campeón lograba el ascenso directo mientras el resto debía jugarse la segunda plaza en unos complicados playoffs.

El regreso a la élite supone además un enorme impulso para el baloncesto balear. Mallorca volverá a contar con representación en la máxima categoría femenina, un escaparate de primer nivel para el crecimiento del deporte en las islas y para seguir impulsando el trabajo de cantera que el club viene desarrollando desde hace años.

La celebración del ascenso fue el reflejo de todo un curso de esfuerzo colectivo. Jugadoras, cuerpo técnico, directiva y afición compartieron un éxito que trasciende lo deportivo y que confirma que los proyectos construidos con paciencia, estabilidad y convicción terminan encontrando su recompensa.

Ahora comienza un nuevo desafío. Competir entre los mejores exigirá reforzar la plantilla y elevar aún más el nivel competitivo, pero el Mallorca Palma afronta esa nueva etapa con la confianza que otorga haber conquistado el ascenso de la forma más convincente posible: siendo el mejor equipo de toda la temporada.

Porque hay campeones que levantan un trofeo. Y hay otros que, además, dejan la sensación de haber cambiado la historia de un club. El Mallorca Palma pertenece a esa segunda categoría.

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El Real Canoe vuelve a la élite: un año después, el histórico club madrileño recupera la División de Honor

Silvia Mato / 09-07-2026

 
 

El Real Canoe N.C. ya está de vuelta donde su historia dice que pertenece. Apenas una temporada después de perder la categoría, el conjunto madrileño ha certificado su regreso a la División de Honor Masculina de Waterpolo, culminando una campaña prácticamente perfecta y demostrando que los grandes clubes siempre encuentran el camino de vuelta.

El ascenso supone mucho más que un cambio de categoría. Representa la recuperación de uno de los nombres más emblemáticos del waterpolo español, un club que ha sido protagonista durante décadas y que vuelve a situarse entre la élite nacional tras superar una exigente fase de ascenso.

Una temporada para enmarcar

Desde el inicio de la competición, el Geodesic Real Canoe dejó claro cuál era su único objetivo: regresar a la máxima categoría.

El equipo dirigido por Jorge Carpeño dominó con autoridad la Primera División, firmando una temporada sobresaliente en la que ganó todos sus encuentros durante las dos primeras fases de la competición. Esa regularidad convirtió al conjunto madrileño en el principal candidato al ascenso, aunque el tramo decisivo todavía guardaba una enorme dosis de emoción.

Una final de auténtico infarto

El último obstáculo fue la Unió Esportiva Horta, uno de los equipos más competitivos de la categoría.

La eliminatoria resultó tremendamente igualada. Después del partido de ida, todo quedó abierto para la vuelta en Madrid, donde el Real Canoe tuvo que recurrir a la épica para completar la remontada.

Con el marcador al límite y cuando el ascenso parecía escaparse, un gol de Pedro Díaz a tan solo 35 segundos para el final desató la locura en las gradas y certificó el regreso del club madrileño a la División de Honor. El resultado global de la eliminatoria terminó siendo de 23-22, reflejo de la enorme igualdad vivida durante ambos encuentros.

Un regreso con sabor a justicia deportiva

El descenso sufrido en la temporada anterior había supuesto un duro golpe para una entidad acostumbrada históricamente a competir entre los mejores del waterpolo español.

Lejos de desmoronarse, el club apostó por mantener gran parte del bloque y construir un proyecto sólido para recuperar la categoría cuanto antes. La apuesta ha dado resultado en apenas doce meses.

El Real Canoe vuelve así a ocupar el lugar que durante décadas ha defendido dentro del waterpolo nacional, recuperando una plaza que forma parte de su propia identidad deportiva.

Un club con un enorme peso histórico

Hablar del Real Canoe es hacerlo de uno de los grandes referentes del waterpolo español.

Fundado en 1930, el club madrileño ha sido una auténtica cantera de jugadores internacionales y es, además, el único equipo no catalán que ha conseguido proclamarse campeón de la Liga española masculina, un hito alcanzado en las temporadas 1998-99 y 1999-2000. Esa trayectoria convierte al Canoe en una institución imprescindible dentro de este deporte.

Madrid seguirá representada en la máxima categoría

El ascenso del Real Canoe garantiza que la Comunidad de Madrid mantenga representación en la División de Honor Masculina durante la temporada 2026-27.

Paradójicamente, el regreso del Canoe coincide con el descenso del Club Encinas de Boadilla, por lo que el histórico conjunto madrileño recogerá el testigo como representante de la región en la élite del waterpolo español.

Un nuevo reto comienza

Con el ascenso ya celebrado, el siguiente desafío será consolidarse nuevamente entre los mejores equipos del país.

La exigencia de la División de Honor será máxima, pero el Real Canoe afronta esta nueva etapa con la confianza que ofrece una temporada extraordinaria y con la ilusión de devolver al club al protagonismo que siempre ha tenido dentro del waterpolo español.

El regreso del Canoe no solo supone una magnífica noticia para el deporte madrileño. También representa la vuelta de uno de los clubes más históricos y laureados de España a la competición donde ha escrito algunas de las páginas más importantes de su historia.

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