Hablar de Miriam Gutiérrez Parra es hablar de superación. Conocida como “La Reina”, la exboxeadora madrileña no solo dejó huella en el ring, sino que se ha consolidado como una figura de referencia dentro y fuera del deporte. Ostenta el título de campeona interina del peso ligero de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA) desde 2019 y fue una de las pioneras del boxeo femenino español, aunque su historia va mucho más allá de los títulos.
Retirada desde 2023, Gutiérrez asegura vivir esta nueva etapa con calma: “La retirada la vivo con mucha paz, porque me fui como quería: ganando”. Su último combate, en el que se proclamó campeona de España del peso superwélter, supuso el cierre a una carrera marcada por la constancia. Aun así, el boxeo sigue presente en su día a día: “El boxeo no me ha dejado, simplemente ha cambiado de forma”, explica. En la actualidad, se dedica a apoyar y entrenar a jóvenes talentos.
Su relación con este deporte comenzó casi por casualidad. “Lo supe con catorce años, cuando pasé por delante de un gimnasio y vi a varias personas practicando boxeo. Quedé fascinada”, recuerda. Sin embargo, su camino no fue fácil. A los diecinueve años, una relación marcada por la violencia la obligó a abandonar el deporte. Fue la maternidad la que le devolvió la fuerza: “El nacimiento de mi hija me devolvió a la vida y al ring”.
El apodo de “La Reina”, que la ha acompañado durante toda su carrera, resume su trayectoria. “Una reina no nace, se hace a golpes”, afirma a HA10. Más que un apodo, se convirtió en un símbolo de resistencia y crecimiento personal, aunque también implicaba presión: “Claro que la sentía. Pero la transformé en combustible”.
Sobre el ring, Gutiérrez no solo luchaba contra sus rivales, sino también contra sus propios miedos. “El miedo existe, pero aprendes a convivir con él”. Lo que más echa de menos no es tanto ganar, sino “la sensación de salir al ring sabiendo que llevas años preparándote para ese momento. Eso es único”.
Su carrera estuvo marcada por hitos importantes. En noviembre de 2019 se coronó campeona interina del peso ligero por la WBA y protagonizó un momento histórico para el boxeo español al enfrentarse a Katie Taylor, convirtiéndose en la primera púgil española, tanto en categoría masculina como femenina, en disputar los cuatro cinturones mundiales. Aun así, tiene claro de qué se siente más orgullosa: “No es de los cinturones, sino de haber llegado hasta ahí desde donde empecé”.
En su camino hacia la élite, figuras como Jero García fueron fundamentales: “Fue quien me ayudó a buscar una salida a mi situación de violencia de género, y después me entrenó para llegar a ser campeona”. Junto a él, su hija ha sido su mayor apoyo y motor.
Más allá del deporte, Gutiérrez muestra una faceta menos conocida: “Soy una persona normal de Torrejón de Ardoz. Soy oficial de jardinería, algo que mucha gente no sabe”. Una vida que contrasta con la exigencia del boxeo profesional, pero que refleja la naturalidad con la que afronta su día a día.
Actualmente, “La Reina” continúa vinculada a la sociedad desde otro ámbito. Es concejala en el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz, donde trabaja especialmente en políticas de igualdad, y participa en iniciativas como el programa Sport vs Violence de la Fundación Jero García. “El ring ha cambiado, pero la pelea sigue”, afirma.
Su mensaje para las nuevas generaciones, especialmente para las mujeres, es claro: “Que se pongan los guantes y no le pidan permiso a nadie”. Una frase que resume el carácter de una deportista que abrió camino en un entorno con escasa presencia femenina.
Si tuviera que definir su trayectoria en una sola frase, no duda: “Me dieron los golpes más duros de la vida, y los convertí en coronas”. Ahí reside la clave de su historia: en la capacidad de transformar cada caída en una oportunidad.
Laura Hernández pone fin a su etapa en el Bera Bera y fichará por el MKS Lubin
Nayra de Ganzo / 16-04-2026
A veces, las decisiones más importantes no llegan de golpe, sino que se construyen poco a poco. Es el caso de Laura Hernández, jugadora de balonmano, que tras seis temporadas en el Bera Bera se prepara para cerrar una etapa marcada por el crecimiento, los títulos y una profunda transformación personal.
Su historia con el balonmano comenzó de forma casual. Era el deporte que se practicaba en su colegio y fueron sus amigas quienes dieron el primer paso. “Al principio no era un deporte que me llamara demasiado la atención”, reconoce. Sin embargo, aquella niña inquieta, a la que le gustaba todo lo que implicara correr, fue encontrando algo más con el paso del tiempo. “Poco a poco fue gustándome cada vez más, por el deporte en sí, por el componente competitivo y por la gente con la que lo compartía”.
Esa progresión le llevó a debutar pronto en la máxima categoría con el Elche, un momento que recuerda con especial cariño, a pesar de los nervios iniciales. “Fue un momento muy bonito”, explica. “Tenía a mi alrededor un entrenador y unas compañeras que me hicieron sentir con confianza”.
Tras consolidarse en su club de origen, en 2020 dio uno de los pasos más importantes de su carrera con su fichaje por el Bera Bera. En Elche se sentía cómoda y había vivido etapas muy positivas, pero necesitaba un nuevo estímulo. “Quería vivir nuevas experiencias, competir por todos los títulos, jugar en Europa y aumentar la exigencia”, señala. Ese salto no solo le permitió crecer deportivamente, sino también a nivel personal. “Desde que estoy en Bera Bera he crecido mucho, como deportista y como persona”.
Dentro del equipo tuvo que adaptarse a nuevos retos. Aunque comenzó como lateral, acabó encontrando su lugar en el extremo izquierdo. “Al principio me costó asumir ese cambio”, admite. Sin embargo, con el paso del tiempo ha sabido hacer suyo ese nuevo rol. “Ahora me siento cada vez mejor y estoy pudiendo disfrutarlo”.
Si hay algo que define estos años en San Sebastián es su evolución personal. Más allá de los títulos, Hernández pone el foco en el crecimiento interior. “La Laura que llegó hace seis años no es la misma que ahora”, afirma. La exigencia del alto nivel, las rachas positivas y los momentos complicados han moldeado su carácter. “Me siento mucho más fuerte de cabeza, más segura en mí misma y consciente de lo que puedo aportar”.
En lo deportivo, los éxitos han sido constantes. Cada temporada ha dejado su huella, aunque hay recuerdos que destacan por encima del resto. “Cada título ha sido especial”, explica, y menciona con especial cariño las Copas de la Reina, las finales del playoff y las experiencias europeas.
Más allá de los resultados, el vestuario ha sido uno de los pilares de esta etapa. “Este equipo ha sido familia en muchísimos momentos”, asegura. Rodearse de compañeras con las que compartir tanto dentro como fuera de la pista ha sido clave en su camino. “Me siento muy afortunada de toda la gente con la que he coincidido”.
Por eso, la decisión de cerrar esta etapa tiene un componente emocional evidente. Aunque llevaba tiempo madurándola, no deja de ser un paso importante. “No ha sido difícil de tomar porque era lo que sentía”, explica para HA10. Sin embargo, reconoce que despedirse no es sencillo. “Es duro pensar que el año que viene no estaré aquí, pero me voy feliz y con un recuerdo muy bonito”.
Su próximo destino será el extranjero, cumpliendo uno de los objetivos que tenía desde que comenzó su carrera profesional. El MKS Lubin aparece como una oportunidad para seguir creciendo en un contexto diferente. “Tengo muy buenas referencias del club y sé que hay un buen grupo humano”, señala. En lo deportivo, el reto también es exigente, en una liga competitiva y en un club con aspiraciones europeas.
El cambio, en cualquier caso, va más allá del balonmano. Supone salir de su zona de confort y enfrentarse a nuevos desafíos personales. “Moverme a otro país, hablar otro idioma… es un cambio grande”, reconoce. Pero lo afronta como una oportunidad. “Seguro que es una experiencia que me enriquecerá mucho, tanto a nivel deportivo como personal”.
Con la vista puesta en lo que viene, el balance de su etapa en el Bera Bera es claro. Más allá de títulos y estadísticas, lo que permanecen son las personas. “Me quedo con toda la gente con la que he vivido estos años”, concluye. Porque hay etapas que no solo se recuerdan por lo que se consigue, sino por todo lo que te transforman durante el camino.
Sara Amador impulsa su salto a la élite del jiu-jitsu europeo
María Garlo / 15-04-2026
Pese a su juventud y a su todavía corta trayectoria, el nombre de Sara Amador empieza a ganar presencia en el jiu-jitsu español. La madrileña, cinturón negro de jiu-jitsu y judo, se ha consolidado como campeona de España absoluta de jiu-jitsu y ha logrado subir al podio en varias ocasiones a nivel internacional en categoría sub-21. Su reciente medalla de bronce en el Campeonato de Europa 2026, celebrado en Heraclión (Grecia), confirma su progresión hacia la élite de este deporte.
Su relación con el deporte comenzó desde muy pequeña: “empecé a hacer judo con cuatro años, en el cole, porque era una niña muy inquieta y mi hermana ya estaba apuntada”. Con el paso del tiempo, decidió dar un paso adelante y empezar a entrenar de forma “más seria”. Desde entonces, el ambiente en el tatami ha sido clave: “Siempre me ha encantado y el buen ambiente que hay ha hecho que nunca me haya planteado dejarlo”.
Su evolución no ha sido inmediata, sino fruto de un proceso de trabajo constante. Ella misma reconoce que el cambio más importante llegó hace tres años, cuando cambió de grupo de entrenamiento: “Yo soy una persona que de primeras es un poco tímida y me costó acceder a cambiarme de grupo, pero si no hubiera sido por eso, creo que a día de hoy no sería quien soy”, afirma la deportista, que destaca el papel de sus entrenadores y compañeros en ese salto.
Uno de los logros más especiales de su carrera es el bronce en el Campeonato de Europa 2026. “ Es la medalla que más ilusión me ha hecho, al final en un campeonato de Europa, están compitiendo los mejores de cada país y plantarme entre las cuatro mejores, es fuerte”, reconoce.
Sin embargo, no todos los resultados han sido positivos. En anteriores campeonatos europeos se quedó a las puertas del podio, firmando una quinta posición. Lejos de frenarla, esa experiencia reforzó su ambición: “Me dio rabia, me quedé a solo un punto de la medalla, pero la verdad es que me dio hambre de más”, apunta para HA10.
Uno de los rasgos que mejor definen a Sara Amador es su autoexigencia. “Me gusta ser perfeccionista y ambiciosa, en mi opinión, es la clave del éxito, pero si es verdad que a veces esto hace que me machaque mucho y tenga momentos difíciles psicológicamente”, admite. En ese sentido, reconoce que el apoyo de su familia es clave para mantener el equilibrio.
Más allá de los resultados, la deportista destaca la importancia de experiencias internacionales como el Open de Génova o el Mediterranean Open, que le han permitido crecer también fuera del tatami: “Hacen que aprenda a gestionarme sola y a convivir con mis compañeros y amigos y creo que son super necesarios en el crecimiento de un deportista”. Experiencias que, asegura, forman parte de sus mejores recuerdos como deportista.
En la alta competición, la preparación mental es determinante. Antes de competir, Amador sigue una rutina: “Trato de tener un diálogo positivo conmigo misma y de asegurarme de estar segura teniendo claro qué tengo que hacer, para ellos suelo ponerme música”, comenta para HA10. Aun así, reconoce que la motivación no siempre está presente: “La motivación a veces desaparece y toca hacer las cosas un poco a modo automático”. También admite dificultades en el plano psicológico: “Creo que algo que no se ve mucho es el síndrome del impostor, de decir “¿Qué se supone que hago aquí?”, explica.
A ello se suma el esfuerzo diario que exige su disciplina: entrenamientos constantes, sacrificios sociales, control del peso y exigencia física y mental. “Tienes que renunciar a cumpleaños, reuniones familiares, fiestas con los amigos no solo por el hecho de entrenar sino por tener que seguir la dieta, acotarte a un peso, dejas de tener un día a día de una “persona normal”, reconoce.
En este proceso, el entorno es fundamental: “En los deportes el equipo es lo más importante, sentirte apoyada y bien aconsejada. Yo soy súper afortunada de compartir tatami con la gente que lo hago porque puedo aprender de todos y cada uno de ellos”, afirma la madrileña. En especial, destaca la figura de su entrenador Javi García y la de sus padres: “Todos hacen que yo sea quien soy hoy en día y que pueda llegar a ser algo más en el futuro”, afirma.
Todo ello lo compagina con sus estudios de fisioterapia y con su trabajo impartiendo clases de judo a niños, lo que supone un reto añadido en su día a día: “Yo trato de organizarme y tratar de aprovechar los ratos que no entreno y no trabajo para estudiar, pero a veces el espacio mental que ocupa cada cosa hace que bajes el rendimiento en otros ámbitos”, reflexiona para HA10.
De cara al futuro, la madrileña tiene objetivos ambiciosos. A corto plazo, quiere disfrutar del Grand Prix de París, su primera gran cita internacional en categoría absoluta, y luchar por la medalla en la Europa Cup de Bélgica. A largo plazo, su meta es clara: “Me gustaría ser campeona de Europa y poder pisar un pódium mundial”, asegura.
Para Sara Amador, el jiu-jitsu: “Es el deporte de mi vida, el mejor arte marcial y, por supuesto, un baúl de recuerdos para toda mi vida”.
Del oro europeo al adiós prematuro: la historia de Dani Gutiérrez en el hockey línea
José Luis Vadillo / 15-04-2026
A los veinticuatro años, Dani Gutiérrez ya ha recorrido todas las etapas de una carrera deportiva. Breve, intensa y, en sus propias palabras, “rápida”. Su historia en el hockey línea comenzó a los ocho años, casi por casualidad: “Empecé con ocho años por mi vecino”. En aquellos primeros pasos compaginó el hockey con el fútbol, aunque pronto encontró su camino: “Empecé hockey y fútbol a la vez pero me decanté por el hockey línea porque el entrenador me picaba más”.
Desde entonces, el hockey pasó a ocupar un lugar central en su vida. “Cuando estás en el hockey, tu vida es el hockey”, resume. Su trayectoria arrancó en un club de Valladolid que hoy ya no existe y continuó con un recorrido marcado por la movilidad: Oropesa, dos años en el Molina Sport de Gran Canaria y una breve experiencia en Francia antes de su retirada. Los cambios no fueron circunstanciales, sino parte de su manera de entender la carrera deportiva: “Me marchaba de los clubes en busca de cambio de aires y nuevos retos”.
En ese camino acumuló logros relevantes, como la Copa del Rey con el Molina Sport y un campeonato europeo con la selección absoluta. Uno de los momentos más recordados fue aquella final copera: “La ganamos con un gol que teníamos ensayado, metiendo el gol de oro”. Un detalle que refleja el nivel de preparación y la exigencia táctica del hockey línea en la élite.
Sin embargo, su testimonio también deja entrever algunas de las limitaciones estructurales del deporte. “En el hockey te fichan por nueve meses”, explica, señalando la temporalidad de los contratos. A ello añade una visión crítica sobre el nivel competitivo: “Fuera de España el nivel es superior” y, de forma más contundente, “los demás equipos que no juegan en España se ríen de ti”. Declaraciones a HA10 que apuntan a una percepción de desventaja internacional del hockey línea español.
El desgaste aparece como uno de los puntos clave de su relato. La exigencia constante terminó pasando factura: “Al final ya no entraba con ganas a jugar”. A ese agotamiento se sumaban factores como su relación con el arbitraje: “Los árbitros me quemaban mucho”. Aun así, su compromiso nunca estuvo en duda, incluso en los momentos más difíciles: “Aunque me haya lesionado, nunca he querido parar aunque me doliera”.
Esa mentalidad, basada en la disciplina y la resistencia, es una de las principales enseñanzas que le dejó el deporte: “El hockey me ha enseñado disciplina”. También reconoce el papel de quienes le acompañaron en el proceso: “Agradecer a los entrenadores por saberme llevar”, comenta a HA10.
Con solo veintidós años, tomó la decisión de retirarse. Un final temprano que no supone una desvinculación total, sino una transición. Actualmente, con veinticuatro años, dirige una agencia de marketing, gestiona las redes sociales del Molina Sport y colabora con la Federación de Hockey Línea. Su vínculo con el deporte sigue presente, aunque desde otra perspectiva.
Desde esa posición, su consejo para quienes empiezan resume buena parte de su experiencia: “Que se centren en ellos mismos”. Una frase que trasciende lo deportivo y apunta a la gestión personal en entornos de alta exigencia.
La historia de Dani Gutiérrez es la de una carrera intensa, marcada por el éxito, la autoexigencia y el desgaste. Un recorrido que refleja tanto el potencial como las dificultades de un deporte en crecimiento, y que deja una idea de fondo: la velocidad con la que se vive una carrera también puede condicionar su duración.
Sergi Darder sueña con el Tour tras la histórica invitación al Caja Rural
David Revilla / 14-04-2026
Sergi Darder se abre paso en el ciclismo profesional desde una trayectoria poco habitual. El corredor del Caja Rural–Seguros RGA relata para HA10 cómo fueron sus inicios: “Fueron un poco diferentes al resto, yo no tenía ningún referente cercano. Con seis años le dije a mi padre que me gustaba ir en bici y me apuntó al Club Ciclista Sant Boi, donde crecí en su escuela de ciclismo y sus equipos cadete y juvenil”.
A sus veintitrés años, Darder afronta su segunda temporada en la estructura navarra, con la que ya ha competido en pruebas de nivel como la Vuelta a Andalucía, la Vuelta a Burgos o la Volta a Catalunya. Sobre su adaptación al equipo, destaca el ambiente interno: “El Caja-Rural Seguros RGA es un equipo muy familiar. En la primera concentración de diciembre, en Mojácar, me sentí muy cómodo e hice buenas migas con mis compañeros”.
Aún en proceso de definirse como ciclista, reconoce que su terreno natural son las clásicas: “Es donde me siento más cómodo, ya que suelen ser carreras de mucho desgaste con subidas cortas y empinadas, donde el pelotón se selecciona y puedo esprintar bien”.
Su primera temporada en el equipo, en dos mil veinticinco, estuvo marcada por la adaptación al profesionalismo: “al ritmo y la exigencia de la categoría, pero anduve mejor, haciendo un muy buen final de temporada”. Un curso en el que pudo medirse a algunos de los mejores ciclistas del pelotón internacional. “Sentí mucho orgullo e ilusión, hasta hace poco, yo era un espectador más que veía a los ciclistas profesionales como figuras casi divinas, aunque también sentí mucha responsabilidad para demostrar que yo era uno de ellos”.
Entre sus resultados más destacados, Darder señala el Trofeo Matteotti, en Italia, donde firmó una sexta posición: “Una clásica de final de temporada muy duro y selectivo donde pude hacer sexto contra rivales muy buenos”. En esa prueba, se midió a nombres consolidados del pelotón internacional.
En este dos mil veintiséis, el ciclista catalán ha dado un paso más al debutar en el World Tour con la Volta a Catalunya, que define como “la mejor carrera en la que he participado”. Allí logró un décimo puesto en la segunda etapa, pese a una caída durante la semana. “Tuve muy buenas piernas toda la semana, incluso con una caída en el tercer día”.
La cita tuvo además un componente emocional añadido al competir en casa: “La última etapa en Montjuic fue espectacular, poder correr en casa, con mis amigos y familia animándome, de los mejores días de mi vida”.
El gran hito para el equipo esta temporada llegó con la invitación al Tour de Francia, un momento histórico que el propio Darder vivió desde dentro: “En las semanas antes del anuncio oficial empezó a sonar el run run de la posibilidad de recibir la invitación, pero nosotros no sabíamos nada seguro y no nos lo acabamos de creer hasta que llegó el día del anuncio oficial. Estábamos en el autobús del equipo preparando una de las etapas de la Challenge de Mallorca cuando salió la publicación en la cuenta del Tour. Fue un momento de euforia y alegría máxima con todos los miembros del equipo, es el mayor premio a todo el esfuerzo de estos años”.
Pese a ello, es consciente de la dificultad de estar en la salida: “Estoy trabajando con ilusión dando lo mejor de mi para intentar ganarme una plaza en el Tour, pero lo veo complicado, todavía soy joven y hay gente en el equipo con más experiencia que yo, aunque sería un sueño y más saliendo de Barcelona”.
Con contrato hasta final de temporada, Darder tiene claro su deseo de continuidad: “Me gustaría seguir en el equipo, estoy muy a gusto. Tenemos un calendario muy bueno y el equipo trabaja muy bien con los jóvenes, no hay lugar mejor para seguir mi evolución como ciclista”.
En cuanto a objetivos, el catalán no esconde su ambición: “ganar mi primera carrera como profesional” y, a largo plazo, disputar dos de las pruebas más emblemáticas del calendario: “Tour de Flandes y Paris-Roubaix, son dos grandes sueños que tengo desde pequeño”.
César Castro, del esfuerzo a los Juegos Olímpicos de París 2024
Alejandro Hernández Blázquez / 14-04-2026
El camino hacia la élite rara vez es lineal, y en la natación aún menos. En el caso de César Castro, nadador del Club Natació Terrassa, su trayectoria responde a años de constancia, aprendizaje y también a momentos en los que insistir era la única opción.
Su relación con la piscina comenzó por influencia familiar. Su hermano, que ya practicaba este deporte, fue su primera referencia. Lo que empezó como cercanía terminó convirtiéndose en vocación. “Al final es trabajar y trabajar”, resume sobre una etapa inicial marcada por la repetición y la exigencia diaria.
Pronto llegaron las primeras experiencias competitivas relevantes. Siendo aún infantil, participó en un Campeonato de Europa donde se enfrentó a nadadores de mayor edad. “Competía contra juniors siendo infantil”, explica a HA10. Aquella situación, lejos de frenarle, aceleró su crecimiento deportivo y le permitió medir desde muy joven el nivel internacional.
En 2014 participó en la Copa Comen, una competición asociada a la categoría infantil, donde logró dos medallas de oro en 400 metros libre y en el relevo 4x200, además de un bronce en los 1500 metros libre.
Un año después dio un paso más en su progresión. En el Mundial junior de Singapur 2015 consiguió la medalla de plata en los 800 metros libre y el bronce en los 1500, consolidándose entre los mejores nadadores del mundo en su categoría. “Fue un momento en el que me di cuenta de que podía competir con los mejores”, afirma. A estos resultados se sumaron éxitos a nivel europeo que reforzaron su proyección internacional.
Sin embargo, su carrera también ha estado marcada por dificultades. En un momento clave previo a los Juegos Olímpicos, las lesiones —especialmente en el hombro— frenaron su progresión e incluso le impidieron participar en grandes competiciones. “Fue una etapa complicada de mi vida”, reconoce a HA10. Un periodo en el que tuvo que detenerse y replantear su camino.
Tras superar esa fase, logró regresar al máximo nivel y cumplir uno de los grandes objetivos de cualquier deportista: competir en unos Juegos Olímpicos.
Su debut llegó en los Juegos Olímpicos de París 2024, una experiencia que define como el punto más alto de su carrera. “Es algo inolvidable”, asegura. Allí formó parte del relevo 4x100 metros libre, donde el equipo español finalizó en novena posición con un tiempo de 3:13.19, logrando además el récord de España en las eliminatorias. “Estar allí ya lo cambia todo”, recuerda.
Aun así, la cita olímpica dejó una sensación agridulce. El equipo se quedó a las puertas de la final, un resultado que el propio nadador reconoce como una “espinita” por la cercanía con los mejores. “Nos quedamos a una posición de entrar a la final”.
Más allá de la competición, Castro ha compaginado su carrera deportiva con los estudios de Marketing y Dirección Comercial. “Es duro ser deportista de alto nivel y estudiar a la vez, pero es lo que toca”, admite, consciente de la exigencia y del carácter limitado del deporte de élite.
De cara al futuro, mantiene un objetivo claro: regresar a unos Juegos Olímpicos y prolongar su carrera al máximo nivel. “No sacrifico nada, porque he elegido estar aquí”, concluye.
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Para Alonso Moreno, el balonmano no es solo un deporte, sino parte de su historia familiar. Desde los cuatro años, el patio del Colegio San Francisco se convirtió en un lugar especial. “Mi madre me soltaba allí con mis hermanos mayores. Me enfadaba mucho y me sentaba en el medio del campo ya que no me pasaban el balón, debido a que era pequeño”, recordaba con nostalgia en HA10.
Su mirada siempre estuvo puesta en Ciudad Real, especialmente en Ólafur Stefánsson. Lo que le fascinaba del islandés no era su potencia física, sino su inteligencia sobre la pista. “Era un tío muy inteligente, era capaz de dar al equipo lo que necesitaba y era muy diferencial basado en la inteligencia. Era un central jugando de lateral derecho”.
Esa forma de entender el juego le ha llevado a firmar 989 goles en doce temporadas, una cifra que ni él mismo esperaba: “Es una mezcla de doce temporadas, de tener resistencia para lesionarme poco y de tener cierto peso en varios equipos”.
Antes de cada partido, Alonso sigue un ritual muy marcado. “Siempre entro con el pie derecho e intento no pisar ninguna línea. Cuando voy a cruzar el medio campo, piso en el centro y ya puedo pisar todas las líneas que quiera”. Una rutina que le ayuda también a gestionar momentos complicados, como el descenso de la pasada temporada: “Fue un golpe difícil de digerir. Estar en esa situación te enseña mucho porque reflexionas y te das cuenta en lo que has fallado”.
Entre sus recuerdos más especiales, destaca la final de Copa del Rey con el Torrelavega ante el Barça. “El simple hecho de llegar y dejar al equipo clasificado para Europa fue una satisfacción inmensa. Cada vez que paso por el pabellón, se me hace más fácil el viaje”.
Más allá de la pista, Alonso destaca por compaginar el balonmano con su formación académica. Mientras compite en la élite, finaliza su máster en Ingeniería Industrial. “El balonmano es un deporte minoritario y no todos podemos vivir de ello. Hay que tener un plan B y una salida, y cuando acabes con treinta o treinta y cinco años, queda mucha vida por delante”.
Ahora, con el Caserío asentado en la zona alta de la tabla pese a ser un recién ascendido, Alonso Moreno sigue disfrutando del vestuario, pero con la seguridad de quien ya ha empezado a construir su futuro más allá del deporte.
Abel Antón: del patio del colegio al oro mundial en maratón
Alberto Martín / 11-04-2026
La gloria en el deporte de élite suele asociarse a grandes centros de alto rendimiento, pero no siempre es así. Abel Antón comenzó en el patio de su colegio, bajo la mirada de su profesor Celestino Vallejo, que, sin saberlo, estaba a punto de marcar el inicio de una de las trayectorias más destacadas del atletismo español. Con apenas trece años, recibió una instrucción sencilla: dar una vuelta al patio. El premio para los cuatro primeros era representar al centro en el Cross Provincial de Soria. Aquel día, Abel no solo logró su plaza, sino que descubrió un talento especial para correr.
Ese inicio en los crosses sorianos fue el punto de partida de una carrera que se desarrolló durante años en la pista. Antón se especializó en los 5.000 y 10.000 metros, donde destacó por su resistencia. Sin embargo, el salto al podio internacional no era sencillo. "En estas pruebas había mucha competencia con los atletas africanos y conseguir medallas en Mundiales y Olimpiadas era muy difícil", confiesa para HA10. Fue entonces cuando tomó una de las decisiones clave de su carrera: dejar la pista y centrarse en el maratón, un movimiento que acabaría marcando su trayectoria.
El cambio no fue solo de distancia, sino también de mentalidad. En el maratón, Abel encontró el contexto ideal para explotar su inteligencia táctica. En ese camino, la rivalidad con Martín Fiz marcó una etapa importante de su carrera. Durante dos años, la relación entre ambos estuvo marcada por una gran tensión. "Nuestra relación fue muy tensa durante ese tiempo, pero creo que nos vino bien para realzar el maratón español y estar en el candelero todos los días", explica Abel. Aquella competencia contribuyó a dar visibilidad al maratón en España y elevó el nivel de ambos atletas. Con el paso del tiempo, esa rivalidad dio paso a una relación de respeto y amistad.
Al recordar su trayectoria, uno de los momentos más significativos no está únicamente en los títulos, sino en las sensaciones vividas en el Mundial de Sevilla de 1999. Más de dos décadas después, Abel rememora aquel día en dos momentos clave. El primero, a falta de cinco kilómetros para la meta: "En ese punto ya me veía ganador", afirma. El segundo, la entrada en el Estadio de La Cartuja, donde el apoyo del público fue determinante. Más de 60.000 personas lo empujaron hacia la meta en un ambiente inolvidable. "Para mí, ganar el Mundial de Sevilla es el recuerdo que guardo con más cariño", reconoce.
El valor de lograr un título mundial como local es difícil de igualar. España solo ha acogido una edición del Mundial de Atletismo, y que un atleta nacional se proclamara campeón en casa convierte aquel logro en un hito singular.
A pesar de su legado, Abel Antón mantiene su vínculo con el atletismo. Aunque ya no compite al máximo nivel, sigue participando en carreras populares y en contacto con los aficionados. "El gusanillo competitivo siempre está. Ahora disfruto corriendo con los populares casi todos los fines de semana, mientras el cuerpo me lo permita".
Pablo Sánchez-Valladares, constancia y evolución en los 800 metros del atletismo español
Nerea Mateos / 10-04-2026
Pablo Sánchez-Valladares es un atleta de Torrejón de Ardoz especializado en 800 metros. Su trayectoria deportiva incluye varias etapas clave que han marcado su evolución tanto en lo deportivo como en lo personal.
A sus veintiocho años, afronta una nueva temporada con la vista puesta en las competiciones de verano. “Ahora mismo estoy haciendo una pretemporada para afrontar las competiciones de verano, metiendo una buena base de kilómetros”, explicaa la redactora de HA10. Aunque es consciente de que puede encontrarse en la fase final de su carrera deportiva, mantiene una actitud positiva: “Me siento bastante joven y con muchas cosas por hacer aún, así que queda Pablo para rato”.
Uno de los puntos de inflexión de su carrera llegó en 2016, cuando se trasladó a Madrid para entrenar en el CAR. Ese cambio resultó determinante en su progresión, que le permitió consolidarse en la élite del atletismo español. La medalla en el Europeo sub-23 supuso, en sus palabras, “un antes y un después”, y el momento en el que comenzó a sentirse competitivo a nivel internacional.
Sin embargo, si hay una experiencia que destaca por encima del resto es su participación en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. “Cumplí un sueño. Siempre lo veía en la tele y estar allí, conocer a tus ídolos o simplemente compartir momentos con ellos, ya era increíble”, cuenta. Aun así, la vuelta a la realidad no fue sencilla: “Pensaba que me iba a comer el mundo, pero no fue así. Fue un golpe de realidad”. Una experiencia que, según reconoce, le ayudó a cambiar su mentalidad y a seguir mejorando.
En la entrevista con HA10, Sánchez-Valladares explica la complejidad del 800 metros, una prueba en la que el aspecto mental es tan importante como el físico: “Es una mezcla de cabeza y físico. Necesitas estar muy concentrado en todo momento ya que en medio segundo puede resolverse la carrera, pero también necesitas estar físicamente fuerte para poder reaccionar a los cambios”. Según él, el momento clave suele llegar en la recta final, aunque insiste en que “es una prueba impredecible”.
La gestión de la presión ha sido otro de los factores importantes en su carrera. “Tengo la suerte de trabajar también la parte mental con un psicólogo”, señala. Ese acompañamiento ha sido especialmente relevante tras los Juegos, una etapa que define como la más dura: “Pensaba que estaba ya todo hecho y que las cosas vendrían sin mucho esfuerzo, pero no fue así. Gestionarlo fue duro, pero ahora se ha convertido en una lección muy importante”.
De cara al futuro, el atleta marca varios objetivos. A corto plazo, el Europeo de verano en Birmingham, y más adelante, los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, con un deseo especial: poder vivirlos junto a su familia en la grada. “Quiero vivirlo con ellos, porque en Tokio fue imposible por la pandemia”. Además, mantiene su ambición en lo deportivo en cuanto a marcas: “Quiero bajar a 1:43, sé que tengo margen de mejora”.
Fuera de la pista se muestra como alguien sencillo: le gusta pasar tiempo con los suyos, ver rugby y desconectar jugando a los dardos. Un equilibrio que complementa la exigencia del alto rendimiento.
Para los que empiezan en el atletismo, su mensaje es claro: “Esfuérzate, sé constante y sigue pase lo que pase, nunca sabes cuándo va a llegar tu momento”. Una frase que resume su trayectoria hasta ahora.
Mary Romero: “Gracias a este deporte soy la persona que soy”
Carlos Castillo / 09-04-2026
Mary Carmen Romero, más conocida como “Maribicho”, compite profesionalmente en distintas artes marciales. Su amplio palmarés incluye logros como el Campeonato del Mundo de Muay Thai y el Campeonato Intercontinental WIBF. Actualmente, se encuentra en el top 10 del ranking del Consejo Mundial de Boxeo y, en exclusiva para HA10, comenta su trayectoria en las artes marciales y sus objetivos futuros.
Desde muy corta edad, Mary supo que no era como las demás. Le gustaba revolcarse, pisotear y actuar como un “bicho”, como ella misma dice: “Mi madre era algo que lo intuía que decía esta niña no es normal porque las demás niñas jugaban y yo no, yo estaba viendo donde me subía, donde me tiraba. Era quien le pegaba, era súper activa, era un bicho. Y yo recuerdo que mi madre quería apuntarme a los típicos que había antes en la gimnasia rítmica, sevillanas, y yo le decía que no, que no, porque yo veía la tele, veía la película de artes marciales y yo le decía, mamá, yo quiero esto, mamá, yo quiero ser como ellos.”
Mary destaca por su polivalencia, compitiendo en varias disciplinas: “Empecé con mi entrenador que actualmente es mi marido haciendo desde joven kung fu y luego a partir de ahí empecé hacer full contact, kick boxing, me introduje en el mundo de muai thai y el boxeo fue más tardío”. Actualmente está enamorada del boxeo, aunque sus inicios tienen nombre propio. “Me conoció el presidente de la Federación Cántabra y en una pelea vio que tenía muchísima fuerza en los brazos. Entonces vino al vestuario y me dijo ‘hola Mari, soy Martín de la Federación de boxeo. Me gustaría que hicieras una pelea de boxeo, ¿estarías dispuesta?’ y yo como a nada le digo que no, pues le dije que sí. Y a partir de ahí me enganchó, gané en mi primer campeonato de España, entonces vino el presidente de la federación de boxeo, es que el que digamos cogía el equipo olímpico femenino, me dijo que si estaba dispuesta a entrar en el equipo olímpico y le dije que sí”.
A lo largo de su carrera, Mary ha cosechado un gran palmarés, destacando especialmente tres campeonatos de Europa, y afirma que “gracias a ellos he tenido la oportunidad de disputar campeonatos mundiales”. Sin embargo, una reciente lesión ha frenado, por ahora, su ritmo. “Actualmente estoy entre las diez primeras del ranking del Consejo Mundial de Boxeo y centrada en recuperarme de una lesión en la mano. Estoy entrenando duro para volver en plena forma. He bajado de categoría de peso porque me gustaría enfrentarme a Fundora, número uno mexicana en el peso mosca”.
Mary lo tiene claro: las artes marciales son su vida y asegura que “gracias a este deporte soy la persona que soy”, ya que el boxeo le ha transmitido valores que busca inculcar a sus hijos. La diferencia entre competir en España y fuera del país es notable, y Mary lo ha vivido en sus carnes: “En España puedes pelear con rivales más accesibles, pero el verdadero nivel se demuestra fuera, enfrentándote a las mejores”.
David Gutiérrez, plata mundial: de rechazar el inline a la élite internacional
Nayra de Ganzo / 09-04-2026
Durante años, el patinaje artístico ha estado asociado casi exclusivamente al hielo. Sin embargo, más allá de ese imaginario, existe otra disciplina que crece de forma silenciosa y en la que también se compite al máximo nivel: el patinaje inline. Es en ese escenario donde ha construido su carrera David Gutiérrez, un patinador de veinte años que comenzó sobre ruedas sin imaginar hasta dónde podía llegar.
Gutiérrez lleva patinando desde los cuatro años, aunque su historia en la modalidad inline no comenzó hasta mucho después. Fue en 2021 cuando su entrenadora, Alexia, le propuso probar una disciplina que empezaba a introducirse en la escuela. Su respuesta inicial fue clara: “Al principio fue un no rotundo”, recuerda. A pesar de negarse en varias ocasiones, como él mismo cuenta, “yo lo rechacé varias veces”, la insistencia de su monitora terminó dando resultado. “Con el paso de los meses accedí a probarlo y me encantó”.
Ese mismo año llegó la primera gran señal de que el cambio había sido acertado: una medalla de plata en el Campeonato de España que marcó el inicio de una nueva etapa.
Desde entonces, su progresión ha sido constante, aunque no inmediata. “Ha sido un proceso muy largo”, explica. Durante años, el esfuerzo no se tradujo en resultados visibles, pero la constancia se mantuvo. “No tirar la toalla y seguir apostando por mi sueño ha sido siempre el motor que me ha llevado a intentar alcanzar mi máximo potencial.”. Aquellas primeras medallas en 2021, tanto a nivel nacional como internacional, supusieron un punto de inflexión en una trayectoria construida desde la paciencia, la misma que terminaría llevándole a competir en la máxima exigencia: un Campeonato del Mundo.
En Pekín 2025 firmó una actuación que lo situó entre los mejores del panorama internacional, con un segundo puesto. Sin embargo, la experiencia fue más compleja de lo que refleja el resultado. “Son días muy intensos, con muchísimas emociones concentradas en muy poco tiempo.”, afirma Gutiérrez. “Llegas, entrenas, compites… y de repente ya estás en la entrega de premios”.
Su rendimiento fue sólido desde el inicio, liderando la clasificación tras el programa corto. Aun así, en el largo cometió algunos fallos que le hicieron finalizar con la medalla de plata. “En ese momento cuesta un poco, porque sabes que has estado muy cerca”, reconoce para HA10. Con el paso del tiempo, sin embargo, cambia la perspectiva: “Al final, es una medalla en un Mundial y eso refleja todo el trabajo que hay detrás durante años.”.
Más allá del resultado, queda la experiencia: compartirlo con una compañera de entrenamientos, vivir una competición de este nivel desde dentro y gestionar la presión. En ese proceso, el trabajo mental ha sido clave en su evolución. “Igual que se entrena un salto o una pirueta, la mente también necesita preparación constante.”, explica. Contar con una psicóloga deportiva le ha permitido afrontar situaciones de máxima exigencia con herramientas que van más allá de lo físico.
Porque si algo define este deporte es todo lo que no se ve. Detrás de cada programa hay horas de entrenamiento, disciplina y renuncias. “He tenido que renunciar a muchas cosas que son normales para gente de mi edad”, admite. Tiempo libre, planes o momentos con la familia quedan en segundo plano cuando el objetivo es competir al máximo nivel. “Pero al final, todo ese esfuerzo tiene sentido cuando ves los resultados y, sobre todo, cuando haces lo que te apasiona”.
A pesar del nivel competitivo, el patinaje inline sigue siendo una disciplina poco conocida en España. “Haría falta más presencia en medios y más difusión.”, señala Gutiérrez. En ese sentido, los resultados internacionales juegan un papel importante: “Creo que cada logro ayuda a abrir un poco más la puerta y a que se valore como realmente merece.”.
Lejos de conformarse, su mirada ya está puesta en lo que viene. La temporada continúa y el margen de descanso es mínimo. “Estoy centrado en el Campeonato de España, que es clave para clasificarme a las competiciones internacionales”, explica.
El objetivo, sin embargo, va más allá de las medallas. “Quiero seguir evolucionando como deportista y transmitir cada vez más en la pista”, afirma. Porque en un deporte que todavía busca su espacio, cada paso cuenta. Y el suyo, aunque empezó con un “no”, ya le ha llevado a la élite.