Eduard Prades es uno de los veteranos del pelotón. A sus treinta y ocho años, atraviesa uno de los momentos más satisfactorios de su carrera:“yo no tengo fecha límite. Estoy entrenando más a gusto que nunca, me costaba entrenar más antes que ahora. Cada vez me cuesta menos entrenar y me gusta más la bici”.
El inicio de su trayectoria no fue sencillo. Prades tuvo que salir a Portugal para encontrar oportunidades en el ciclismo profesional:“Estuve en 2013 y 2014 hasta mitad de año, porque el equipo no nos estaba pagando. Acabé la temporada en Japón. En Portugal eran carreras continentales, Algarve, Alentejo. Hay mucho calendario, entre equipos continentales y Amateur. Fue un trampolín para ir a Caja Rural”.
Su llegada a Caja Rural le permitió debutar en La Vuelta en 2016, una experiencia marcada por las caídas:“En la quinta etapa tuve una dura caída que me dejó tocado. Estaba para hacer entre quinto y séptimo, pero me caí. Cuando me estaba recuperando, otra montonera. Fisurada una costilla. Acabé la vuelta quedándome en la primera grupeta que se hacía. Las dos últimas etapas de la vuelta empecé a ser persona otra vez. Se hace duro”.
El gran punto de inflexión llegó en 2018, cuando, ya como corredor del Euskadi-Murias, firmó el mejor año de su carrera:“Me salió todo rodado”, cuenta para HA10.
Aquel curso logró victorias en el Tour de Turquía y el Tour de Noruega, además de rozar el podio en una etapa de La Vuelta y desempeñar un papel clave en el triunfo de Óscar Rodríguez:“Me marqué mis etapas. En una pude ser cuarto y estuve en la escapada donde Óscar ganó”.
Una jornada en la que reconoce que pudo “trabajar mucho para él” y que fue “una pasada. Primer año en la vuelta, ganar una etapa, fue algo increíble”.
Ese rendimiento le abrió las puertas del Movistar Team en 2019, donde experimentó un salto de nivel:“te da un plus de nivel que se nota. Correr en carreras buenas se nota que cuando vas a una carrera secundaria tienes ese ritmito de más que se nota”.
Sin embargo, su etapa en el conjunto telefónico se vio condicionada por la mala fortuna. Una lesión y la pandemia marcaron su segundo año, al que se sumó su implicación en la caída del Tour de Polonia:“No pude disfrutar mucho porque al año siguiente fue la pandemia, estuve en la caída de la vuelta a Polonia con Jakobsen y se fue todo al garete. No hubo renovación”.
Durante su paso por Movistar no disputó ninguna gran vuelta, algo que el propio Prades relativiza para HA10:“no es corredor de grandes vueltas, salvo que vaya a por mis dos, cuatro etapas que se puedan adaptar”.
Desde 2022, el catalán milita de nuevo en Caja Rural, donde asegura sentirse plenamente integrado:“muy a gusto. Después de tantos años te sientes uno más, es una familia”.
Un equipo que, además, ha experimentado un notable crecimiento:“Se ha notado en cuanto a la inversión en material. Los sponsors se vuelcan más en el equipo. El corredor lo agradece”.
La estructura navarra afronta ahora un hito histórico con su participación en el Tour de Francia en 2026:“La gente te mira de otra forma cuando corres el Tour”.
Aunque, salvo sorpresa, Prades no formará parte del equipo:“no está en los planes del equipo. Me hubiera gustado después de toda la carrera que llevo. Somos muchos ciclistas, hay mucho nivel y al final hay muchas carreras”.
Donde sí ha estado presente es en la exigente gira de las Ardenas, con pruebas como Amstel Gold Race, Flecha Valona y Lieja-Bastoña-Lieja, en las que el equipo ha dejado buenas sensaciones:“demuestra que el equipo tiene nivel”.
Sobre su rendimiento, explica:“En Amstel estuve cerca, tuve un momento de crisis porque no pude beber y lo acusé.En Flecha Valona tuve una caída. Pude estar adelante, pero una caída me privó de ello”.
Con contrato hasta 2026, su intención es prolongar su vinculación con Caja Rural:
“Es lo más factible continuar en el Caja. Estoy muy agusto, y si me respetan como estoy ahora”.
Y destaca también el ambiente dentro del equipo:“Estamos muy bien, disfrutamos mucho, nos hacemos muchas bromas, siempre nos estamos picando. Esas cosas luego en carrera se notan”.
Por ahora, la retirada no entra en sus planes:“El día que me cueste ir a las carreras, entrenar, será cuando diré, no me merece la pena”.
Un pensamiento que refuerza al fijarse en su hermano, Benjamín Prades, que sigue compitiendo con cuarenta y dos años en Japón:
“Tengo la mirada en mi hermano, que sigue ganando carreras. Cuando viene a España sigue estando adelante”.
Sito Alonso, el arte de adaptar el baloncesto a una identidad propia
Alejandro Hernández Blázquez / 28-04-2026
La forma de entender el baloncesto ha llevado a Sito Alonso a consolidarse como uno de los entrenadores más reconocidos del panorama nacional, a partir de una idea propia de juego que ha evolucionado con el tiempo y ha generado resultados en diferentes etapas de su carrera. El actual entrenador del Murcia, donde ya suma siete temporadas, se ha establecido como una figura reconocible dentro del baloncesto español. Con experiencia en clubes como Joventut de Badalona, Bilbao Basket, Baskonia o FC Barcelona, además de su paso por selecciones como Letonia o España, su trayectoria refleja una carrera marcada por la continuidad y la adaptación. En la actualidad lidera un proyecto en Murcia que ha logrado construir una identidad competitiva estable en la élite del baloncesto nacional e internacional.
Su historia con el baloncesto comienza en el entorno familiar. Hijo de entrenador, creció rodeado de entrenamientos, análisis y conversaciones deportivas que formaban parte de su día a día. “El baloncesto era parte del diálogo familiar constante”, recuerda. Esa influencia le llevó a involucrarse desde muy joven en tareas vinculadas a la formación. Con apenas once años ya dirigía entrenamientos en una escuela de baloncesto.
Los viernes y sábados entrenaba a jóvenes jugadores en la escuela donde su padre ejercía como director técnico. Fue el inicio de un camino profesional que no abandonaría. “A partir de ahí nunca he dejado de entrenar”, afirma. Lo que comenzó como una responsabilidad en el entorno familiar acabó convirtiéndose en el eje de su vida profesional y en la base de su identidad como entrenador.
Su padre, tras verle dirigir sesiones, le lanzó una advertencia que marcaría su evolución posterior. “Me dijo que no quería que entrenara más”, explica para HA10. El motivo no era una cuestión de capacidad, sino de estilo: estaba replicando de forma literal los entrenamientos de su padre, sin desarrollar una propuesta propia.
Lejos de abandonar, decidió volver al trabajo con la intención de modificar su enfoque. Ese momento supuso un punto de inflexión en su formación. “Empecé a mejorar poco a poco y a generar mi propia identidad”.
Desde entonces, el técnico madrileño ha desarrollado una carrera sostenida en el tiempo, hasta convertirse en el entrenador con más partidos dirigidos en la historia del club murciano. La construcción de una identidad propia se ha convertido en uno de los pilares de su filosofía de trabajo. Para Alonso, la exigencia es un elemento central. “La exigencia que te pones a ti mismo es mayor que la que ninguno te pueda poner”. Su método se basa en la autoevaluación constante, el aprendizaje continuo y la adaptación permanente.
Bajo su dirección, el club murciano ha logrado asentarse en la élite del baloncesto español, compitiendo frente a estructuras con mayores recursos económicos. Sin embargo, Alonso insiste en que el desarrollo del proyecto no depende únicamente de la táctica o del talento individual. “Somos un grupo muy unido de personas que dirigen el club junto a los cuerpos técnicos”, explica.
Con recursos limitados, el club ha tenido que apostar por estrategias de crecimiento basadas en la toma de decisiones arriesgadas. En ese contexto se enmarca otra de las señas de identidad del entrenador: la búsqueda de perfiles que encajen en el modelo competitivo. “Cada año hacemos cuatro o cinco apuestas que se ven como locuras, pero que te pueden dar el salto verdadero”.
El entrenador que ha llevado al Murcia a participar en la Copa del Rey, consolidarse en la Basketball Champions League y alcanzar una final de la ACB, prioriza jugadores con ambición competitiva y capacidad de integración en un proyecto colectivo. “La principal característica es que tengan una ambición fuera de lo normal”.
Esta temporada, las bajas de jugadores como Dylan Ennis o Sander Raieste han condicionado al equipo, aunque también han puesto a prueba la capacidad de gestión del cuerpo técnico. “Tiene que ser una ambición sin límites, pero con un pequeño control de la realidad verdadera que tienes como club y como equipo”.
Más allá del rendimiento deportivo, Alonso considera que uno de los cambios más significativos en el baloncesto moderno está en la gestión de las personas. “Lo que más ha cambiado es la manera que tienes que tener de tratar a las personas”. En un contexto cada vez más globalizado, con jugadores de diferentes culturas y perfiles, la adaptación en la gestión humana se ha convertido en un elemento clave del rendimiento colectivo.
Después de tantos años en la élite, Alonso sigue viviendo su profesión como un proceso de aprendizaje continuo. Reconoce haber renunciado a determinadas experiencias personales, aunque lo asume como una elección consciente. “He dejado yo perdérmelo. Y estoy encantado de habérmelo perdido”.
Una reflexión que resume una trayectoria construida desde la exigencia, la continuidad y la consolidación de una identidad propia que comenzó a forjarse en la infancia, cuando entendió que liderar implicaba, ante todo, aprender a construir su propio camino.
Asier Iribar: Del frontón a la élite del balonmano
Alex Daniel Ruiz Agüero / 27-04-2026
En el mundo del deporte, hay apellidos que pesan como el plomo y otros que sirven de vela para navegar. Para Asier Iribar, llevar el nombre de su pariente, el mítico “Txopo” Iribar, nunca fue una carga, sino un motivo de orgullo. Sin embargo, a diferencia de la leyenda del Athletic, Asier decidió que lo suyo no era evitar goles, sino fabricarlos.
Como muchos niños del País Vasco, Asier comenzó practicando pelota vasca y fútbol, donde dio sus primeros pasos como portero. “Se me daba bien”, pero el hambre por el gol pudo más. “Me decanté porque me gustaba más meter goles”, comenta a HA10. Esa decisión le llevaría a las canchas de balonmano, disciplina que descubrió tras asistir a unas fases finales del Campeonato de España en su pueblo natal, una experiencia que le marcó desde el primer momento.
Empezó en las categorías inferiores del Pulpo, pero su progresión le llevó hasta el Bidasoa, donde cumplió el sueño de compartir vestuario con Kauldi Odriozola, uno de sus ídolos. "Siempre le estaré agradecido a la vida por haber podido jugar con Kauldi", afirma.
Su debut en el balonmano profesional fue inolvidable: el Palau Blaugrana frente al Barça. Iribar lo recuerda como una mezcla de respeto y adrenalina. “Sentí miedo, pero tenía más ilusión que miedo”. Ese mismo día, el jugador que de niño veía los partidos por televisión logró su primer gol ante Leo Maciel, quien con el tiempo acabaría siendo su compañero en Irún.
Asier representa a esa nueva generación de deportistas que compaginan la élite con la formación académica. Mientras compite en la Liga ASOBAL, estudia Educación Primaria, consciente de que el balonmano no dura para siempre.
"Es muy importante tener un plan B", explica a HA10. Esta mentalidad también se refleja en su juego. Se define como un jugador adaptable, directo y con una gran intensidad defensiva, cualidades que le permiten rendir en ambos lados de la pista.
Tras una etapa en Cangas, donde vivió una exigente lucha por la permanencia —“un momento de incertidumbre que no se lo recomiendo a nadie”—, ha encontrado estabilidad en Burgos. En Aranda de Duero ha hallado un equipo y una afición con la que se siente plenamente identificado.
Para Iribar, el balonmano va mucho más allá de las estadísticas o los viajes. Es, sobre todo, las personas que conoces en el camino. Su consejo para los que empiezan resume su filosofía de vida: “Hay que escuchar a los que saben más. Saber que estás haciendo cosas mal es duro, pero es lo que te hace mejorar”.
Con el grado de Magisterio a punto de terminar y la portería rival siempre en el punto de mira, Asier Iribar sigue escribiendo su propia historia. Una historia donde el apellido es de leyenda, pero el recorrido es, estrictamente, mérito prop
Ana Cristina Gervás: un rápido ascenso a la élite dentro del jiu-jitsu
Nerea Mateos / 27-04-2026
El jiu-jitsu brasileño continúa expandiéndose en España y, dentro de ese crecimiento, aparecen perfiles como el de Ana Cristina Gervás, una competidora que ha acelerado su progresión en pocos años. Desde Torrejón de Ardoz, su evolución refleja constancia competitiva y una rápida adaptación a la exigencia del alto nivel.
Gervás comenzó en este deporte en 2020 casi por casualidad. “Simplemente quería hacer un arte marcial. Probé varios y me quedé con el jiu-jitsu, me enamoré del deporte”, explica a HA10. Lo que empezó como una búsqueda personal terminó orientándose hacia la competición. “Como siempre me ha gustado competir, me esfuerzo al máximo y cuando te obsesionas con algo y pones todo tu foco en ello, salen los resultados”.
En su palmarés ya figuran títulos de campeona de España y de Europa. Este último ocupa un lugar especial por su carga emocional: “El de Europa, lo conseguí el día que mi padre cumple años”. El campeonato, disputado en Lisboa, dejó una doble huella: “Un viaje familiar increíble, me vieron ganar cada lucha desde la grada”. Para lograr el oro tuvo que superar cinco combates, con una semifinal especialmente exigente: “Iba perdiendo y acabé finalizando la lucha llevándome la victoria”.
Su experiencia internacional también le ha permitido comparar contextos competitivos. En Abu Dhabi, uno de los epicentros del jiu-jitsu mundial, percibió diferencias claras: “La diferencia que noto es la profesionalidad con la que tratan al deporte. En Abu Dhabi hasta se televisa”.
Sin embargo, su progresión no ha sido lineal. Actualmente se encuentra en proceso de recuperación tras una operación de hombro. “Ahora mismo estoy preparándome para el Europeo en Roma sin kimono”, señala para HA10. La lesión, lejos de frenar su dinámica, introduce un nuevo elemento en su carrera: la gestión de la incertidumbre física.
El componente mental es, para ella, determinante: “Lo mental siempre”. Para afrontar la presión competitiva recurre a la meditación: “Meditando”. Una idea que conecta directamente con su visión del combate: “En el combate, aunque empieces perdiendo, si sabes gestionarlo, puedes acabar ganando”.
Su rutina diaria combina preparación física y técnica: “Entrenamiento de fuerza y después doble entrenamiento de jiu-jitsu". Un volumen de trabajo sostenido que, según destaca, no sería posible sin su entorno: “Mi familia”.
A corto plazo, sus objetivos pasan por el Campeonato de Europa y el Mundial sin kimono en Estados Unidos. A largo plazo, mantiene una ambición clara: “Sí, ganar el mundial en Abu Dhabi y California”.
Para quienes se plantean iniciarse en este deporte, deja una reflexión desde su experiencia: “Que sea paciente, y que te ayuda más de lo que crees. Te evade de todos los problemas que puedas o hayas tenido en el día, ya que te exige cierta concentración para aprender la técnica y después aplicarla en lucha. Es como meditar”.
En una disciplina en crecimiento dentro del panorama nacional, Gervás representa un perfil en evolución, marcado por la competición temprana, la exigencia diaria y una clara orientación hacia objetivos internacionales.
26-04-2026 / Entrevistas con Matías José Pascual, Pablo del Río, Biel Llanes y Adrián Pos tras el Rivas -- Igualada (OK Liga Masculina de Hockey sobre Patines)
Bea Parrón: “No estábamos siendo lo decisivas que deberíamos al principio”
25-04-2026 / Entrevistas con Bea Parrón, Sandra Abadía, Ariane Nascimento da Silva y Noelia de las Heras tras el Futsi Atlético - Chiloeches (Primera División Femenina de Fútbol Sala)
Francisco Paniagua: “Prefiero perder 12-0 a que se rían de mi”
25-04-2026 / Entrevistas con Francisco Paniagua, Asier Llamas, David Segovia y Juan Pablo Cuello tras el Inter -- Xota (Primera División Masculina de Fútbol Sala)
Matías Díaz: De la tierra batida al éxito en el pádel
Alberto Martín / 24-04-2026
La historia de Matías Díaz Sangiorgio no se entiende sin el sonido de una pelota golpeando. Aunque hoy es una referencia del pádel mundial, su camino comenzó lejos de los muros de cristal. Como muchos jugadores de su generación, sus inicios estuvieron ligados al tenis sobre tierra batida. "Comencé en el mundo de la raqueta muy temprano, a los cuatro años, de la mano del tenis", recuerda sobre una infancia marcada por la raqueta. Sin embargo, el destino le tenía preparado un cambio de disciplina.
A principios de los años 90, mientras Matías entraba en la adolescencia, el pádel comenzó a expandirse en Argentina y pasó de ser un deporte minoritario a ganar presencia en el país. Fue un cambio de etapa que vivió junto a su hermano, en un contexto en el que todavía era una disciplina incipiente. "A los doce o trece años, mi hermano y yo vivimos de cerca el nacimiento de una era, en aquel entonces era un deporte casi inexistente", revive esos momentos de transición para HA10. Lo que empezó como una curiosidad pronto se transformó en el inicio de su carrera deportiva. Con la base competitiva del tenis, comenzó a destacar en categorías inferiores y a competir de forma oficial cuando el pádel aún estaba en proceso de profesionalización.
Ese punto de partida fue el inicio de una trayectoria que lo mantuvo durante más de tres lustros en la élite. Permanecer quince años en el top ten mundial exige más que talento: requiere adaptación constante y regularidad. Matías, conocido como el "Warrior", se consolidó como un jugador competitivo y fiable, tanto para sus compañeros como para sus rivales. A lo largo de su carrera, ha compartido pista con jugadores como Cristian Gutiérrez, Ale Galán o Paquito Navarro.
Pese a ello, Matías evita señalar a un único compañero como clave de su éxito. Para él, el pádel es un deporte de construcción conjunta. "Resulta difícil destacar a una sola persona, ya que sería restarle valor a todos los compañeros que me ayudaron a sostenerme en ese nivel", confiesa a HA10. Jugadores como Miguel Lamperti, Maxi Sánchez o Franco Stupaczuk forman parte de una amplia lista de compañeros que marcaron su trayectoria.
Matías entendió pronto que en el pádel profesional el rendimiento individual no es suficiente sin conexión con la pareja. Su gestión de los momentos decisivos fue una de las señas de identidad de su carrera. "Los mejores no solo juegan bien, sino que logran que su compañero juegue mejor", afirma.
Con el paso del tiempo, la energía que antes volcaba en la competición se ha trasladado a la formación. Tras su retirada del circuito profesional, sigue vinculado al pádel desde el ámbito formativo. En las academias, su mensaje a los jóvenes combina exigencia y realismo. Para Matías, la diversión es el punto de partida, pero el alto nivel requiere compromiso. "Intentamos inculcarles tres pilares: trabajo, perseverancia y humildad", explica sobre su labor como entrenador. Es consciente de que el talento es importante, pero no suficiente. "Debemos ser realistas, para ser profesional se necesitan condiciones especiales, pero lo que sí está al alcance de todos es la capacidad de entregarse al máximo".
Hoy, al mirar atrás, Matías valora su carrera con perspectiva. No busca grandes reconocimientos, sino el impacto dejado en compañeros y entorno. Se despide de la competición con la satisfacción de haber mantenido una trayectoria coherente. "Me retiro con la satisfacción de haber sido un jugador que respetó el deporte y a quienes lo forman", concluye. Para Matías Díaz, el pádel empezó como un juego, se convirtió en profesión y terminó siendo una forma de entender su vida.
En un deporte que muchas veces pasa desapercibido, hay trayectorias que se construyen lejos del foco, pero con una constancia y una pasión que terminan marcando la diferencia. Entre ellas está la de Ana Juárez. Esta jugadora llegó casi por casualidad al billar, pero con el tiempo ha ido abriéndose camino hasta situarse entre las mejores de Europa.
Sus inicios tienen algo de cotidiano. Todo comenzó en la infancia, entre bares y mesas de pool, observando a su padre. “Yo veía a mi padre que más o menos sabía colocarse y pegarle bien”, recuerda. Fue él quien le propuso dar el paso y probar en un club de Palma. Aquella decisión, tomada casi como un plan de verano, acabó cambiándolo todo.
Las primeras clases llegaron de la mano de su entrenador, Carlos Crespo, y pronto el entorno hizo el resto. “Era gente de mi edad, mi entrenador siempre ha sido muy bueno con los niños… y me gustaron mucho las clases”, explica. Lo que comenzó como una actividad puntual fue ganando peso poco a poco: primero con entrenamientos semanales y, más adelante, con sus primeras competiciones.
Uno de los momentos clave llegó en un Campeonato de España sub-15 en Murcia. Allí descubrió que no estaba sola en ese camino. “Fue ver que había más niños de mi edad que jugaban… y conocí a otra chica, porque en mi club solo estaba yo”, cuenta. Aquella experiencia no solo le permitió competir, sino también comprobar que había más jóvenes que compartían su afición, algo que le dio el empujón definitivo para implicarse de lleno en el deporte.
Sin embargo, crecer en el billar no siempre ha sido fácil. Más allá de la exigencia técnica, existe una barrera cultural que todavía pesa sobre este deporte. “Hay gente que no lo ve como un deporte”, afirma. La asociación con el ocio en bares sigue siendo un prejuicio habitual, aunque ella lo tiene claro: “es un deporte como los demás, federado, que no tiene nada que ver con estar en un bar tomando una cerveza”.
En su caso, además, compite en la modalidad de tres bandas, aún más desconocida para el gran público. Aun así, percibe cierta evolución con el paso de los años. “Ahora la gente lo entiende más que cuando yo era pequeña”, reconoce, sorprendida incluso cuando alguien distingue entre modalidades de juego. Pequeños avances que, para quienes viven el deporte desde dentro, tienen valor.
No fue hasta 2019, cuando disputó su primer europeo con solo catorce años, cuando su relación con el billar dio un salto importante. “Fue ahí cuando me lo empecé a tomar más en serio”, explica. Aquella experiencia le abrió los ojos sobre el nivel real del billar y le impulsó a aumentar su dedicación, dejando atrás otros deportes que practicaba hasta entonces. A partir de ahí, el entrenamiento pasó a ocupar un lugar central en su vida. Porque si hay algo que define este deporte es la exigencia constante que hay detrás. “Son muchas, muchas, muchas horas”, insiste. Horas de precisión, repetición y concentración absoluta. Un trabajo que muchas veces no se percibe desde fuera, pero que resulta imprescindible para competir al más alto nivel.
Esa exigencia también se traslada a su día a día. Compaginar el billar con sus estudios universitarios de bioquímica ha sido uno de los grandes retos. Para lograrlo, ha tenido que reorganizar su formación y adaptarla a su ritmo competitivo, alargando una carrera de cuatro años a seis. Aun así, la rutina sigue siendo intensa: entrenamientos, viajes, competiciones… y estudio en cualquier momento disponible. “Cuando acabo la competición me pongo a estudiar en el hotel o en el aeropuerto”, explica.
Como en cualquier deporte de alto nivel, el camino también implica renuncias. “He tenido que renunciar muchas veces a planes”, admite. Especialmente en su etapa más joven, cuando veía cómo su entorno llevaba una vida más tranquila. Sin embargo, el billar también le ha dado algo difícil de encontrar fuera de él: amistades en las que no importa la edad. Como ella misma explica, en el billar hay gente de edades muy diferentes con las que, tras ver campeonato tras campeonato, acaba formando una relación. “Son amistades muy bonitas… gente con la que no coincidirías nunca en la vida”, destaca para HA10.
No obstante, en el ámbito femenino la realidad es clara: hay menos visibilidad y menor participación. “Somos muchísimas menos”, explica. Aun así, defiende la importancia de las competiciones femeninas como herramienta para fomentar la presencia de mujeres en el deporte, sin dejar de competir también en torneos mixtos siempre que sea posible.
Para quienes no conocen el billar desde dentro, insiste en desmontar tópicos. “Mantener la concentración durante una hora y media o dos es muy difícil”, señala. A eso se suma la precisión, el conocimiento técnico y la capacidad de gestionar la presión en momentos clave. Elementos que convierten cada partida en un desafío constante.
En cuanto a su presente, los resultados reflejan una progresión sólida, con varias medallas en campeonatos de España y un puesto entre las mejores en Europa. “Mi objetivo principal siempre ha sido llegar a ser campeona de España”, afirma. Un reto ambicioso, pero coherente con su trayectoria.
Más allá de los resultados, su discurso se mantiene firme en una idea: el billar es un camino largo. “Siempre puedes seguir aprendiendo”, asegura. Y quizá ahí está una de las claves de su crecimiento: entender que el éxito no llega de golpe, sino a través de años de trabajo constante.
En un deporte que todavía lucha por hacerse visible, Ana Juárez representa a una generación que avanza paso a paso, sin ruido, pero con determinación. Porque a veces, los caminos menos visibles son también los más exigentes… y los que más dicen de quien los recorre.
Manuel Ochoa, una experiencia agridulce en París y la mirada puesta en Los Ángeles 2028
María Garlo / 23-04-2026
El piragüista gallego Manuel Ochoa es una de las principales referencias del kayak cross español, alcanzando la cima con su participación en los JJOO de París 2024. “Yo empecé cuando tenía siete años porque mi hermano ya lo practicaba”, reflexiona Ochoa sobre sus comienzos en el piragüismo. Desde el primer momento en que comenzó a remar, se enamoró de este deporte: “Es muy chulo, se practica en un entorno natural y las sensaciones con el agua son increíbles y pues eso me enganchó respecto a otros deportes”, comenta para HA10.
Este camino hacia la élite no fue inmediato, sino resultado de un proceso progresivo. Como el propio Ochoa nos comenta, “ha sido una carrera muy larga, desde pequeño nunca pareció que fuese a ser un piragüista olímpico”. Sin embargo, su ambición y trabajo constante lo hicieron ir mejorando poco a poco y pasó de estar en el centro de Pontevedra con dieciséis años a clasificarse con el equipo sub-23 y más tarde al absoluto y “cuando ya no había más que pedir, pues los juegos olímpicos”, añade.
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria llegó en la Copa del Mundo de Praga 2024, donde logró una victoria decisiva: “Decidí apostar por el kayak cross y bueno, llegamos con muchas ganas, pero era algo extremadamente difícil, eran solo tres plazas”, explicaba el piragüista. “Cuando te ibas acercando a las semifinales ya no te lo creías mucho, decía: ¿dónde estoy?, y después, en la final ya teníamos la plaza olímpica y ya era disfrutar”, comentaba para HA10. Aquel resultado le permitió asegurar la plaza olímpica para España, aunque todavía quedaba por resolverse quién la ocuparía: “Fue un proceso largo, no teníamos ni la más remota idea de los criterios, y pues un día recibo una llamada del director técnico diciéndome que me iba a París y yo aún no me lo creía y después ya se hizo real y fui asumiéndolo”, señala Ochoa.
En los Juegos Olímpicos de París, Ochoa finalizó en decimocuarta posición. El piragüista reconoce que llegó en un muy buen momento: “Estaba muy preparado, me sentía muy bien, tenía cada parámetro donde tenía que estar”, aunque “un error muy situacional, incluso interpretable” condicionó su resultado. “Yo tengo claro que había posibilidades de ganar una medalla y era bastante realista, pero bueno, eso hay que utilizarlo para reforzar la confianza”, afirma.
Sus victorias en La Seu d’Urgell un año después y en la Copa Internacional Pirineos este pasado marzo confirman su gran potencial y esa línea ascendente: “Creo que hay cierta consistencia y todo lo que se valore como positivo a nivel de rendimiento, utilizarlo para reforzar la confianza”, expone Ochoa.
En un deporte que se practica en un entorno tan cambiante y marcado por la incertidumbre como es el kayak cross, la preparación mental es crucial, ya que es muy fácil que se degrade la confianza. “Antes de la competición pasan muchas cosas por tu cabeza y lo que tengo claro es que hay equis intervalos de horas que estoy analizando y planteando objetivamente lo que tengo y puedo hacer y una vez este momento pasado ya me da igual que pasen los pensamientos que quieran porque tengo confianza”, reflexiona. Este proceso le permite confiar en el trabajo que ha hecho y que cuando se sube a la rampa su mente esté cien por cien concentrada en la bajada.
Detrás de cada descenso, hay un trabajo constante que muchas veces no se percibe: “Hay mucho condicionamiento físico, gimnasio, condicionamiento específico, sesiones diarias y muchas horas en el agua para afianzar los patrones de movimiento y mejorar ese componente técnico”, explica Manuel Ochoa. Como el mismo afirma, el kayak cross “es un deporte con una curva de aprendizaje lentísima y una mejora difícil”, por lo que hay que invertir mucho tiempo. Sin embargo, Ochoa no lo percibe como un sacrificio: “Yo hago lo que me gusta, entreno porque me gusta, estoy feliz”, declara. Pese a esto, reconoce que existen momentos de dudas donde se pregunta: “¿Qué hago aquí, que llevo veinte años haciendo lo mismo?, pero luego se te pasa y sigues”.
Al mirar atrás, el piragüista tiene claro el mensaje que le daría a su yo del pasado: “Que disfrute y sobre todo que siga trabajando, porque le va a dar muchas alegrías”, reflexiona.
Mirando al futuro, su objetivo más próximo es prepararse para el ranking selectivo para los Juegos Olímpicos: “Quiero mejorar y no quemarme mucho con las competiciones para, cuando llegue el momento de luchar por una plaza, estar ahí cien por cien”, afirma el deportista.
Para Manuel Ochoa, el kayak cross es mucho más que una disciplina: “Es una descarga de frenesí y al mismo tiempo una prueba de ingenio”, concluye.
Pasión, sacrificio y crecimiento en el fútbol sala femenino: la historia de Ale Rochel
José Luis Vadillo / 22-04-2026
El fútbol sala femenino continúa creciendo impulsado por historias como la de Ale Rochel, jugadora del Atlético Torcal, que en esta entrevista con HA10 repasa su trayectoria, sus aprendizajes y la realidad de un deporte que, en sus palabras, “todavía está infravalorado”.
Su relación con el fútbol comenzó pronto. “Empecé a los diez años, elegí el fútbol porque desde pequeña jugaba todas las tardes con mis amigos”, explica en declaraciones a HA10. Con el tiempo, lo que empezó como un entretenimiento terminó convirtiéndose en algo central en su vida: “El fútbol para mí supone una parte muy importante y esencial en mi vida, es mi felicidad y un sueño para mí”.
El paso al fútbol sala llegó tras comparar ambas disciplinas. “Escogí el fútbol sala porque, una vez que probé el fútbol sala y el fútbol césped, la manera de jugar y cómo se veía me gustó más”, señala.
Sus inicios estuvieron ligados a su entorno más cercano. “Empecé en el equipo de mi pueblo, en el Torremolinos F.S, probé en otros equipos de pueblos cercanos pero preferí quedarme aquí”, cuenta a HA10. Su integración fue inmediata: “En el primer entrenamiento ya me dijeron que me quedase en el equipo”, un respaldo que marcó sus primeros pasos.
Si tuviera que definir su vínculo con el fútbol en una sola palabra, lo tiene claro: “Pasión”.
A lo largo de su carrera ha atravesado momentos determinantes. Uno de los más significativos fue el ascenso a Primera División. “El año que subimos a primera fue un cambio muy grande”, recuerda. Un logro que quedó grabado también por su celebración: “Fue sobre el 2021-2022, lo celebramos a la vuelta en el bus con todo el equipo”.
En su desarrollo han sido clave las personas de su entorno. “Mi familia y dos entrenadores que tuve, por su apoyo porque creyeron en mí”, destaca en HA10. Sin embargo, su trayectoria también ha estado marcada por dificultades, tanto físicas como deportivas. “En 2022 me rompí parcialmente el ligamento cruzado posterior porque nunca había tenido una lesión de tanta gravedad”, explica. A ello se suman momentos colectivos complicados: “La primera vez que descendimos fue un palo para todas”.
Su visión sobre el fútbol sala femenino es clara. “Creo que no del todo recibe el reconocimiento que merece actualmente, está infravalorado”, afirma. A su juicio, el problema radica en la falta de visibilidad y recursos: “Principalmente por la falta de visibilidad y apoyo. No se le da la misma difusión ni inversión que al masculino, y todavía hay prejuicios hacia el deporte femenino”.
En esta línea, insiste en la importancia de la promoción. “El problema no es que no se vean los partidos, es que no se les da suficiente publicidad. El cambio clave sería mejorar la promoción y la difusión para atraer más público”, explica a HA10.
La exigencia del alto nivel también impacta en su vida fuera de la pista. “A veces se me hace un poco cuesta arriba porque hay que sacar tiempo de donde sea, ya sea en los viajes o después de los entrenos. Es complicado, pero hay que tener mucha disciplina”, reconoce sobre la dificultad de compaginar estudios y competición.
De cara al futuro, mantiene objetivos definidos. “A nivel personal, crecer futbolísticamente y ser importante para el equipo, y a nivel colectivo conseguir la permanencia cuanto antes”, señala. También tiene claro su camino más allá del deporte: “Cuando termine tengo claro que quiero dedicarme a algo relacionado con lo que estudio, porque es de lo que quiero vivir”.
Entre sus recuerdos más especiales, hay uno que sobresale: “Cuando ganamos el primer campeonato de España de selecciones en Galicia, lo celebramos durante todo el camino”.
La trayectoria de Ale Rochel ilustra el esfuerzo constante de muchas jugadoras que, lejos del foco mediático, siguen impulsando el crecimiento del fútbol sala femenino.
Mantovani: de casi dejar el fútbol al ascenso histórico con el Leganés
David Revilla / 21-04-2026
Martín Mantovani es un mito en Leganés. Como pepinero vivió sus mejores años como jugador, encadenando dos ascensos consecutivos desde Segunda B hasta Primera División. Capitán desde la defensa, fue la prolongación del entrenador sobre el campo y uno de los líderes del equipo dirigido por Asier Garitano.
El argentino tuvo que trabajarse cada oportunidad, y el éxito le llegó de forma tardía. Antes de los focos y de la élite con el Leganés, tuvo que pelear y arriesgarlo todo por el fútbol: “Estuve a punto de dejar el fútbol. Tenía veintiún años y hubo un momento en el que tuve una conversación con mi padre que me dijo: bueno, qué pasa”, comenta a HA10.
En ese momento apareció una figura clave: Juan Esnáider. “Por medio de Juan Esnáider me vine a probar al Atlético de Madrid y, cuando me lo dijeron, para mi fue una locura. Me cambió la vida. Sabía que era mi última oportunidad y la tenía que coger”. Pasó cuatro años en el Atlético, donde coincidió en su última etapa con Koke: “Él tenía dieciséis años. Era un chico que prometía, que tenía mucho futuro, pero no pensaba que fuera a hacer el recorrido que hizo. Sigue manteniendo la fuerza, carácter. Es increíble lo que está consiguiendo”.
Entre 2010 y 2013, Mantovani pasó por tres clubes de Segunda B: Cultural Leonesa, Atlético Baleares y Oviedo. Actualmente, la situación es muy diferente para el conjunto asturiano, que compite en el fútbol profesional. “Se merecía estar ahí. Estaban haciendo las cosas muy bien y además tiene una masa social muy grande. Te pones feliz por una ciudad que respalda a su equipo de la forma en que lo hacen ellos”.
En 2014 llegó al Leganés “de casualidad”, cuando el equipo militaba en Segunda B. “Me encontré en el mejor momento, en el mejor lugar y con los mejores compañeros”, relata a HA10.
Solo dos temporadas después, el conjunto pepinero alcanzaba la Primera División. “Una locura, impensado. Fue muy bonito, lo disfruté un montón. Lo viví con mucha pasión y alegría, con mi mujer y mis hijas”. Mantovani señala una de las claves del éxito: “Debes tener un plus. Hay una parte humana básica. Cuando todos los jugadores van a una tienes más posibilidades de ganar que de perder. Y así sucedía, creíamos en nosotros. El valor humano es lo que hace la diferencia”.
Un ascenso que tiene un nombre propio por encima de todos: Asier Garitano. “Era el líder y nadie discutía de ello. Confiábamos en lo que decía, aunque no estuviéramos de acuerdo. Tenía un carácter y una forma de llevar al grupo muy buena. Era una persona que daba tranquilidad en todo, tanto en momentos buenos como malos”.
Debutó en Primera en 2016, con treinta y dos años. El sueño de toda una vida se había cumplido y, además, le tocó enfrentarse a los mejores del mundo: “Era la mejor etapa de primera. Es como si tuviéramos a Pelé y Maradona juntos. Messi y Cristiano, poder vivir eso contra ellos, con un gran Real Madrid, Barcelona, Atlético del Cholo”.
La adaptación a la élite fue exigente. “Se notaba mucho la diferencia entre Segunda y Primera. Llego a Primera con treinta y dos. A medida que cumplo más años, aumenta la dificultad”. Pese a ello, el Leganés logró la permanencia en sus dos primeras temporadas en la máxima categoría: “Las categorías están para algo y las diferencias están en la velocidad, fuerza, táctica”.
El crecimiento del club fue evidente también fuera del campo: “A los tres días de venir a Leganés nos llevan a firmar camisetas en la Plaza Mayor. Había veinticinco personas. Cuando pasan tres años y subimos, hacemos la fiesta de presentación del equipo en la misma plaza. Había más de siete mil personas. Ahí te das cuenta del cambio”. También a nivel estructural: “El club crece en estructura, departamentos. Se hace la instalación deportiva. Pasas de ser un club de barrio a ser un club de Primera División”.
En 2018, tanto Mantovani como Garitano cerraron su etapa en el Leganés tras cinco temporadas para la historia del club: “El ciclo terminó cuando tenía que terminar”.
Su siguiente destino fue Las Palmas, con un objetivo claro: “Quería llevar a Las Palmas a Primera, no pude conseguirlo y es algo que se me quedó marcado”. A mitad de temporada se marchó cedido al Huesca, donde disputó sus últimos partidos en Primera: “Huesca fue un paso fugaz pero bonito”. Se despidió de la élite frente al Leganés, en un encuentro peculiar en el que marcó tres goles: dos para el Huesca y uno en propia puerta: “Tengo el balón del último partido. Hice tres goles”, explica a HA10.
Tras su retirada, llegó la Kings League, una competición que inicialmente rechazó. “Me llamaron tres veces, en las tres dije que no. A la cuarta dije que sí y me metí en un mundo que no conocía, de streamers, youtubers. La final se juega en el Camp Nou y yo pienso: quiero que mis hijos me vean en el Camp Nou. Llegamos a la final, un evento espectacular y encima salimos campeones, soy MVP, meto dos goles. Me ayudó mucho para superar el momento post retiro, te saca el ‘bichito’ de querer jugar”.
Para Mantovani, la Kings League tiene recorrido, especialmente entre los más jóvenes: “Entre los jóvenes es un producto que se va a mantener y se va a disfrutar bastante tiempo”.
Actualmente, Mantovani sigue vinculado al fútbol y al Leganés, donde desde 2024 ejerce como embajador del club.
José “Chumi” Ortega, el valor del proceso hasta la élite del baloncesto
Alejandro Hernández Blázquez / 21-04-2026
Con solo dieciséis años, dejó su pueblo, Yecla, para perseguir un sueño: ser jugador de baloncesto profesional. Sin focos y con una gran mentalidad, apostó por sí mismo. Doce años después, José Ortega Soriano juega en el Andorra y se ha consolidado en la ACB tras superar los cien partidos en la competición. Su historia, sin embargo, no es la de un ascenso meteórico, sino la de un jugador que ha crecido desde el trabajo, la paciencia y, sobre todo, la constancia, según el seguimiento de HA10.
Tiene claro cuándo empezó a creer que podía tener un futuro en el baloncesto: “En el momento que salí de mi pueblo y me fui a Murcia con dieciseis años en busca de un sueño. Ahí fue cuando vi que realmente tenía posibilidades de dedicarme al baloncesto”. Aquel fue el primer paso de un camino largo en el que el proceso ha sido clave en la construcción de su identidad como jugador.
“Cada cual tenemos nuestro propio camino, a veces es más rápido o más lento, pero nos convertirá en nuestra mejor versión”. Una frase que resume su recorrido por distintas categorías hasta asentarse en la élite. Más allá de lo físico o lo técnico, Ortega pone el foco en un aspecto menos visible: la evolución mental.
Su paso por Murcia y Palencia, donde fue nombrado MVP de la final de 2023 por el ascenso a la ACB, le ha permitido crecer: “Soy un jugador más desarrollado, con un mejor trabajo mental y más conocimiento del juego”. Esa madurez le ha ayudado a sostenerse en la máxima categoría del baloncesto español, donde el margen de error es mínimo y la regularidad marca la diferencia.
Desde una de sus principales referencias, su padre, José Ortega Chumilla, interiorizó parte de la mentalidad necesaria en el deporte de élite: “ No dejar de luchar y pase lo que pase, terminar el día tranquilo de que has hecho todo lo posible por ser mejor o ayudar al equipo a conseguir objetivos”.
Alcanzar los cien partidos en la ACB es, para él, algo más que una cifra: supone la confirmación de que el proceso ha merecido la pena. “Es un hito que me hubiera costado creer que conseguiría cuando era pequeño”. Y añade: “No hay un camino perfecto, pero si te centras en disfrutar del mismo pueden llegar momentos inimaginables gracias al trabajo y la disciplina”.
Sobre la pista, Ortega ha construido su identidad desde el trabajo menos visible. Él mismo señala dónde ha experimentado una mayor evolución: “En el aspecto defensivo, ya que es donde más partido saco en mi juego”.
Una declaración que refleja su rol dentro de un equipo como Andorra, donde cada detalle cuenta: “Cometer los mínimos errores posibles y jugar con valentía”.
Si hay un momento en el que el peso de la mente se hace evidente es en los tiros libres. Con un 83,3% a lo largo de su carrera, Ortega señala el factor psicológico como determinante desde la línea de 4,60: “Los tiros libres creo que se determinan por un aspecto mental”.
Esa misma mentalidad le ha permitido gestionar los momentos complicados, inevitables en cualquier carrera deportiva: “Cuando las cosas no salen como uno quiere, lo que me ha funcionado es centrarme en todo lo que puedo controlar cada día”. Una reflexión que trasciende el baloncesto y explica, en gran medida, su capacidad para mantenerse competitivo.
No es casualidad que, al hablar de la ACB, vuelva a incidir en la importancia de la fortaleza mental para sostenerse en la élite: “Los jugadores que mentalmente son capaces de aguantar la dureza de esta liga son los que suelen permanecer en ella durante años”. Más allá del talento, la resistencia psicológica aparece como un factor determinante en el alto rendimiento.
Con la mirada puesta en el futuro, Ortega también tiene claro que la carrera deportiva no es eterna: “La gestión financiera personal es fundamental de cara a tener un futuro mejor, a medio o largo plazo”. Sin embargo, su objetivo va más allá de lo económico: “Quiero una vida en la que pueda dedicar tiempo a la gente que quiero y un trabajo en el cual me sienta a gusto y feliz”.
Finalmente, deja una reflexión aplicable tanto al deporte como a la vida: “El pasado no se puede cambiar, pero sí puedes mejorar el futuro a través de las acciones diarias”, concluye en HA10.
Mario Nevado, del balonmano madrileño a la élite con Bidasoa Irún
Alberto Martín / 20-04-2026
El balonmano madrileño ha sido tradicionalmente un vivero de talento que ha alimentado la élite nacional durante años. En ese contexto creció Mario Nevado, formado en la Comunidad de Madrid y actualmente una de las piezas importantes del Bidasoa Irún. Su trayectoria es la de un jugador que ha ido creciendo paso a paso, desde la base hasta la competición europea, sin perder el vínculo con sus orígenes ni con una idea muy clara del deporte.
Nevado comenzó su formación en las categorías inferiores de Madrid, pasando por distintos clubes de la zona como parte de su proceso de desarrollo. Su evolución le llevó a integrarse en estructuras competitivas cada vez más exigentes, hasta consolidarse como uno de los jugadores con mayor proyección de su generación en el balonmano madrileño.
“En juvenil de segundo año, el COVID nos cortó las alas”, recuerda para HA10 con cierta nostalgia. Aquella etapa marcó a una generación del Alcobendas en la que coincidía con jugadores como Javi Rodríguez, Nico Cardoso o Sergio Ablón, un grupo que apuntaba alto antes de la interrupción de la competición. “Teníamos un equipo para pelear medallas contra él Barça, estábamos todos subiendo ya con el Plata”. A pesar de esa ruptura, su progresión no se detuvo y acabó debutando en la máxima categoría con apenas dieciséis años. El propio jugador matiza aquel momento con naturalidad: “por necesidad del equipo”, una experiencia que le ayudó a adaptarse al alto nivel desde una edad muy temprana.
Uno de los puntos de inflexión en su carrera llegó en Nava de la Asunción, donde jugó durante dos temporadas en un entorno muy ligado al balonmano. Allí vivió una etapa de crecimiento tanto deportivo como personal, en un contexto donde la conexión con la afición es especialmente estrecha. “En Nava te quieren por la entrega, por sudar la camiseta y luchar cada balón, no solo por meter goles”, confiesa emocionado al recordar el homenaje que recibió recientemente al volver como visitante.
Actualmente en su primera temporada en el Bidasoa Irún, Nevado ha dado un salto competitivo importante, incluyendo su debut en competición europea. Su rendimiento ofensivo ha sido notable, con ciento trece goles en treinta y cinco partidos, consolidándose como un jugador versátil dentro del sistema del equipo. Él mismo define sus capacidades sobre la pista: “Puedo defender en el dos, en el tres o de avanzado, y en ataque tengo lanzamiento en apoyo y juego con el pivote”. Más allá de lo táctico, destaca su gestión emocional en los partidos: “A mí el error no me hace perder la cabeza; si fallo, pongo el foco directamente en el siguiente balón”
El crecimiento del jugador le ha llevado también a cumplir uno de sus grandes hitos: debutar con la Selección Española Absoluta en noviembre de 2023. “estaba bastante nervioso, es una responsabilidad que pesa pero enorgullece”, reconoce sobre esa experiencia.
Nevado también ofrece una visión crítica sobre el contexto del balonmano español en comparación con otras ligas europeas. “Cuando vas fuera y ves las instalaciones del Kiel, parece otro deporte. Aquí los clubes se dejan la vida, pero falta apoyo de instituciones y patrocinadores. Somos deportistas de élite en una liga que sigue siendo mileurista”. Una realidad que, según explica, influye directamente en la planificación de futuro de muchos jugadores, incluido él mismo, que compagina su carrera deportiva con los estudios de Economía con la vista puesta en la gestión deportiva.
De cara a las nuevas generaciones, su mensaje se aleja de la presión por llegar a la élite y se centra en el disfrute del proceso. “Yo nunca tuve el objetivo de llegar a la selección ni jugar en Europa. Mi objetivo era pasármelo bien”, afirma. “Si con dieciséis años solo piensas en jugar en Asobal y no llega, la frustración te hará dejar el balonmano. Sé feliz, aprovecha el camino y escucha a los que saben. El límite llegará solo”.
Mario Nevado continúa consolidando su carrera en la élite del balonmano español desde una premisa clara: crecimiento progresivo, estabilidad mental y adaptación constante a cada nuevo nivel competitivo.
Dani Clavero: del ciclismo profesional a seguir vinculado al pelotón desde dentro
Alberto Martín / 20-04-2026
Llegar a lo más alto del ciclismo profesional suele imaginarse como un camino que empieza en la infancia, impulsado por la tradición familiar o el entorno. Sin embargo, la historia de Dani Clavero se aleja de ese patrón. Sin antecedentes ciclistas en su familia, su llegada a este deporte fue fruto de una inquietud personal, nacida del simple gusto por salir en bicicleta. "Mis inicios fueron en cadete de segundo año, no tenía ningún antecedente en la familia y por mi cuenta me empezó a gustar salir en bici y así me inicié", recuerda sobre aquellos comienzos. Lo que empezó como una afición fue adquiriendo un carácter más serio cuando decidió dar el salto a la competición. Con apenas quince años, ya estaba inmerso en la disciplina del ciclismo.
En sus primeros años de formación, su referencia era una figura del ciclismo español: Pedro Delgado. “Perico” representaba el carisma y la valentía sobre la bicicleta, y para el joven Clavero se convirtió en un espejo en el que mirarse. " El máximo referente que tuve fue Pedro Delgado", confiesa. Con el paso del tiempo, y a medida que avanzaba en el ciclismo de base, sus referentes dejaron de ser figuras lejanas para encontrarse en su propio entorno competitivo.
La madurez que adquirió gracias al ciclismo también le permitió afrontar la parte menos visible del deporte de élite. El sacrificio comienza mucho antes de las grandes competiciones, en una etapa en la que la vida social queda condicionada. "Los sacrificios son muchos; como empieza a edades tempranas, prácticamente los amigos de la infancia se pierden", explica. La exigencia de competir cada fin de semana, junto a la disciplina diaria —alimentación, entrenamientos y viajes—, dificulta mantener esos vínculos y obliga a compaginar el deporte con los estudios.
Con el salto al profesionalismo, su percepción del ciclismo cambió. Lo que había comenzado como una afición pasó a convertirse en su medio de vida. En este nivel, la exigencia no es solo física, sino también mental, marcada por la incertidumbre constante. "Lo más duro es cuando ya se convierte en tu oficio y depende mucho de la salud, de las caídas, de la suerte; ahí es cuando la cabeza forma parte importante de lo que van a ser tus resultados y tu futuro", afirma para HA10.
El final de su etapa como corredor llegó de forma inesperada. En 2004, cuando se preparaba para una nueva temporada, el fallecimiento de Marco Pantani cambió el rumbo de su carrera. "En el 2004 íbamos a competir ya y desgraciadamente el que iba a ser el líder del equipo, Marco Pantani, falleció; a raíz de eso el equipo no se hizo", cuenta Clavero. En pleno mes de febrero, con las plantillas ya cerradas, se quedó sin equipo y sin margen de reacción.
Lejos de desvincularse del ciclismo, Clavero ha seguido ligado a este deporte desde otras funciones. Tras su paso como director deportivo y seleccionador nacional, actualmente trabaja en el departamento de competición de la marca Spiuk, donde continúa en contacto con equipos de carretera, MTB y triatlón. "Gracias a Dios he seguido vinculado al mundo del ciclismo, estoy muy feliz de lo que ha sido mi pasión, después mi vida y mi profesión, y finalmente ahora mi trabajo y el sustento de mi familia", concluye.
Ignacio Nepote: “Igual nos desordenamos un poco después del gol de ellos y no encontramos los espacios
19-04-2026 /Entrevistas con Ignacio Nepote, Iván Hernández, Jordi Bonastre y Pablo Román tras el Sanse Complutense -- Atlètic Terrassa (División de Honor Masculina de Hockey Hierba)
Jorge Gómez: “El tema físico les ha pasado factura y ahí hemos conseguido sacar ventaja”
19-04-2026 / Entrevistas con Jorge Gómez, Diego Moreira, Andrés Vallejo y Arturo Devesa tras el Alcobendas -- Cisneros (División de Honor Masculina de Rugby)
Lucas Santamaría: “Nos ha faltado esa conexión que tenemos en otros partidos”
18-04-2026 / Entrevistas con Lucas Santamaría, Santiago Gómez, Thierry Youtcheu y Santino Di Prima tras el Liceo Francés -- La Vila (División de Honor Masculina de Rugby)