Natalia Rodríguez, la evolución silenciosa del Jiu-Jitsu español
María Garlo / 29-04-2026
Natalia Rodríguez se ha consolidado como una de las referentes del Jiu-Jitsu español tanto a nivel nacional como europeo. Campeona de España en múltiples ocasiones, la deportista ha logrado hacerse un hueco en el panorama internacional con resultados destacados, como su reciente plata en el Campeonato de Europa 2025 en la categoría de -63 kilos y su bronce europeo en 2025, confirmando su progresiva evolución en esta disciplina.
Su relación con los deportes de combate comenzó desde muy pequeña, con tan solo cuatro años:“Yo empecé haciendo judo porque mi padre quería que mis hermanos y yo nos sacáramos el cinturón negro sí o sí. Al principio no me gustaba, pero cuando cambié de club y mi entrenador, Charly, me dijo que probara Jiu-Jitsu, me enganché por la cantidad de cosas que había dentro del deporte y hasta ahora”, explica Natalia Rodríguez.
Su progresión ha estado marcada por el trabajo constante y el esfuerzo sostenido, en un proceso en el que su entorno ha sido clave. En este sentido, Natalia destaca el papel de su equipo como principal fuente de motivación y desarrollo como deportista:“Mis entrenadores, sobre todo Javier García, y compañeros juegan un papel fundamental en mi motivación y en mi mejora como deportista. El buen ambiente ayuda muchísimo y, como siempre digo, “entreno en una clase llena de campeones”. Siempre hay detalles de cada uno de ellos que me aportan y me hacen mejorar”, comenta para HA10.
El salto internacional llegó acompañado de resultados que marcaron un punto de inflexión en su carrera. Primero, el bronce europeo en 2025 y, posteriormente, la plata continental. Dos logros que vivió inicialmente con incredulidad:“Al principio lo viví como en una nube, no terminaba de creérmelo. Con el tiempo, hablando con mis compañeros, fui consciente de que es algo increíble que no todo el mundo consigue. Aun así, quiero seguir aspirando a más”, recuerda Natalia.
Como en cualquier carrera deportiva de alto nivel, no todos los resultados son positivos. Pese a ello, Natalia interpreta los momentos difíciles como parte fundamental del aprendizaje:
“Creo que no todas las competiciones salen bien, pero lo importante es aprender de los errores, trabajarlos y buscar esos puntos fuertes para salir más segura al tatami”. Esta situación le tocó vivirla tanto en el Mundial 2025 como en el Genoa Open de 2026, donde no consiguió el resultado esperado, pero que le dejaron lecciones importantes:“Me llevo de aprendizaje que hay que escuchar al cuerpo cuando pide que pare, en estas ocasiones iba con lesión y no iba al cien por cien, y también que la parte psicológica es mucho más importante de lo que creía”, explica para HA10.
Más allá del tatami, el alto rendimiento exige un equilibrio constante entre distintas facetas. Natalia compagina formación, trabajo y vida personal, algo que no siempre resulta sencillo:
“Es una vida muy exigente y la realidad es que no siempre tengo ganas. Muchas veces llego a casa cansada pensando en que al día siguiente tengo que madrugar para entrenar, estudiar, trabajar y volver a entrenar. Requiere sacrificar parte de la vida personal”, reconoce la deportista.
En ese contexto, la preparación mental se ha convertido en un elemento clave. Natalia ha incorporado el trabajo psicológico a su rutina competitiva:“Antes no trabajaba la parte psicológica, todo era más caótico. Ahora estoy trabajándola con mi psicóloga, Estrella López, y creo que me está ayudando mucho. Tengo rutinas antes y durante la competición, estudio mis combates y conozco mis puntos fuertes. Para mantener la concentración, me marco objetivos claros y que sé soy capaz de hacer y me enfoco en ellos durante el combate”, explica Natalia.
Todo ello forma parte de un trabajo que, según la propia deportista, muchas veces pasa desapercibido:“Muchas horas, esfuerzo y disciplina. Además, en el caso de las mujeres, hay que añadir la dificultad extra de competir y entrenar con el periodo, especialmente a la hora de dar el peso”.
Tras años en el alto nivel, Natalia Rodríguez lanza un mensaje a quienes empiezan en el Jiu-Jitsu:“Que se animen y que no se rindan si las cosas no salen. En este deporte, para alcanzar objetivos, es fundamental la constancia y la capacidad de seguir adelante y no rendirse”.
De cara al futuro, la deportista tiene claros sus objetivos:“Me gustaría conseguir una medalla en el Mundial de Roma en octubre y clasificarme para los World Games, que son algo así como los Juegos Olímpicos de los deportes no olímpicos”, afirma la deportista.
Para ella, el Jiu-Jitsu es mucho más que una disciplina:“Es el deporte más completo y bonito que existe”, concluye.
Eduard Prades es uno de los veteranos del pelotón. A sus treinta y ocho años, atraviesa uno de los momentos más satisfactorios de su carrera:“yo no tengo fecha límite. Estoy entrenando más a gusto que nunca, me costaba entrenar más antes que ahora. Cada vez me cuesta menos entrenar y me gusta más la bici”.
El inicio de su trayectoria no fue sencillo. Prades tuvo que salir a Portugal para encontrar oportunidades en el ciclismo profesional:“Estuve en 2013 y 2014 hasta mitad de año, porque el equipo no nos estaba pagando. Acabé la temporada en Japón. En Portugal eran carreras continentales, Algarve, Alentejo. Hay mucho calendario, entre equipos continentales y Amateur. Fue un trampolín para ir a Caja Rural”.
Su llegada a Caja Rural le permitió debutar en La Vuelta en 2016, una experiencia marcada por las caídas:“En la quinta etapa tuve una dura caída que me dejó tocado. Estaba para hacer entre quinto y séptimo, pero me caí. Cuando me estaba recuperando, otra montonera. Fisurada una costilla. Acabé la vuelta quedándome en la primera grupeta que se hacía. Las dos últimas etapas de la vuelta empecé a ser persona otra vez. Se hace duro”.
El gran punto de inflexión llegó en 2018, cuando, ya como corredor del Euskadi-Murias, firmó el mejor año de su carrera:“Me salió todo rodado”, cuenta para HA10.
Aquel curso logró victorias en el Tour de Turquía y el Tour de Noruega, además de rozar el podio en una etapa de La Vuelta y desempeñar un papel clave en el triunfo de Óscar Rodríguez:“Me marqué mis etapas. En una pude ser cuarto y estuve en la escapada donde Óscar ganó”.
Una jornada en la que reconoce que pudo “trabajar mucho para él” y que fue “una pasada. Primer año en la vuelta, ganar una etapa, fue algo increíble”.
Ese rendimiento le abrió las puertas del Movistar Team en 2019, donde experimentó un salto de nivel:“te da un plus de nivel que se nota. Correr en carreras buenas se nota que cuando vas a una carrera secundaria tienes ese ritmito de más que se nota”.
Sin embargo, su etapa en el conjunto telefónico se vio condicionada por la mala fortuna. Una lesión y la pandemia marcaron su segundo año, al que se sumó su implicación en la caída del Tour de Polonia:“No pude disfrutar mucho porque al año siguiente fue la pandemia, estuve en la caída de la vuelta a Polonia con Jakobsen y se fue todo al garete. No hubo renovación”.
Durante su paso por Movistar no disputó ninguna gran vuelta, algo que el propio Prades relativiza para HA10:“no es corredor de grandes vueltas, salvo que vaya a por mis dos, cuatro etapas que se puedan adaptar”.
Desde 2022, el catalán milita de nuevo en Caja Rural, donde asegura sentirse plenamente integrado:“muy a gusto. Después de tantos años te sientes uno más, es una familia”.
Un equipo que, además, ha experimentado un notable crecimiento:“Se ha notado en cuanto a la inversión en material. Los sponsors se vuelcan más en el equipo. El corredor lo agradece”.
La estructura navarra afronta ahora un hito histórico con su participación en el Tour de Francia en 2026:“La gente te mira de otra forma cuando corres el Tour”.
Aunque, salvo sorpresa, Prades no formará parte del equipo:“no está en los planes del equipo. Me hubiera gustado después de toda la carrera que llevo. Somos muchos ciclistas, hay mucho nivel y al final hay muchas carreras”.
Donde sí ha estado presente es en la exigente gira de las Ardenas, con pruebas como Amstel Gold Race, Flecha Valona y Lieja-Bastoña-Lieja, en las que el equipo ha dejado buenas sensaciones:“demuestra que el equipo tiene nivel”.
Sobre su rendimiento, explica:“En Amstel estuve cerca, tuve un momento de crisis porque no pude beber y lo acusé.En Flecha Valona tuve una caída. Pude estar adelante, pero una caída me privó de ello”.
Con contrato hasta 2026, su intención es prolongar su vinculación con Caja Rural:
“Es lo más factible continuar en el Caja. Estoy muy agusto, y si me respetan como estoy ahora”.
Y destaca también el ambiente dentro del equipo:“Estamos muy bien, disfrutamos mucho, nos hacemos muchas bromas, siempre nos estamos picando. Esas cosas luego en carrera se notan”.
Por ahora, la retirada no entra en sus planes:“El día que me cueste ir a las carreras, entrenar, será cuando diré, no me merece la pena”.
Un pensamiento que refuerza al fijarse en su hermano, Benjamín Prades, que sigue compitiendo con cuarenta y dos años en Japón:
“Tengo la mirada en mi hermano, que sigue ganando carreras. Cuando viene a España sigue estando adelante”.
Sito Alonso, el arte de adaptar el baloncesto a una identidad propia
Alejandro Hernández Blázquez / 28-04-2026
La forma de entender el baloncesto ha llevado a Sito Alonso a consolidarse como uno de los entrenadores más reconocidos del panorama nacional, a partir de una idea propia de juego que ha evolucionado con el tiempo y ha generado resultados en diferentes etapas de su carrera. El actual entrenador del Murcia, donde ya suma siete temporadas, se ha establecido como una figura reconocible dentro del baloncesto español. Con experiencia en clubes como Joventut de Badalona, Bilbao Basket, Baskonia o FC Barcelona, además de su paso por selecciones como Letonia o España, su trayectoria refleja una carrera marcada por la continuidad y la adaptación. En la actualidad lidera un proyecto en Murcia que ha logrado construir una identidad competitiva estable en la élite del baloncesto nacional e internacional.
Su historia con el baloncesto comienza en el entorno familiar. Hijo de entrenador, creció rodeado de entrenamientos, análisis y conversaciones deportivas que formaban parte de su día a día. “El baloncesto era parte del diálogo familiar constante”, recuerda. Esa influencia le llevó a involucrarse desde muy joven en tareas vinculadas a la formación. Con apenas once años ya dirigía entrenamientos en una escuela de baloncesto.
Los viernes y sábados entrenaba a jóvenes jugadores en la escuela donde su padre ejercía como director técnico. Fue el inicio de un camino profesional que no abandonaría. “A partir de ahí nunca he dejado de entrenar”, afirma. Lo que comenzó como una responsabilidad en el entorno familiar acabó convirtiéndose en el eje de su vida profesional y en la base de su identidad como entrenador.
Su padre, tras verle dirigir sesiones, le lanzó una advertencia que marcaría su evolución posterior. “Me dijo que no quería que entrenara más”, explica para HA10. El motivo no era una cuestión de capacidad, sino de estilo: estaba replicando de forma literal los entrenamientos de su padre, sin desarrollar una propuesta propia.
Lejos de abandonar, decidió volver al trabajo con la intención de modificar su enfoque. Ese momento supuso un punto de inflexión en su formación. “Empecé a mejorar poco a poco y a generar mi propia identidad”.
Desde entonces, el técnico madrileño ha desarrollado una carrera sostenida en el tiempo, hasta convertirse en el entrenador con más partidos dirigidos en la historia del club murciano. La construcción de una identidad propia se ha convertido en uno de los pilares de su filosofía de trabajo. Para Alonso, la exigencia es un elemento central. “La exigencia que te pones a ti mismo es mayor que la que ninguno te pueda poner”. Su método se basa en la autoevaluación constante, el aprendizaje continuo y la adaptación permanente.
Bajo su dirección, el club murciano ha logrado asentarse en la élite del baloncesto español, compitiendo frente a estructuras con mayores recursos económicos. Sin embargo, Alonso insiste en que el desarrollo del proyecto no depende únicamente de la táctica o del talento individual. “Somos un grupo muy unido de personas que dirigen el club junto a los cuerpos técnicos”, explica.
Con recursos limitados, el club ha tenido que apostar por estrategias de crecimiento basadas en la toma de decisiones arriesgadas. En ese contexto se enmarca otra de las señas de identidad del entrenador: la búsqueda de perfiles que encajen en el modelo competitivo. “Cada año hacemos cuatro o cinco apuestas que se ven como locuras, pero que te pueden dar el salto verdadero”.
El entrenador que ha llevado al Murcia a participar en la Copa del Rey, consolidarse en la Basketball Champions League y alcanzar una final de la ACB, prioriza jugadores con ambición competitiva y capacidad de integración en un proyecto colectivo. “La principal característica es que tengan una ambición fuera de lo normal”.
Esta temporada, las bajas de jugadores como Dylan Ennis o Sander Raieste han condicionado al equipo, aunque también han puesto a prueba la capacidad de gestión del cuerpo técnico. “Tiene que ser una ambición sin límites, pero con un pequeño control de la realidad verdadera que tienes como club y como equipo”.
Más allá del rendimiento deportivo, Alonso considera que uno de los cambios más significativos en el baloncesto moderno está en la gestión de las personas. “Lo que más ha cambiado es la manera que tienes que tener de tratar a las personas”. En un contexto cada vez más globalizado, con jugadores de diferentes culturas y perfiles, la adaptación en la gestión humana se ha convertido en un elemento clave del rendimiento colectivo.
Después de tantos años en la élite, Alonso sigue viviendo su profesión como un proceso de aprendizaje continuo. Reconoce haber renunciado a determinadas experiencias personales, aunque lo asume como una elección consciente. “He dejado yo perdérmelo. Y estoy encantado de habérmelo perdido”.
Una reflexión que resume una trayectoria construida desde la exigencia, la continuidad y la consolidación de una identidad propia que comenzó a forjarse en la infancia, cuando entendió que liderar implicaba, ante todo, aprender a construir su propio camino.
Asier Iribar: Del frontón a la élite del balonmano
Alex Daniel Ruiz Agüero / 27-04-2026
En el mundo del deporte, hay apellidos que pesan como el plomo y otros que sirven de vela para navegar. Para Asier Iribar, llevar el nombre de su pariente, el mítico “Txopo” Iribar, nunca fue una carga, sino un motivo de orgullo. Sin embargo, a diferencia de la leyenda del Athletic, Asier decidió que lo suyo no era evitar goles, sino fabricarlos.
Como muchos niños del País Vasco, Asier comenzó practicando pelota vasca y fútbol, donde dio sus primeros pasos como portero. “Se me daba bien”, pero el hambre por el gol pudo más. “Me decanté porque me gustaba más meter goles”, comenta a HA10. Esa decisión le llevaría a las canchas de balonmano, disciplina que descubrió tras asistir a unas fases finales del Campeonato de España en su pueblo natal, una experiencia que le marcó desde el primer momento.
Empezó en las categorías inferiores del Pulpo, pero su progresión le llevó hasta el Bidasoa, donde cumplió el sueño de compartir vestuario con Kauldi Odriozola, uno de sus ídolos. "Siempre le estaré agradecido a la vida por haber podido jugar con Kauldi", afirma.
Su debut en el balonmano profesional fue inolvidable: el Palau Blaugrana frente al Barça. Iribar lo recuerda como una mezcla de respeto y adrenalina. “Sentí miedo, pero tenía más ilusión que miedo”. Ese mismo día, el jugador que de niño veía los partidos por televisión logró su primer gol ante Leo Maciel, quien con el tiempo acabaría siendo su compañero en Irún.
Asier representa a esa nueva generación de deportistas que compaginan la élite con la formación académica. Mientras compite en la Liga ASOBAL, estudia Educación Primaria, consciente de que el balonmano no dura para siempre.
"Es muy importante tener un plan B", explica a HA10. Esta mentalidad también se refleja en su juego. Se define como un jugador adaptable, directo y con una gran intensidad defensiva, cualidades que le permiten rendir en ambos lados de la pista.
Tras una etapa en Cangas, donde vivió una exigente lucha por la permanencia —“un momento de incertidumbre que no se lo recomiendo a nadie”—, ha encontrado estabilidad en Burgos. En Aranda de Duero ha hallado un equipo y una afición con la que se siente plenamente identificado.
Para Iribar, el balonmano va mucho más allá de las estadísticas o los viajes. Es, sobre todo, las personas que conoces en el camino. Su consejo para los que empiezan resume su filosofía de vida: “Hay que escuchar a los que saben más. Saber que estás haciendo cosas mal es duro, pero es lo que te hace mejorar”.
Con el grado de Magisterio a punto de terminar y la portería rival siempre en el punto de mira, Asier Iribar sigue escribiendo su propia historia. Una historia donde el apellido es de leyenda, pero el recorrido es, estrictamente, mérito propio.
Ana Cristina Gervás: un rápido ascenso a la élite dentro del jiu-jitsu
Nerea Mateos / 27-04-2026
El jiu-jitsu brasileño continúa expandiéndose en España y, dentro de ese crecimiento, aparecen perfiles como el de Ana Cristina Gervás, una competidora que ha acelerado su progresión en pocos años. Desde Torrejón de Ardoz, su evolución refleja constancia competitiva y una rápida adaptación a la exigencia del alto nivel.
Gervás comenzó en este deporte en 2020 casi por casualidad. “Simplemente quería hacer un arte marcial. Probé varios y me quedé con el jiu-jitsu, me enamoré del deporte”, explica a HA10. Lo que empezó como una búsqueda personal terminó orientándose hacia la competición. “Como siempre me ha gustado competir, me esfuerzo al máximo y cuando te obsesionas con algo y pones todo tu foco en ello, salen los resultados”.
En su palmarés ya figuran títulos de campeona de España y de Europa. Este último ocupa un lugar especial por su carga emocional: “El de Europa, lo conseguí el día que mi padre cumple años”. El campeonato, disputado en Lisboa, dejó una doble huella: “Un viaje familiar increíble, me vieron ganar cada lucha desde la grada”. Para lograr el oro tuvo que superar cinco combates, con una semifinal especialmente exigente: “Iba perdiendo y acabé finalizando la lucha llevándome la victoria”.
Su experiencia internacional también le ha permitido comparar contextos competitivos. En Abu Dhabi, uno de los epicentros del jiu-jitsu mundial, percibió diferencias claras: “La diferencia que noto es la profesionalidad con la que tratan al deporte. En Abu Dhabi hasta se televisa”.
Sin embargo, su progresión no ha sido lineal. Actualmente se encuentra en proceso de recuperación tras una operación de hombro. “Ahora mismo estoy preparándome para el Europeo en Roma sin kimono”, señala para HA10. La lesión, lejos de frenar su dinámica, introduce un nuevo elemento en su carrera: la gestión de la incertidumbre física.
El componente mental es, para ella, determinante: “Lo mental siempre”. Para afrontar la presión competitiva recurre a la meditación: “Meditando”. Una idea que conecta directamente con su visión del combate: “En el combate, aunque empieces perdiendo, si sabes gestionarlo, puedes acabar ganando”.
Su rutina diaria combina preparación física y técnica: “Entrenamiento de fuerza y después doble entrenamiento de jiu-jitsu". Un volumen de trabajo sostenido que, según destaca, no sería posible sin su entorno: “Mi familia”.
A corto plazo, sus objetivos pasan por el Campeonato de Europa y el Mundial sin kimono en Estados Unidos. A largo plazo, mantiene una ambición clara: “Sí, ganar el mundial en Abu Dhabi y California”.
Para quienes se plantean iniciarse en este deporte, deja una reflexión desde su experiencia: “Que sea paciente, y que te ayuda más de lo que crees. Te evade de todos los problemas que puedas o hayas tenido en el día, ya que te exige cierta concentración para aprender la técnica y después aplicarla en lucha. Es como meditar”.
En una disciplina en crecimiento dentro del panorama nacional, Gervás representa un perfil en evolución, marcado por la competición temprana, la exigencia diaria y una clara orientación hacia objetivos internacionales.
26-04-2026 / Entrevistas con Matías José Pascual, Pablo del Río, Biel Llanes y Adrián Pos tras el Rivas -- Igualada (OK Liga Masculina de Hockey sobre Patines)
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Matías Díaz: De la tierra batida al éxito en el pádel
Alberto Martín / 24-04-2026
La historia de Matías Díaz Sangiorgio no se entiende sin el sonido de una pelota golpeando. Aunque hoy es una referencia del pádel mundial, su camino comenzó lejos de los muros de cristal. Como muchos jugadores de su generación, sus inicios estuvieron ligados al tenis sobre tierra batida. "Comencé en el mundo de la raqueta muy temprano, a los cuatro años, de la mano del tenis", recuerda sobre una infancia marcada por la raqueta. Sin embargo, el destino le tenía preparado un cambio de disciplina.
A principios de los años 90, mientras Matías entraba en la adolescencia, el pádel comenzó a expandirse en Argentina y pasó de ser un deporte minoritario a ganar presencia en el país. Fue un cambio de etapa que vivió junto a su hermano, en un contexto en el que todavía era una disciplina incipiente. "A los doce o trece años, mi hermano y yo vivimos de cerca el nacimiento de una era, en aquel entonces era un deporte casi inexistente", revive esos momentos de transición para HA10. Lo que empezó como una curiosidad pronto se transformó en el inicio de su carrera deportiva. Con la base competitiva del tenis, comenzó a destacar en categorías inferiores y a competir de forma oficial cuando el pádel aún estaba en proceso de profesionalización.
Ese punto de partida fue el inicio de una trayectoria que lo mantuvo durante más de tres lustros en la élite. Permanecer quince años en el top ten mundial exige más que talento: requiere adaptación constante y regularidad. Matías, conocido como el "Warrior", se consolidó como un jugador competitivo y fiable, tanto para sus compañeros como para sus rivales. A lo largo de su carrera, ha compartido pista con jugadores como Cristian Gutiérrez, Ale Galán o Paquito Navarro.
Pese a ello, Matías evita señalar a un único compañero como clave de su éxito. Para él, el pádel es un deporte de construcción conjunta. "Resulta difícil destacar a una sola persona, ya que sería restarle valor a todos los compañeros que me ayudaron a sostenerme en ese nivel", confiesa a HA10. Jugadores como Miguel Lamperti, Maxi Sánchez o Franco Stupaczuk forman parte de una amplia lista de compañeros que marcaron su trayectoria.
Matías entendió pronto que en el pádel profesional el rendimiento individual no es suficiente sin conexión con la pareja. Su gestión de los momentos decisivos fue una de las señas de identidad de su carrera. "Los mejores no solo juegan bien, sino que logran que su compañero juegue mejor", afirma.
Con el paso del tiempo, la energía que antes volcaba en la competición se ha trasladado a la formación. Tras su retirada del circuito profesional, sigue vinculado al pádel desde el ámbito formativo. En las academias, su mensaje a los jóvenes combina exigencia y realismo. Para Matías, la diversión es el punto de partida, pero el alto nivel requiere compromiso. "Intentamos inculcarles tres pilares: trabajo, perseverancia y humildad", explica sobre su labor como entrenador. Es consciente de que el talento es importante, pero no suficiente. "Debemos ser realistas, para ser profesional se necesitan condiciones especiales, pero lo que sí está al alcance de todos es la capacidad de entregarse al máximo".
Hoy, al mirar atrás, Matías valora su carrera con perspectiva. No busca grandes reconocimientos, sino el impacto dejado en compañeros y entorno. Se despide de la competición con la satisfacción de haber mantenido una trayectoria coherente. "Me retiro con la satisfacción de haber sido un jugador que respetó el deporte y a quienes lo forman", concluye. Para Matías Díaz, el pádel empezó como un juego, se convirtió en profesión y terminó siendo una forma de entender su vida.
En un deporte que muchas veces pasa desapercibido, hay trayectorias que se construyen lejos del foco, pero con una constancia y una pasión que terminan marcando la diferencia. Entre ellas está la de Ana Juárez. Esta jugadora llegó casi por casualidad al billar, pero con el tiempo ha ido abriéndose camino hasta situarse entre las mejores de Europa.
Sus inicios tienen algo de cotidiano. Todo comenzó en la infancia, entre bares y mesas de pool, observando a su padre. “Yo veía a mi padre que más o menos sabía colocarse y pegarle bien”, recuerda. Fue él quien le propuso dar el paso y probar en un club de Palma. Aquella decisión, tomada casi como un plan de verano, acabó cambiándolo todo.
Las primeras clases llegaron de la mano de su entrenador, Carlos Crespo, y pronto el entorno hizo el resto. “Era gente de mi edad, mi entrenador siempre ha sido muy bueno con los niños… y me gustaron mucho las clases”, explica. Lo que comenzó como una actividad puntual fue ganando peso poco a poco: primero con entrenamientos semanales y, más adelante, con sus primeras competiciones.
Uno de los momentos clave llegó en un Campeonato de España sub-15 en Murcia. Allí descubrió que no estaba sola en ese camino. “Fue ver que había más niños de mi edad que jugaban… y conocí a otra chica, porque en mi club solo estaba yo”, cuenta. Aquella experiencia no solo le permitió competir, sino también comprobar que había más jóvenes que compartían su afición, algo que le dio el empujón definitivo para implicarse de lleno en el deporte.
Sin embargo, crecer en el billar no siempre ha sido fácil. Más allá de la exigencia técnica, existe una barrera cultural que todavía pesa sobre este deporte. “Hay gente que no lo ve como un deporte”, afirma. La asociación con el ocio en bares sigue siendo un prejuicio habitual, aunque ella lo tiene claro: “es un deporte como los demás, federado, que no tiene nada que ver con estar en un bar tomando una cerveza”.
En su caso, además, compite en la modalidad de tres bandas, aún más desconocida para el gran público. Aun así, percibe cierta evolución con el paso de los años. “Ahora la gente lo entiende más que cuando yo era pequeña”, reconoce, sorprendida incluso cuando alguien distingue entre modalidades de juego. Pequeños avances que, para quienes viven el deporte desde dentro, tienen valor.
No fue hasta 2019, cuando disputó su primer europeo con solo catorce años, cuando su relación con el billar dio un salto importante. “Fue ahí cuando me lo empecé a tomar más en serio”, explica. Aquella experiencia le abrió los ojos sobre el nivel real del billar y le impulsó a aumentar su dedicación, dejando atrás otros deportes que practicaba hasta entonces. A partir de ahí, el entrenamiento pasó a ocupar un lugar central en su vida. Porque si hay algo que define este deporte es la exigencia constante que hay detrás. “Son muchas, muchas, muchas horas”, insiste. Horas de precisión, repetición y concentración absoluta. Un trabajo que muchas veces no se percibe desde fuera, pero que resulta imprescindible para competir al más alto nivel.
Esa exigencia también se traslada a su día a día. Compaginar el billar con sus estudios universitarios de bioquímica ha sido uno de los grandes retos. Para lograrlo, ha tenido que reorganizar su formación y adaptarla a su ritmo competitivo, alargando una carrera de cuatro años a seis. Aun así, la rutina sigue siendo intensa: entrenamientos, viajes, competiciones… y estudio en cualquier momento disponible. “Cuando acabo la competición me pongo a estudiar en el hotel o en el aeropuerto”, explica.
Como en cualquier deporte de alto nivel, el camino también implica renuncias. “He tenido que renunciar muchas veces a planes”, admite. Especialmente en su etapa más joven, cuando veía cómo su entorno llevaba una vida más tranquila. Sin embargo, el billar también le ha dado algo difícil de encontrar fuera de él: amistades en las que no importa la edad. Como ella misma explica, en el billar hay gente de edades muy diferentes con las que, tras ver campeonato tras campeonato, acaba formando una relación. “Son amistades muy bonitas… gente con la que no coincidirías nunca en la vida”, destaca para HA10.
No obstante, en el ámbito femenino la realidad es clara: hay menos visibilidad y menor participación. “Somos muchísimas menos”, explica. Aun así, defiende la importancia de las competiciones femeninas como herramienta para fomentar la presencia de mujeres en el deporte, sin dejar de competir también en torneos mixtos siempre que sea posible.
Para quienes no conocen el billar desde dentro, insiste en desmontar tópicos. “Mantener la concentración durante una hora y media o dos es muy difícil”, señala. A eso se suma la precisión, el conocimiento técnico y la capacidad de gestionar la presión en momentos clave. Elementos que convierten cada partida en un desafío constante.
En cuanto a su presente, los resultados reflejan una progresión sólida, con varias medallas en campeonatos de España y un puesto entre las mejores en Europa. “Mi objetivo principal siempre ha sido llegar a ser campeona de España”, afirma. Un reto ambicioso, pero coherente con su trayectoria.
Más allá de los resultados, su discurso se mantiene firme en una idea: el billar es un camino largo. “Siempre puedes seguir aprendiendo”, asegura. Y quizá ahí está una de las claves de su crecimiento: entender que el éxito no llega de golpe, sino a través de años de trabajo constante.
En un deporte que todavía lucha por hacerse visible, Ana Juárez representa a una generación que avanza paso a paso, sin ruido, pero con determinación. Porque a veces, los caminos menos visibles son también los más exigentes… y los que más dicen de quien los recorre.
Manuel Ochoa, una experiencia agridulce en París y la mirada puesta en Los Ángeles 2028
María Garlo / 23-04-2026
El piragüista gallego Manuel Ochoa es una de las principales referencias del kayak cross español, alcanzando la cima con su participación en los JJOO de París 2024. “Yo empecé cuando tenía siete años porque mi hermano ya lo practicaba”, reflexiona Ochoa sobre sus comienzos en el piragüismo. Desde el primer momento en que comenzó a remar, se enamoró de este deporte: “Es muy chulo, se practica en un entorno natural y las sensaciones con el agua son increíbles y pues eso me enganchó respecto a otros deportes”, comenta para HA10.
Este camino hacia la élite no fue inmediato, sino resultado de un proceso progresivo. Como el propio Ochoa nos comenta, “ha sido una carrera muy larga, desde pequeño nunca pareció que fuese a ser un piragüista olímpico”. Sin embargo, su ambición y trabajo constante lo hicieron ir mejorando poco a poco y pasó de estar en el centro de Pontevedra con dieciséis años a clasificarse con el equipo sub-23 y más tarde al absoluto y “cuando ya no había más que pedir, pues los juegos olímpicos”, añade.
Uno de los momentos más importantes de su trayectoria llegó en la Copa del Mundo de Praga 2024, donde logró una victoria decisiva: “Decidí apostar por el kayak cross y bueno, llegamos con muchas ganas, pero era algo extremadamente difícil, eran solo tres plazas”, explicaba el piragüista. “Cuando te ibas acercando a las semifinales ya no te lo creías mucho, decía: ¿dónde estoy?, y después, en la final ya teníamos la plaza olímpica y ya era disfrutar”, comentaba para HA10. Aquel resultado le permitió asegurar la plaza olímpica para España, aunque todavía quedaba por resolverse quién la ocuparía: “Fue un proceso largo, no teníamos ni la más remota idea de los criterios, y pues un día recibo una llamada del director técnico diciéndome que me iba a París y yo aún no me lo creía y después ya se hizo real y fui asumiéndolo”, señala Ochoa.
En los Juegos Olímpicos de París, Ochoa finalizó en decimocuarta posición. El piragüista reconoce que llegó en un muy buen momento: “Estaba muy preparado, me sentía muy bien, tenía cada parámetro donde tenía que estar”, aunque “un error muy situacional, incluso interpretable” condicionó su resultado. “Yo tengo claro que había posibilidades de ganar una medalla y era bastante realista, pero bueno, eso hay que utilizarlo para reforzar la confianza”, afirma.
Sus victorias en La Seu d’Urgell un año después y en la Copa Internacional Pirineos este pasado marzo confirman su gran potencial y esa línea ascendente: “Creo que hay cierta consistencia y todo lo que se valore como positivo a nivel de rendimiento, utilizarlo para reforzar la confianza”, expone Ochoa.
En un deporte que se practica en un entorno tan cambiante y marcado por la incertidumbre como es el kayak cross, la preparación mental es crucial, ya que es muy fácil que se degrade la confianza. “Antes de la competición pasan muchas cosas por tu cabeza y lo que tengo claro es que hay equis intervalos de horas que estoy analizando y planteando objetivamente lo que tengo y puedo hacer y una vez este momento pasado ya me da igual que pasen los pensamientos que quieran porque tengo confianza”, reflexiona. Este proceso le permite confiar en el trabajo que ha hecho y que cuando se sube a la rampa su mente esté cien por cien concentrada en la bajada.
Detrás de cada descenso, hay un trabajo constante que muchas veces no se percibe: “Hay mucho condicionamiento físico, gimnasio, condicionamiento específico, sesiones diarias y muchas horas en el agua para afianzar los patrones de movimiento y mejorar ese componente técnico”, explica Manuel Ochoa. Como el mismo afirma, el kayak cross “es un deporte con una curva de aprendizaje lentísima y una mejora difícil”, por lo que hay que invertir mucho tiempo. Sin embargo, Ochoa no lo percibe como un sacrificio: “Yo hago lo que me gusta, entreno porque me gusta, estoy feliz”, declara. Pese a esto, reconoce que existen momentos de dudas donde se pregunta: “¿Qué hago aquí, que llevo veinte años haciendo lo mismo?, pero luego se te pasa y sigues”.
Al mirar atrás, el piragüista tiene claro el mensaje que le daría a su yo del pasado: “Que disfrute y sobre todo que siga trabajando, porque le va a dar muchas alegrías”, reflexiona.
Mirando al futuro, su objetivo más próximo es prepararse para el ranking selectivo para los Juegos Olímpicos: “Quiero mejorar y no quemarme mucho con las competiciones para, cuando llegue el momento de luchar por una plaza, estar ahí cien por cien”, afirma el deportista.
Para Manuel Ochoa, el kayak cross es mucho más que una disciplina: “Es una descarga de frenesí y al mismo tiempo una prueba de ingenio”, concluye.
Pasión, sacrificio y crecimiento en el fútbol sala femenino: la historia de Ale Rochel
José Luis Vadillo / 22-04-2026
El fútbol sala femenino continúa creciendo impulsado por historias como la de Ale Rochel, jugadora del Atlético Torcal, que en esta entrevista con HA10 repasa su trayectoria, sus aprendizajes y la realidad de un deporte que, en sus palabras, “todavía está infravalorado”.
Su relación con el fútbol comenzó pronto. “Empecé a los diez años, elegí el fútbol porque desde pequeña jugaba todas las tardes con mis amigos”, explica en declaraciones a HA10. Con el tiempo, lo que empezó como un entretenimiento terminó convirtiéndose en algo central en su vida: “El fútbol para mí supone una parte muy importante y esencial en mi vida, es mi felicidad y un sueño para mí”.
El paso al fútbol sala llegó tras comparar ambas disciplinas. “Escogí el fútbol sala porque, una vez que probé el fútbol sala y el fútbol césped, la manera de jugar y cómo se veía me gustó más”, señala.
Sus inicios estuvieron ligados a su entorno más cercano. “Empecé en el equipo de mi pueblo, en el Torremolinos F.S, probé en otros equipos de pueblos cercanos pero preferí quedarme aquí”, cuenta a HA10. Su integración fue inmediata: “En el primer entrenamiento ya me dijeron que me quedase en el equipo”, un respaldo que marcó sus primeros pasos.
Si tuviera que definir su vínculo con el fútbol en una sola palabra, lo tiene claro: “Pasión”.
A lo largo de su carrera ha atravesado momentos determinantes. Uno de los más significativos fue el ascenso a Primera División. “El año que subimos a primera fue un cambio muy grande”, recuerda. Un logro que quedó grabado también por su celebración: “Fue sobre el 2021-2022, lo celebramos a la vuelta en el bus con todo el equipo”.
En su desarrollo han sido clave las personas de su entorno. “Mi familia y dos entrenadores que tuve, por su apoyo porque creyeron en mí”, destaca en HA10. Sin embargo, su trayectoria también ha estado marcada por dificultades, tanto físicas como deportivas. “En 2022 me rompí parcialmente el ligamento cruzado posterior porque nunca había tenido una lesión de tanta gravedad”, explica. A ello se suman momentos colectivos complicados: “La primera vez que descendimos fue un palo para todas”.
Su visión sobre el fútbol sala femenino es clara. “Creo que no del todo recibe el reconocimiento que merece actualmente, está infravalorado”, afirma. A su juicio, el problema radica en la falta de visibilidad y recursos: “Principalmente por la falta de visibilidad y apoyo. No se le da la misma difusión ni inversión que al masculino, y todavía hay prejuicios hacia el deporte femenino”.
En esta línea, insiste en la importancia de la promoción. “El problema no es que no se vean los partidos, es que no se les da suficiente publicidad. El cambio clave sería mejorar la promoción y la difusión para atraer más público”, explica a HA10.
La exigencia del alto nivel también impacta en su vida fuera de la pista. “A veces se me hace un poco cuesta arriba porque hay que sacar tiempo de donde sea, ya sea en los viajes o después de los entrenos. Es complicado, pero hay que tener mucha disciplina”, reconoce sobre la dificultad de compaginar estudios y competición.
De cara al futuro, mantiene objetivos definidos. “A nivel personal, crecer futbolísticamente y ser importante para el equipo, y a nivel colectivo conseguir la permanencia cuanto antes”, señala. También tiene claro su camino más allá del deporte: “Cuando termine tengo claro que quiero dedicarme a algo relacionado con lo que estudio, porque es de lo que quiero vivir”.
Entre sus recuerdos más especiales, hay uno que sobresale: “Cuando ganamos el primer campeonato de España de selecciones en Galicia, lo celebramos durante todo el camino”.
La trayectoria de Ale Rochel ilustra el esfuerzo constante de muchas jugadoras que, lejos del foco mediático, siguen impulsando el crecimiento del fútbol sala femenino.
Mantovani: de casi dejar el fútbol al ascenso histórico con el Leganés
David Revilla / 21-04-2026
Martín Mantovani es un mito en Leganés. Como pepinero vivió sus mejores años como jugador, encadenando dos ascensos consecutivos desde Segunda B hasta Primera División. Capitán desde la defensa, fue la prolongación del entrenador sobre el campo y uno de los líderes del equipo dirigido por Asier Garitano.
El argentino tuvo que trabajarse cada oportunidad, y el éxito le llegó de forma tardía. Antes de los focos y de la élite con el Leganés, tuvo que pelear y arriesgarlo todo por el fútbol: “Estuve a punto de dejar el fútbol. Tenía veintiún años y hubo un momento en el que tuve una conversación con mi padre que me dijo: bueno, qué pasa”, comenta a HA10.
En ese momento apareció una figura clave: Juan Esnáider. “Por medio de Juan Esnáider me vine a probar al Atlético de Madrid y, cuando me lo dijeron, para mi fue una locura. Me cambió la vida. Sabía que era mi última oportunidad y la tenía que coger”. Pasó cuatro años en el Atlético, donde coincidió en su última etapa con Koke: “Él tenía dieciséis años. Era un chico que prometía, que tenía mucho futuro, pero no pensaba que fuera a hacer el recorrido que hizo. Sigue manteniendo la fuerza, carácter. Es increíble lo que está consiguiendo”.
Entre 2010 y 2013, Mantovani pasó por tres clubes de Segunda B: Cultural Leonesa, Atlético Baleares y Oviedo. Actualmente, la situación es muy diferente para el conjunto asturiano, que compite en el fútbol profesional. “Se merecía estar ahí. Estaban haciendo las cosas muy bien y además tiene una masa social muy grande. Te pones feliz por una ciudad que respalda a su equipo de la forma en que lo hacen ellos”.
En 2014 llegó al Leganés “de casualidad”, cuando el equipo militaba en Segunda B. “Me encontré en el mejor momento, en el mejor lugar y con los mejores compañeros”, relata a HA10.
Solo dos temporadas después, el conjunto pepinero alcanzaba la Primera División. “Una locura, impensado. Fue muy bonito, lo disfruté un montón. Lo viví con mucha pasión y alegría, con mi mujer y mis hijas”. Mantovani señala una de las claves del éxito: “Debes tener un plus. Hay una parte humana básica. Cuando todos los jugadores van a una tienes más posibilidades de ganar que de perder. Y así sucedía, creíamos en nosotros. El valor humano es lo que hace la diferencia”.
Un ascenso que tiene un nombre propio por encima de todos: Asier Garitano. “Era el líder y nadie discutía de ello. Confiábamos en lo que decía, aunque no estuviéramos de acuerdo. Tenía un carácter y una forma de llevar al grupo muy buena. Era una persona que daba tranquilidad en todo, tanto en momentos buenos como malos”.
Debutó en Primera en 2016, con treinta y dos años. El sueño de toda una vida se había cumplido y, además, le tocó enfrentarse a los mejores del mundo: “Era la mejor etapa de primera. Es como si tuviéramos a Pelé y Maradona juntos. Messi y Cristiano, poder vivir eso contra ellos, con un gran Real Madrid, Barcelona, Atlético del Cholo”.
La adaptación a la élite fue exigente. “Se notaba mucho la diferencia entre Segunda y Primera. Llego a Primera con treinta y dos. A medida que cumplo más años, aumenta la dificultad”. Pese a ello, el Leganés logró la permanencia en sus dos primeras temporadas en la máxima categoría: “Las categorías están para algo y las diferencias están en la velocidad, fuerza, táctica”.
El crecimiento del club fue evidente también fuera del campo: “A los tres días de venir a Leganés nos llevan a firmar camisetas en la Plaza Mayor. Había veinticinco personas. Cuando pasan tres años y subimos, hacemos la fiesta de presentación del equipo en la misma plaza. Había más de siete mil personas. Ahí te das cuenta del cambio”. También a nivel estructural: “El club crece en estructura, departamentos. Se hace la instalación deportiva. Pasas de ser un club de barrio a ser un club de Primera División”.
En 2018, tanto Mantovani como Garitano cerraron su etapa en el Leganés tras cinco temporadas para la historia del club: “El ciclo terminó cuando tenía que terminar”.
Su siguiente destino fue Las Palmas, con un objetivo claro: “Quería llevar a Las Palmas a Primera, no pude conseguirlo y es algo que se me quedó marcado”. A mitad de temporada se marchó cedido al Huesca, donde disputó sus últimos partidos en Primera: “Huesca fue un paso fugaz pero bonito”. Se despidió de la élite frente al Leganés, en un encuentro peculiar en el que marcó tres goles: dos para el Huesca y uno en propia puerta: “Tengo el balón del último partido. Hice tres goles”, explica a HA10.
Tras su retirada, llegó la Kings League, una competición que inicialmente rechazó. “Me llamaron tres veces, en las tres dije que no. A la cuarta dije que sí y me metí en un mundo que no conocía, de streamers, youtubers. La final se juega en el Camp Nou y yo pienso: quiero que mis hijos me vean en el Camp Nou. Llegamos a la final, un evento espectacular y encima salimos campeones, soy MVP, meto dos goles. Me ayudó mucho para superar el momento post retiro, te saca el ‘bichito’ de querer jugar”.
Para Mantovani, la Kings League tiene recorrido, especialmente entre los más jóvenes: “Entre los jóvenes es un producto que se va a mantener y se va a disfrutar bastante tiempo”.
Actualmente, Mantovani sigue vinculado al fútbol y al Leganés, donde desde 2024 ejerce como embajador del club.
José “Chumi” Ortega, el valor del proceso hasta la élite del baloncesto
Alejandro Hernández Blázquez / 21-04-2026
Con solo dieciséis años, dejó su pueblo, Yecla, para perseguir un sueño: ser jugador de baloncesto profesional. Sin focos y con una gran mentalidad, apostó por sí mismo. Doce años después, José Ortega Soriano juega en el Andorra y se ha consolidado en la ACB tras superar los cien partidos en la competición. Su historia, sin embargo, no es la de un ascenso meteórico, sino la de un jugador que ha crecido desde el trabajo, la paciencia y, sobre todo, la constancia, según el seguimiento de HA10.
Tiene claro cuándo empezó a creer que podía tener un futuro en el baloncesto: “En el momento que salí de mi pueblo y me fui a Murcia con dieciseis años en busca de un sueño. Ahí fue cuando vi que realmente tenía posibilidades de dedicarme al baloncesto”. Aquel fue el primer paso de un camino largo en el que el proceso ha sido clave en la construcción de su identidad como jugador.
“Cada cual tenemos nuestro propio camino, a veces es más rápido o más lento, pero nos convertirá en nuestra mejor versión”. Una frase que resume su recorrido por distintas categorías hasta asentarse en la élite. Más allá de lo físico o lo técnico, Ortega pone el foco en un aspecto menos visible: la evolución mental.
Su paso por Murcia y Palencia, donde fue nombrado MVP de la final de 2023 por el ascenso a la ACB, le ha permitido crecer: “Soy un jugador más desarrollado, con un mejor trabajo mental y más conocimiento del juego”. Esa madurez le ha ayudado a sostenerse en la máxima categoría del baloncesto español, donde el margen de error es mínimo y la regularidad marca la diferencia.
Desde una de sus principales referencias, su padre, José Ortega Chumilla, interiorizó parte de la mentalidad necesaria en el deporte de élite: “ No dejar de luchar y pase lo que pase, terminar el día tranquilo de que has hecho todo lo posible por ser mejor o ayudar al equipo a conseguir objetivos”.
Alcanzar los cien partidos en la ACB es, para él, algo más que una cifra: supone la confirmación de que el proceso ha merecido la pena. “Es un hito que me hubiera costado creer que conseguiría cuando era pequeño”. Y añade: “No hay un camino perfecto, pero si te centras en disfrutar del mismo pueden llegar momentos inimaginables gracias al trabajo y la disciplina”.
Sobre la pista, Ortega ha construido su identidad desde el trabajo menos visible. Él mismo señala dónde ha experimentado una mayor evolución: “En el aspecto defensivo, ya que es donde más partido saco en mi juego”.
Una declaración que refleja su rol dentro de un equipo como Andorra, donde cada detalle cuenta: “Cometer los mínimos errores posibles y jugar con valentía”.
Si hay un momento en el que el peso de la mente se hace evidente es en los tiros libres. Con un 83,3% a lo largo de su carrera, Ortega señala el factor psicológico como determinante desde la línea de 4,60: “Los tiros libres creo que se determinan por un aspecto mental”.
Esa misma mentalidad le ha permitido gestionar los momentos complicados, inevitables en cualquier carrera deportiva: “Cuando las cosas no salen como uno quiere, lo que me ha funcionado es centrarme en todo lo que puedo controlar cada día”. Una reflexión que trasciende el baloncesto y explica, en gran medida, su capacidad para mantenerse competitivo.
No es casualidad que, al hablar de la ACB, vuelva a incidir en la importancia de la fortaleza mental para sostenerse en la élite: “Los jugadores que mentalmente son capaces de aguantar la dureza de esta liga son los que suelen permanecer en ella durante años”. Más allá del talento, la resistencia psicológica aparece como un factor determinante en el alto rendimiento.
Con la mirada puesta en el futuro, Ortega también tiene claro que la carrera deportiva no es eterna: “La gestión financiera personal es fundamental de cara a tener un futuro mejor, a medio o largo plazo”. Sin embargo, su objetivo va más allá de lo económico: “Quiero una vida en la que pueda dedicar tiempo a la gente que quiero y un trabajo en el cual me sienta a gusto y feliz”.
Finalmente, deja una reflexión aplicable tanto al deporte como a la vida: “El pasado no se puede cambiar, pero sí puedes mejorar el futuro a través de las acciones diarias”, concluye en HA10.
Mario Nevado, del balonmano madrileño a la élite con Bidasoa Irún
Alberto Martín / 20-04-2026
El balonmano madrileño ha sido tradicionalmente un vivero de talento que ha alimentado la élite nacional durante años. En ese contexto creció Mario Nevado, formado en la Comunidad de Madrid y actualmente una de las piezas importantes del Bidasoa Irún. Su trayectoria es la de un jugador que ha ido creciendo paso a paso, desde la base hasta la competición europea, sin perder el vínculo con sus orígenes ni con una idea muy clara del deporte.
Nevado comenzó su formación en las categorías inferiores de Madrid, pasando por distintos clubes de la zona como parte de su proceso de desarrollo. Su evolución le llevó a integrarse en estructuras competitivas cada vez más exigentes, hasta consolidarse como uno de los jugadores con mayor proyección de su generación en el balonmano madrileño.
“En juvenil de segundo año, el COVID nos cortó las alas”, recuerda para HA10 con cierta nostalgia. Aquella etapa marcó a una generación del Alcobendas en la que coincidía con jugadores como Javi Rodríguez, Nico Cardoso o Sergio Ablón, un grupo que apuntaba alto antes de la interrupción de la competición. “Teníamos un equipo para pelear medallas contra él Barça, estábamos todos subiendo ya con el Plata”. A pesar de esa ruptura, su progresión no se detuvo y acabó debutando en la máxima categoría con apenas dieciséis años. El propio jugador matiza aquel momento con naturalidad: “por necesidad del equipo”, una experiencia que le ayudó a adaptarse al alto nivel desde una edad muy temprana.
Uno de los puntos de inflexión en su carrera llegó en Nava de la Asunción, donde jugó durante dos temporadas en un entorno muy ligado al balonmano. Allí vivió una etapa de crecimiento tanto deportivo como personal, en un contexto donde la conexión con la afición es especialmente estrecha. “En Nava te quieren por la entrega, por sudar la camiseta y luchar cada balón, no solo por meter goles”, confiesa emocionado al recordar el homenaje que recibió recientemente al volver como visitante.
Actualmente en su primera temporada en el Bidasoa Irún, Nevado ha dado un salto competitivo importante, incluyendo su debut en competición europea. Su rendimiento ofensivo ha sido notable, con ciento trece goles en treinta y cinco partidos, consolidándose como un jugador versátil dentro del sistema del equipo. Él mismo define sus capacidades sobre la pista: “Puedo defender en el dos, en el tres o de avanzado, y en ataque tengo lanzamiento en apoyo y juego con el pivote”. Más allá de lo táctico, destaca su gestión emocional en los partidos: “A mí el error no me hace perder la cabeza; si fallo, pongo el foco directamente en el siguiente balón”
El crecimiento del jugador le ha llevado también a cumplir uno de sus grandes hitos: debutar con la Selección Española Absoluta en noviembre de 2023. “estaba bastante nervioso, es una responsabilidad que pesa pero enorgullece”, reconoce sobre esa experiencia.
Nevado también ofrece una visión crítica sobre el contexto del balonmano español en comparación con otras ligas europeas. “Cuando vas fuera y ves las instalaciones del Kiel, parece otro deporte. Aquí los clubes se dejan la vida, pero falta apoyo de instituciones y patrocinadores. Somos deportistas de élite en una liga que sigue siendo mileurista”. Una realidad que, según explica, influye directamente en la planificación de futuro de muchos jugadores, incluido él mismo, que compagina su carrera deportiva con los estudios de Economía con la vista puesta en la gestión deportiva.
De cara a las nuevas generaciones, su mensaje se aleja de la presión por llegar a la élite y se centra en el disfrute del proceso. “Yo nunca tuve el objetivo de llegar a la selección ni jugar en Europa. Mi objetivo era pasármelo bien”, afirma. “Si con dieciséis años solo piensas en jugar en Asobal y no llega, la frustración te hará dejar el balonmano. Sé feliz, aprovecha el camino y escucha a los que saben. El límite llegará solo”.
Mario Nevado continúa consolidando su carrera en la élite del balonmano español desde una premisa clara: crecimiento progresivo, estabilidad mental y adaptación constante a cada nuevo nivel competitivo.
Dani Clavero: del ciclismo profesional a seguir vinculado al pelotón desde dentro
Alberto Martín / 20-04-2026
Llegar a lo más alto del ciclismo profesional suele imaginarse como un camino que empieza en la infancia, impulsado por la tradición familiar o el entorno. Sin embargo, la historia de Dani Clavero se aleja de ese patrón. Sin antecedentes ciclistas en su familia, su llegada a este deporte fue fruto de una inquietud personal, nacida del simple gusto por salir en bicicleta. "Mis inicios fueron en cadete de segundo año, no tenía ningún antecedente en la familia y por mi cuenta me empezó a gustar salir en bici y así me inicié", recuerda sobre aquellos comienzos. Lo que empezó como una afición fue adquiriendo un carácter más serio cuando decidió dar el salto a la competición. Con apenas quince años, ya estaba inmerso en la disciplina del ciclismo.
En sus primeros años de formación, su referencia era una figura del ciclismo español: Pedro Delgado. “Perico” representaba el carisma y la valentía sobre la bicicleta, y para el joven Clavero se convirtió en un espejo en el que mirarse. " El máximo referente que tuve fue Pedro Delgado", confiesa. Con el paso del tiempo, y a medida que avanzaba en el ciclismo de base, sus referentes dejaron de ser figuras lejanas para encontrarse en su propio entorno competitivo.
La madurez que adquirió gracias al ciclismo también le permitió afrontar la parte menos visible del deporte de élite. El sacrificio comienza mucho antes de las grandes competiciones, en una etapa en la que la vida social queda condicionada. "Los sacrificios son muchos; como empieza a edades tempranas, prácticamente los amigos de la infancia se pierden", explica. La exigencia de competir cada fin de semana, junto a la disciplina diaria —alimentación, entrenamientos y viajes—, dificulta mantener esos vínculos y obliga a compaginar el deporte con los estudios.
Con el salto al profesionalismo, su percepción del ciclismo cambió. Lo que había comenzado como una afición pasó a convertirse en su medio de vida. En este nivel, la exigencia no es solo física, sino también mental, marcada por la incertidumbre constante. "Lo más duro es cuando ya se convierte en tu oficio y depende mucho de la salud, de las caídas, de la suerte; ahí es cuando la cabeza forma parte importante de lo que van a ser tus resultados y tu futuro", afirma para HA10.
El final de su etapa como corredor llegó de forma inesperada. En 2004, cuando se preparaba para una nueva temporada, el fallecimiento de Marco Pantani cambió el rumbo de su carrera. "En el 2004 íbamos a competir ya y desgraciadamente el que iba a ser el líder del equipo, Marco Pantani, falleció; a raíz de eso el equipo no se hizo", cuenta Clavero. En pleno mes de febrero, con las plantillas ya cerradas, se quedó sin equipo y sin margen de reacción.
Lejos de desvincularse del ciclismo, Clavero ha seguido ligado a este deporte desde otras funciones. Tras su paso como director deportivo y seleccionador nacional, actualmente trabaja en el departamento de competición de la marca Spiuk, donde continúa en contacto con equipos de carretera, MTB y triatlón. "Gracias a Dios he seguido vinculado al mundo del ciclismo, estoy muy feliz de lo que ha sido mi pasión, después mi vida y mi profesión, y finalmente ahora mi trabajo y el sustento de mi familia", concluye.
Ignacio Nepote: “Igual nos desordenamos un poco después del gol de ellos y no encontramos los espacios
19-04-2026 /Entrevistas con Ignacio Nepote, Iván Hernández, Jordi Bonastre y Pablo Román tras el Sanse Complutense -- Atlètic Terrassa (División de Honor Masculina de Hockey Hierba)
Jorge Gómez: “El tema físico les ha pasado factura y ahí hemos conseguido sacar ventaja”
19-04-2026 / Entrevistas con Jorge Gómez, Diego Moreira, Andrés Vallejo y Arturo Devesa tras el Alcobendas -- Cisneros (División de Honor Masculina de Rugby)
Lucas Santamaría: “Nos ha faltado esa conexión que tenemos en otros partidos”
18-04-2026 / Entrevistas con Lucas Santamaría, Santiago Gómez, Thierry Youtcheu y Santino Di Prima tras el Liceo Francés -- La Vila (División de Honor Masculina de Rugby)
Hablar de Miriam Gutiérrez Parra es hablar de superación. Conocida como “La Reina”, la exboxeadora madrileña no solo dejó huella en el ring, sino que se ha consolidado como una figura de referencia dentro y fuera del deporte. Ostenta el título de campeona interina del peso ligero de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA) desde 2019 y fue una de las pioneras del boxeo femenino español, aunque su historia va mucho más allá de los títulos.
Retirada desde 2023, Gutiérrez asegura vivir esta nueva etapa con calma: “La retirada la vivo con mucha paz, porque me fui como quería: ganando”. Su último combate, en el que se proclamó campeona de España del peso superwélter, supuso el cierre a una carrera marcada por la constancia. Aun así, el boxeo sigue presente en su día a día: “El boxeo no me ha dejado, simplemente ha cambiado de forma”, explica. En la actualidad, se dedica a apoyar y entrenar a jóvenes talentos.
Su relación con este deporte comenzó casi por casualidad. “Lo supe con catorce años, cuando pasé por delante de un gimnasio y vi a varias personas practicando boxeo. Quedé fascinada”, recuerda. Sin embargo, su camino no fue fácil. A los diecinueve años, una relación marcada por la violencia la obligó a abandonar el deporte. Fue la maternidad la que le devolvió la fuerza: “El nacimiento de mi hija me devolvió a la vida y al ring”.
El apodo de “La Reina”, que la ha acompañado durante toda su carrera, resume su trayectoria. “Una reina no nace, se hace a golpes”, afirma a HA10. Más que un apodo, se convirtió en un símbolo de resistencia y crecimiento personal, aunque también implicaba presión: “Claro que la sentía. Pero la transformé en combustible”.
Sobre el ring, Gutiérrez no solo luchaba contra sus rivales, sino también contra sus propios miedos. “El miedo existe, pero aprendes a convivir con él”. Lo que más echa de menos no es tanto ganar, sino “la sensación de salir al ring sabiendo que llevas años preparándote para ese momento. Eso es único”.
Su carrera estuvo marcada por hitos importantes. En noviembre de 2019 se coronó campeona interina del peso ligero por la WBA y protagonizó un momento histórico para el boxeo español al enfrentarse a Katie Taylor, convirtiéndose en la primera púgil española, tanto en categoría masculina como femenina, en disputar los cuatro cinturones mundiales. Aun así, tiene claro de qué se siente más orgullosa: “No es de los cinturones, sino de haber llegado hasta ahí desde donde empecé”.
En su camino hacia la élite, figuras como Jero García fueron fundamentales: “Fue quien me ayudó a buscar una salida a mi situación de violencia de género, y después me entrenó para llegar a ser campeona”. Junto a él, su hija ha sido su mayor apoyo y motor.
Más allá del deporte, Gutiérrez muestra una faceta menos conocida: “Soy una persona normal de Torrejón de Ardoz. Soy oficial de jardinería, algo que mucha gente no sabe”. Una vida que contrasta con la exigencia del boxeo profesional, pero que refleja la naturalidad con la que afronta su día a día.
Actualmente, “La Reina” continúa vinculada a la sociedad desde otro ámbito. Es concejala en el Ayuntamiento de Torrejón de Ardoz, donde trabaja especialmente en políticas de igualdad, y participa en iniciativas como el programa Sport vs Violence de la Fundación Jero García. “El ring ha cambiado, pero la pelea sigue”, afirma.
Su mensaje para las nuevas generaciones, especialmente para las mujeres, es claro: “Que se pongan los guantes y no le pidan permiso a nadie”. Una frase que resume el carácter de una deportista que abrió camino en un entorno con escasa presencia femenina.
Si tuviera que definir su trayectoria en una sola frase, no duda: “Me dieron los golpes más duros de la vida, y los convertí en coronas”. Ahí reside la clave de su historia: en la capacidad de transformar cada caída en una oportunidad.
Laura Hernández pone fin a su etapa en el Bera Bera y fichará por el MKS Lubin
Nayra de Ganzo / 16-04-2026
A veces, las decisiones más importantes no llegan de golpe, sino que se construyen poco a poco. Es el caso de Laura Hernández, jugadora de balonmano, que tras seis temporadas en el Bera Bera se prepara para cerrar una etapa marcada por el crecimiento, los títulos y una profunda transformación personal.
Su historia con el balonmano comenzó de forma casual. Era el deporte que se practicaba en su colegio y fueron sus amigas quienes dieron el primer paso. “Al principio no era un deporte que me llamara demasiado la atención”, reconoce. Sin embargo, aquella niña inquieta, a la que le gustaba todo lo que implicara correr, fue encontrando algo más con el paso del tiempo. “Poco a poco fue gustándome cada vez más, por el deporte en sí, por el componente competitivo y por la gente con la que lo compartía”.
Esa progresión le llevó a debutar pronto en la máxima categoría con el Elche, un momento que recuerda con especial cariño, a pesar de los nervios iniciales. “Fue un momento muy bonito”, explica. “Tenía a mi alrededor un entrenador y unas compañeras que me hicieron sentir con confianza”.
Tras consolidarse en su club de origen, en 2020 dio uno de los pasos más importantes de su carrera con su fichaje por el Bera Bera. En Elche se sentía cómoda y había vivido etapas muy positivas, pero necesitaba un nuevo estímulo. “Quería vivir nuevas experiencias, competir por todos los títulos, jugar en Europa y aumentar la exigencia”, señala. Ese salto no solo le permitió crecer deportivamente, sino también a nivel personal. “Desde que estoy en Bera Bera he crecido mucho, como deportista y como persona”.
Dentro del equipo tuvo que adaptarse a nuevos retos. Aunque comenzó como lateral, acabó encontrando su lugar en el extremo izquierdo. “Al principio me costó asumir ese cambio”, admite. Sin embargo, con el paso del tiempo ha sabido hacer suyo ese nuevo rol. “Ahora me siento cada vez mejor y estoy pudiendo disfrutarlo”.
Si hay algo que define estos años en San Sebastián es su evolución personal. Más allá de los títulos, Hernández pone el foco en el crecimiento interior. “La Laura que llegó hace seis años no es la misma que ahora”, afirma. La exigencia del alto nivel, las rachas positivas y los momentos complicados han moldeado su carácter. “Me siento mucho más fuerte de cabeza, más segura en mí misma y consciente de lo que puedo aportar”.
En lo deportivo, los éxitos han sido constantes. Cada temporada ha dejado su huella, aunque hay recuerdos que destacan por encima del resto. “Cada título ha sido especial”, explica, y menciona con especial cariño las Copas de la Reina, las finales del playoff y las experiencias europeas.
Más allá de los resultados, el vestuario ha sido uno de los pilares de esta etapa. “Este equipo ha sido familia en muchísimos momentos”, asegura. Rodearse de compañeras con las que compartir tanto dentro como fuera de la pista ha sido clave en su camino. “Me siento muy afortunada de toda la gente con la que he coincidido”.
Por eso, la decisión de cerrar esta etapa tiene un componente emocional evidente. Aunque llevaba tiempo madurándola, no deja de ser un paso importante. “No ha sido difícil de tomar porque era lo que sentía”, explica para HA10. Sin embargo, reconoce que despedirse no es sencillo. “Es duro pensar que el año que viene no estaré aquí, pero me voy feliz y con un recuerdo muy bonito”.
Su próximo destino será el extranjero, cumpliendo uno de los objetivos que tenía desde que comenzó su carrera profesional. El MKS Lubin aparece como una oportunidad para seguir creciendo en un contexto diferente. “Tengo muy buenas referencias del club y sé que hay un buen grupo humano”, señala. En lo deportivo, el reto también es exigente, en una liga competitiva y en un club con aspiraciones europeas.
El cambio, en cualquier caso, va más allá del balonmano. Supone salir de su zona de confort y enfrentarse a nuevos desafíos personales. “Moverme a otro país, hablar otro idioma… es un cambio grande”, reconoce. Pero lo afronta como una oportunidad. “Seguro que es una experiencia que me enriquecerá mucho, tanto a nivel deportivo como personal”.
Con la vista puesta en lo que viene, el balance de su etapa en el Bera Bera es claro. Más allá de títulos y estadísticas, lo que permanecen son las personas. “Me quedo con toda la gente con la que he vivido estos años”, concluye. Porque hay etapas que no solo se recuerdan por lo que se consigue, sino por todo lo que te transforman durante el camino.
Sara Amador impulsa su salto a la élite del jiu-jitsu europeo
María Garlo / 15-04-2026
Pese a su juventud y a su todavía corta trayectoria, el nombre de Sara Amador empieza a ganar presencia en el jiu-jitsu español. La madrileña, cinturón negro de jiu-jitsu y judo, se ha consolidado como campeona de España absoluta de jiu-jitsu y ha logrado subir al podio en varias ocasiones a nivel internacional en categoría sub-21. Su reciente medalla de bronce en el Campeonato de Europa 2026, celebrado en Heraclión (Grecia), confirma su progresión hacia la élite de este deporte.
Su relación con el deporte comenzó desde muy pequeña: “empecé a hacer judo con cuatro años, en el cole, porque era una niña muy inquieta y mi hermana ya estaba apuntada”. Con el paso del tiempo, decidió dar un paso adelante y empezar a entrenar de forma “más seria”. Desde entonces, el ambiente en el tatami ha sido clave: “Siempre me ha encantado y el buen ambiente que hay ha hecho que nunca me haya planteado dejarlo”.
Su evolución no ha sido inmediata, sino fruto de un proceso de trabajo constante. Ella misma reconoce que el cambio más importante llegó hace tres años, cuando cambió de grupo de entrenamiento: “Yo soy una persona que de primeras es un poco tímida y me costó acceder a cambiarme de grupo, pero si no hubiera sido por eso, creo que a día de hoy no sería quien soy”, afirma la deportista, que destaca el papel de sus entrenadores y compañeros en ese salto.
Uno de los logros más especiales de su carrera es el bronce en el Campeonato de Europa 2026. “ Es la medalla que más ilusión me ha hecho, al final en un campeonato de Europa, están compitiendo los mejores de cada país y plantarme entre las cuatro mejores, es fuerte”, reconoce.
Sin embargo, no todos los resultados han sido positivos. En anteriores campeonatos europeos se quedó a las puertas del podio, firmando una quinta posición. Lejos de frenarla, esa experiencia reforzó su ambición: “Me dio rabia, me quedé a solo un punto de la medalla, pero la verdad es que me dio hambre de más”, apunta para HA10.
Uno de los rasgos que mejor definen a Sara Amador es su autoexigencia. “Me gusta ser perfeccionista y ambiciosa, en mi opinión, es la clave del éxito, pero si es verdad que a veces esto hace que me machaque mucho y tenga momentos difíciles psicológicamente”, admite. En ese sentido, reconoce que el apoyo de su familia es clave para mantener el equilibrio.
Más allá de los resultados, la deportista destaca la importancia de experiencias internacionales como el Open de Génova o el Mediterranean Open, que le han permitido crecer también fuera del tatami: “Hacen que aprenda a gestionarme sola y a convivir con mis compañeros y amigos y creo que son super necesarios en el crecimiento de un deportista”. Experiencias que, asegura, forman parte de sus mejores recuerdos como deportista.
En la alta competición, la preparación mental es determinante. Antes de competir, Amador sigue una rutina: “Trato de tener un diálogo positivo conmigo misma y de asegurarme de estar segura teniendo claro qué tengo que hacer, para ellos suelo ponerme música”, comenta para HA10. Aun así, reconoce que la motivación no siempre está presente: “La motivación a veces desaparece y toca hacer las cosas un poco a modo automático”. También admite dificultades en el plano psicológico: “Creo que algo que no se ve mucho es el síndrome del impostor, de decir “¿Qué se supone que hago aquí?”, explica.
A ello se suma el esfuerzo diario que exige su disciplina: entrenamientos constantes, sacrificios sociales, control del peso y exigencia física y mental. “Tienes que renunciar a cumpleaños, reuniones familiares, fiestas con los amigos no solo por el hecho de entrenar sino por tener que seguir la dieta, acotarte a un peso, dejas de tener un día a día de una “persona normal”, reconoce.
En este proceso, el entorno es fundamental: “En los deportes el equipo es lo más importante, sentirte apoyada y bien aconsejada. Yo soy súper afortunada de compartir tatami con la gente que lo hago porque puedo aprender de todos y cada uno de ellos”, afirma la madrileña. En especial, destaca la figura de su entrenador Javi García y la de sus padres: “Todos hacen que yo sea quien soy hoy en día y que pueda llegar a ser algo más en el futuro”, afirma.
Todo ello lo compagina con sus estudios de fisioterapia y con su trabajo impartiendo clases de judo a niños, lo que supone un reto añadido en su día a día: “Yo trato de organizarme y tratar de aprovechar los ratos que no entreno y no trabajo para estudiar, pero a veces el espacio mental que ocupa cada cosa hace que bajes el rendimiento en otros ámbitos”, reflexiona para HA10.
De cara al futuro, la madrileña tiene objetivos ambiciosos. A corto plazo, quiere disfrutar del Grand Prix de París, su primera gran cita internacional en categoría absoluta, y luchar por la medalla en la Europa Cup de Bélgica. A largo plazo, su meta es clara: “Me gustaría ser campeona de Europa y poder pisar un pódium mundial”, asegura.
Para Sara Amador, el jiu-jitsu: “Es el deporte de mi vida, el mejor arte marcial y, por supuesto, un baúl de recuerdos para toda mi vida”.
Del oro europeo al adiós prematuro: la historia de Dani Gutiérrez en el hockey línea
José Luis Vadillo / 15-04-2026
A los veinticuatro años, Dani Gutiérrez ya ha recorrido todas las etapas de una carrera deportiva. Breve, intensa y, en sus propias palabras, “rápida”. Su historia en el hockey línea comenzó a los ocho años, casi por casualidad: “Empecé con ocho años por mi vecino”. En aquellos primeros pasos compaginó el hockey con el fútbol, aunque pronto encontró su camino: “Empecé hockey y fútbol a la vez pero me decanté por el hockey línea porque el entrenador me picaba más”.
Desde entonces, el hockey pasó a ocupar un lugar central en su vida. “Cuando estás en el hockey, tu vida es el hockey”, resume. Su trayectoria arrancó en un club de Valladolid que hoy ya no existe y continuó con un recorrido marcado por la movilidad: Oropesa, dos años en el Molina Sport de Gran Canaria y una breve experiencia en Francia antes de su retirada. Los cambios no fueron circunstanciales, sino parte de su manera de entender la carrera deportiva: “Me marchaba de los clubes en busca de cambio de aires y nuevos retos”.
En ese camino acumuló logros relevantes, como la Copa del Rey con el Molina Sport y un campeonato europeo con la selección absoluta. Uno de los momentos más recordados fue aquella final copera: “La ganamos con un gol que teníamos ensayado, metiendo el gol de oro”. Un detalle que refleja el nivel de preparación y la exigencia táctica del hockey línea en la élite.
Sin embargo, su testimonio también deja entrever algunas de las limitaciones estructurales del deporte. “En el hockey te fichan por nueve meses”, explica, señalando la temporalidad de los contratos. A ello añade una visión crítica sobre el nivel competitivo: “Fuera de España el nivel es superior” y, de forma más contundente, “los demás equipos que no juegan en España se ríen de ti”. Declaraciones a HA10 que apuntan a una percepción de desventaja internacional del hockey línea español.
El desgaste aparece como uno de los puntos clave de su relato. La exigencia constante terminó pasando factura: “Al final ya no entraba con ganas a jugar”. A ese agotamiento se sumaban factores como su relación con el arbitraje: “Los árbitros me quemaban mucho”. Aun así, su compromiso nunca estuvo en duda, incluso en los momentos más difíciles: “Aunque me haya lesionado, nunca he querido parar aunque me doliera”.
Esa mentalidad, basada en la disciplina y la resistencia, es una de las principales enseñanzas que le dejó el deporte: “El hockey me ha enseñado disciplina”. También reconoce el papel de quienes le acompañaron en el proceso: “Agradecer a los entrenadores por saberme llevar”, comenta a HA10.
Con solo veintidós años, tomó la decisión de retirarse. Un final temprano que no supone una desvinculación total, sino una transición. Actualmente, con veinticuatro años, dirige una agencia de marketing, gestiona las redes sociales del Molina Sport y colabora con la Federación de Hockey Línea. Su vínculo con el deporte sigue presente, aunque desde otra perspectiva.
Desde esa posición, su consejo para quienes empiezan resume buena parte de su experiencia: “Que se centren en ellos mismos”. Una frase que trasciende lo deportivo y apunta a la gestión personal en entornos de alta exigencia.
La historia de Dani Gutiérrez es la de una carrera intensa, marcada por el éxito, la autoexigencia y el desgaste. Un recorrido que refleja tanto el potencial como las dificultades de un deporte en crecimiento, y que deja una idea de fondo: la velocidad con la que se vive una carrera también puede condicionar su duración.
Sergi Darder sueña con el Tour tras la histórica invitación al Caja Rural
David Revilla / 14-04-2026
Sergi Darder se abre paso en el ciclismo profesional desde una trayectoria poco habitual. El corredor del Caja Rural–Seguros RGA relata para HA10 cómo fueron sus inicios: “Fueron un poco diferentes al resto, yo no tenía ningún referente cercano. Con seis años le dije a mi padre que me gustaba ir en bici y me apuntó al Club Ciclista Sant Boi, donde crecí en su escuela de ciclismo y sus equipos cadete y juvenil”.
A sus veintitrés años, Darder afronta su segunda temporada en la estructura navarra, con la que ya ha competido en pruebas de nivel como la Vuelta a Andalucía, la Vuelta a Burgos o la Volta a Catalunya. Sobre su adaptación al equipo, destaca el ambiente interno: “El Caja-Rural Seguros RGA es un equipo muy familiar. En la primera concentración de diciembre, en Mojácar, me sentí muy cómodo e hice buenas migas con mis compañeros”.
Aún en proceso de definirse como ciclista, reconoce que su terreno natural son las clásicas: “Es donde me siento más cómodo, ya que suelen ser carreras de mucho desgaste con subidas cortas y empinadas, donde el pelotón se selecciona y puedo esprintar bien”.
Su primera temporada en el equipo, en dos mil veinticinco, estuvo marcada por la adaptación al profesionalismo: “al ritmo y la exigencia de la categoría, pero anduve mejor, haciendo un muy buen final de temporada”. Un curso en el que pudo medirse a algunos de los mejores ciclistas del pelotón internacional. “Sentí mucho orgullo e ilusión, hasta hace poco, yo era un espectador más que veía a los ciclistas profesionales como figuras casi divinas, aunque también sentí mucha responsabilidad para demostrar que yo era uno de ellos”.
Entre sus resultados más destacados, Darder señala el Trofeo Matteotti, en Italia, donde firmó una sexta posición: “Una clásica de final de temporada muy duro y selectivo donde pude hacer sexto contra rivales muy buenos”. En esa prueba, se midió a nombres consolidados del pelotón internacional.
En este dos mil veintiséis, el ciclista catalán ha dado un paso más al debutar en el World Tour con la Volta a Catalunya, que define como “la mejor carrera en la que he participado”. Allí logró un décimo puesto en la segunda etapa, pese a una caída durante la semana. “Tuve muy buenas piernas toda la semana, incluso con una caída en el tercer día”.
La cita tuvo además un componente emocional añadido al competir en casa: “La última etapa en Montjuic fue espectacular, poder correr en casa, con mis amigos y familia animándome, de los mejores días de mi vida”.
El gran hito para el equipo esta temporada llegó con la invitación al Tour de Francia, un momento histórico que el propio Darder vivió desde dentro: “En las semanas antes del anuncio oficial empezó a sonar el run run de la posibilidad de recibir la invitación, pero nosotros no sabíamos nada seguro y no nos lo acabamos de creer hasta que llegó el día del anuncio oficial. Estábamos en el autobús del equipo preparando una de las etapas de la Challenge de Mallorca cuando salió la publicación en la cuenta del Tour. Fue un momento de euforia y alegría máxima con todos los miembros del equipo, es el mayor premio a todo el esfuerzo de estos años”.
Pese a ello, es consciente de la dificultad de estar en la salida: “Estoy trabajando con ilusión dando lo mejor de mi para intentar ganarme una plaza en el Tour, pero lo veo complicado, todavía soy joven y hay gente en el equipo con más experiencia que yo, aunque sería un sueño y más saliendo de Barcelona”.
Con contrato hasta final de temporada, Darder tiene claro su deseo de continuidad: “Me gustaría seguir en el equipo, estoy muy a gusto. Tenemos un calendario muy bueno y el equipo trabaja muy bien con los jóvenes, no hay lugar mejor para seguir mi evolución como ciclista”.
En cuanto a objetivos, el catalán no esconde su ambición: “ganar mi primera carrera como profesional” y, a largo plazo, disputar dos de las pruebas más emblemáticas del calendario: “Tour de Flandes y Paris-Roubaix, son dos grandes sueños que tengo desde pequeño”.
César Castro, del esfuerzo a los Juegos Olímpicos de París 2024
Alejandro Hernández Blázquez / 14-04-2026
El camino hacia la élite rara vez es lineal, y en la natación aún menos. En el caso de César Castro, nadador del Club Natació Terrassa, su trayectoria responde a años de constancia, aprendizaje y también a momentos en los que insistir era la única opción.
Su relación con la piscina comenzó por influencia familiar. Su hermano, que ya practicaba este deporte, fue su primera referencia. Lo que empezó como cercanía terminó convirtiéndose en vocación. “Al final es trabajar y trabajar”, resume sobre una etapa inicial marcada por la repetición y la exigencia diaria.
Pronto llegaron las primeras experiencias competitivas relevantes. Siendo aún infantil, participó en un Campeonato de Europa donde se enfrentó a nadadores de mayor edad. “Competía contra juniors siendo infantil”, explica a HA10. Aquella situación, lejos de frenarle, aceleró su crecimiento deportivo y le permitió medir desde muy joven el nivel internacional.
En 2014 participó en la Copa Comen, una competición asociada a la categoría infantil, donde logró dos medallas de oro en 400 metros libre y en el relevo 4x200, además de un bronce en los 1500 metros libre.
Un año después dio un paso más en su progresión. En el Mundial junior de Singapur 2015 consiguió la medalla de plata en los 800 metros libre y el bronce en los 1500, consolidándose entre los mejores nadadores del mundo en su categoría. “Fue un momento en el que me di cuenta de que podía competir con los mejores”, afirma. A estos resultados se sumaron éxitos a nivel europeo que reforzaron su proyección internacional.
Sin embargo, su carrera también ha estado marcada por dificultades. En un momento clave previo a los Juegos Olímpicos, las lesiones —especialmente en el hombro— frenaron su progresión e incluso le impidieron participar en grandes competiciones. “Fue una etapa complicada de mi vida”, reconoce a HA10. Un periodo en el que tuvo que detenerse y replantear su camino.
Tras superar esa fase, logró regresar al máximo nivel y cumplir uno de los grandes objetivos de cualquier deportista: competir en unos Juegos Olímpicos.
Su debut llegó en los Juegos Olímpicos de París 2024, una experiencia que define como el punto más alto de su carrera. “Es algo inolvidable”, asegura. Allí formó parte del relevo 4x100 metros libre, donde el equipo español finalizó en novena posición con un tiempo de 3:13.19, logrando además el récord de España en las eliminatorias. “Estar allí ya lo cambia todo”, recuerda.
Aun así, la cita olímpica dejó una sensación agridulce. El equipo se quedó a las puertas de la final, un resultado que el propio nadador reconoce como una “espinita” por la cercanía con los mejores. “Nos quedamos a una posición de entrar a la final”.
Más allá de la competición, Castro ha compaginado su carrera deportiva con los estudios de Marketing y Dirección Comercial. “Es duro ser deportista de alto nivel y estudiar a la vez, pero es lo que toca”, admite, consciente de la exigencia y del carácter limitado del deporte de élite.
De cara al futuro, mantiene un objetivo claro: regresar a unos Juegos Olímpicos y prolongar su carrera al máximo nivel. “No sacrifico nada, porque he elegido estar aquí”, concluye.
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Para Alonso Moreno, el balonmano no es solo un deporte, sino parte de su historia familiar. Desde los cuatro años, el patio del Colegio San Francisco se convirtió en un lugar especial. “Mi madre me soltaba allí con mis hermanos mayores. Me enfadaba mucho y me sentaba en el medio del campo ya que no me pasaban el balón, debido a que era pequeño”, recordaba con nostalgia en HA10.
Su mirada siempre estuvo puesta en Ciudad Real, especialmente en Ólafur Stefánsson. Lo que le fascinaba del islandés no era su potencia física, sino su inteligencia sobre la pista. “Era un tío muy inteligente, era capaz de dar al equipo lo que necesitaba y era muy diferencial basado en la inteligencia. Era un central jugando de lateral derecho”.
Esa forma de entender el juego le ha llevado a firmar 989 goles en doce temporadas, una cifra que ni él mismo esperaba: “Es una mezcla de doce temporadas, de tener resistencia para lesionarme poco y de tener cierto peso en varios equipos”.
Antes de cada partido, Alonso sigue un ritual muy marcado. “Siempre entro con el pie derecho e intento no pisar ninguna línea. Cuando voy a cruzar el medio campo, piso en el centro y ya puedo pisar todas las líneas que quiera”. Una rutina que le ayuda también a gestionar momentos complicados, como el descenso de la pasada temporada: “Fue un golpe difícil de digerir. Estar en esa situación te enseña mucho porque reflexionas y te das cuenta en lo que has fallado”.
Entre sus recuerdos más especiales, destaca la final de Copa del Rey con el Torrelavega ante el Barça. “El simple hecho de llegar y dejar al equipo clasificado para Europa fue una satisfacción inmensa. Cada vez que paso por el pabellón, se me hace más fácil el viaje”.
Más allá de la pista, Alonso destaca por compaginar el balonmano con su formación académica. Mientras compite en la élite, finaliza su máster en Ingeniería Industrial. “El balonmano es un deporte minoritario y no todos podemos vivir de ello. Hay que tener un plan B y una salida, y cuando acabes con treinta o treinta y cinco años, queda mucha vida por delante”.
Ahora, con el Caserío asentado en la zona alta de la tabla pese a ser un recién ascendido, Alonso Moreno sigue disfrutando del vestuario, pero con la seguridad de quien ya ha empezado a construir su futuro más allá del deporte.
Abel Antón: del patio del colegio al oro mundial en maratón
Alberto Martín / 11-04-2026
La gloria en el deporte de élite suele asociarse a grandes centros de alto rendimiento, pero no siempre es así. Abel Antón comenzó en el patio de su colegio, bajo la mirada de su profesor Celestino Vallejo, que, sin saberlo, estaba a punto de marcar el inicio de una de las trayectorias más destacadas del atletismo español. Con apenas trece años, recibió una instrucción sencilla: dar una vuelta al patio. El premio para los cuatro primeros era representar al centro en el Cross Provincial de Soria. Aquel día, Abel no solo logró su plaza, sino que descubrió un talento especial para correr.
Ese inicio en los crosses sorianos fue el punto de partida de una carrera que se desarrolló durante años en la pista. Antón se especializó en los 5.000 y 10.000 metros, donde destacó por su resistencia. Sin embargo, el salto al podio internacional no era sencillo. "En estas pruebas había mucha competencia con los atletas africanos y conseguir medallas en Mundiales y Olimpiadas era muy difícil", confiesa para HA10. Fue entonces cuando tomó una de las decisiones clave de su carrera: dejar la pista y centrarse en el maratón, un movimiento que acabaría marcando su trayectoria.
El cambio no fue solo de distancia, sino también de mentalidad. En el maratón, Abel encontró el contexto ideal para explotar su inteligencia táctica. En ese camino, la rivalidad con Martín Fiz marcó una etapa importante de su carrera. Durante dos años, la relación entre ambos estuvo marcada por una gran tensión. "Nuestra relación fue muy tensa durante ese tiempo, pero creo que nos vino bien para realzar el maratón español y estar en el candelero todos los días", explica Abel. Aquella competencia contribuyó a dar visibilidad al maratón en España y elevó el nivel de ambos atletas. Con el paso del tiempo, esa rivalidad dio paso a una relación de respeto y amistad.
Al recordar su trayectoria, uno de los momentos más significativos no está únicamente en los títulos, sino en las sensaciones vividas en el Mundial de Sevilla de 1999. Más de dos décadas después, Abel rememora aquel día en dos momentos clave. El primero, a falta de cinco kilómetros para la meta: "En ese punto ya me veía ganador", afirma. El segundo, la entrada en el Estadio de La Cartuja, donde el apoyo del público fue determinante. Más de 60.000 personas lo empujaron hacia la meta en un ambiente inolvidable. "Para mí, ganar el Mundial de Sevilla es el recuerdo que guardo con más cariño", reconoce.
El valor de lograr un título mundial como local es difícil de igualar. España solo ha acogido una edición del Mundial de Atletismo, y que un atleta nacional se proclamara campeón en casa convierte aquel logro en un hito singular.
A pesar de su legado, Abel Antón mantiene su vínculo con el atletismo. Aunque ya no compite al máximo nivel, sigue participando en carreras populares y en contacto con los aficionados. "El gusanillo competitivo siempre está. Ahora disfruto corriendo con los populares casi todos los fines de semana, mientras el cuerpo me lo permita".
Pablo Sánchez-Valladares, constancia y evolución en los 800 metros del atletismo español
Nerea Mateos / 10-04-2026
Pablo Sánchez-Valladares es un atleta de Torrejón de Ardoz especializado en 800 metros. Su trayectoria deportiva incluye varias etapas clave que han marcado su evolución tanto en lo deportivo como en lo personal.
A sus veintiocho años, afronta una nueva temporada con la vista puesta en las competiciones de verano. “Ahora mismo estoy haciendo una pretemporada para afrontar las competiciones de verano, metiendo una buena base de kilómetros”, explicaa la redactora de HA10. Aunque es consciente de que puede encontrarse en la fase final de su carrera deportiva, mantiene una actitud positiva: “Me siento bastante joven y con muchas cosas por hacer aún, así que queda Pablo para rato”.
Uno de los puntos de inflexión de su carrera llegó en 2016, cuando se trasladó a Madrid para entrenar en el CAR. Ese cambio resultó determinante en su progresión, que le permitió consolidarse en la élite del atletismo español. La medalla en el Europeo sub-23 supuso, en sus palabras, “un antes y un después”, y el momento en el que comenzó a sentirse competitivo a nivel internacional.
Sin embargo, si hay una experiencia que destaca por encima del resto es su participación en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. “Cumplí un sueño. Siempre lo veía en la tele y estar allí, conocer a tus ídolos o simplemente compartir momentos con ellos, ya era increíble”, cuenta. Aun así, la vuelta a la realidad no fue sencilla: “Pensaba que me iba a comer el mundo, pero no fue así. Fue un golpe de realidad”. Una experiencia que, según reconoce, le ayudó a cambiar su mentalidad y a seguir mejorando.
En la entrevista con HA10, Sánchez-Valladares explica la complejidad del 800 metros, una prueba en la que el aspecto mental es tan importante como el físico: “Es una mezcla de cabeza y físico. Necesitas estar muy concentrado en todo momento ya que en medio segundo puede resolverse la carrera, pero también necesitas estar físicamente fuerte para poder reaccionar a los cambios”. Según él, el momento clave suele llegar en la recta final, aunque insiste en que “es una prueba impredecible”.
La gestión de la presión ha sido otro de los factores importantes en su carrera. “Tengo la suerte de trabajar también la parte mental con un psicólogo”, señala. Ese acompañamiento ha sido especialmente relevante tras los Juegos, una etapa que define como la más dura: “Pensaba que estaba ya todo hecho y que las cosas vendrían sin mucho esfuerzo, pero no fue así. Gestionarlo fue duro, pero ahora se ha convertido en una lección muy importante”.
De cara al futuro, el atleta marca varios objetivos. A corto plazo, el Europeo de verano en Birmingham, y más adelante, los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, con un deseo especial: poder vivirlos junto a su familia en la grada. “Quiero vivirlo con ellos, porque en Tokio fue imposible por la pandemia”. Además, mantiene su ambición en lo deportivo en cuanto a marcas: “Quiero bajar a 1:43, sé que tengo margen de mejora”.
Fuera de la pista se muestra como alguien sencillo: le gusta pasar tiempo con los suyos, ver rugby y desconectar jugando a los dardos. Un equilibrio que complementa la exigencia del alto rendimiento.
Para los que empiezan en el atletismo, su mensaje es claro: “Esfuérzate, sé constante y sigue pase lo que pase, nunca sabes cuándo va a llegar tu momento”. Una frase que resume su trayectoria hasta ahora.
Mary Romero: “Gracias a este deporte soy la persona que soy”
Carlos Castillo / 09-04-2026
Mary Carmen Romero, más conocida como “Maribicho”, compite profesionalmente en distintas artes marciales. Su amplio palmarés incluye logros como el Campeonato del Mundo de Muay Thai y el Campeonato Intercontinental WIBF. Actualmente, se encuentra en el top 10 del ranking del Consejo Mundial de Boxeo y, en exclusiva para HA10, comenta su trayectoria en las artes marciales y sus objetivos futuros.
Desde muy corta edad, Mary supo que no era como las demás. Le gustaba revolcarse, pisotear y actuar como un “bicho”, como ella misma dice: “Mi madre era algo que lo intuía que decía esta niña no es normal porque las demás niñas jugaban y yo no, yo estaba viendo donde me subía, donde me tiraba. Era quien le pegaba, era súper activa, era un bicho. Y yo recuerdo que mi madre quería apuntarme a los típicos que había antes en la gimnasia rítmica, sevillanas, y yo le decía que no, que no, porque yo veía la tele, veía la película de artes marciales y yo le decía, mamá, yo quiero esto, mamá, yo quiero ser como ellos.”
Mary destaca por su polivalencia, compitiendo en varias disciplinas: “Empecé con mi entrenador que actualmente es mi marido haciendo desde joven kung fu y luego a partir de ahí empecé hacer full contact, kick boxing, me introduje en el mundo de muai thai y el boxeo fue más tardío”. Actualmente está enamorada del boxeo, aunque sus inicios tienen nombre propio. “Me conoció el presidente de la Federación Cántabra y en una pelea vio que tenía muchísima fuerza en los brazos. Entonces vino al vestuario y me dijo ‘hola Mari, soy Martín de la Federación de boxeo. Me gustaría que hicieras una pelea de boxeo, ¿estarías dispuesta?’ y yo como a nada le digo que no, pues le dije que sí. Y a partir de ahí me enganchó, gané en mi primer campeonato de España, entonces vino el presidente de la federación de boxeo, es que el que digamos cogía el equipo olímpico femenino, me dijo que si estaba dispuesta a entrar en el equipo olímpico y le dije que sí”.
A lo largo de su carrera, Mary ha cosechado un gran palmarés, destacando especialmente tres campeonatos de Europa, y afirma que “gracias a ellos he tenido la oportunidad de disputar campeonatos mundiales”. Sin embargo, una reciente lesión ha frenado, por ahora, su ritmo. “Actualmente estoy entre las diez primeras del ranking del Consejo Mundial de Boxeo y centrada en recuperarme de una lesión en la mano. Estoy entrenando duro para volver en plena forma. He bajado de categoría de peso porque me gustaría enfrentarme a Fundora, número uno mexicana en el peso mosca”.
Mary lo tiene claro: las artes marciales son su vida y asegura que “gracias a este deporte soy la persona que soy”, ya que el boxeo le ha transmitido valores que busca inculcar a sus hijos. La diferencia entre competir en España y fuera del país es notable, y Mary lo ha vivido en sus carnes: “En España puedes pelear con rivales más accesibles, pero el verdadero nivel se demuestra fuera, enfrentándote a las mejores”.
David Gutiérrez, plata mundial: de rechazar el inline a la élite internacional
Nayra de Ganzo / 09-04-2026
Durante años, el patinaje artístico ha estado asociado casi exclusivamente al hielo. Sin embargo, más allá de ese imaginario, existe otra disciplina que crece de forma silenciosa y en la que también se compite al máximo nivel: el patinaje inline. Es en ese escenario donde ha construido su carrera David Gutiérrez, un patinador de veinte años que comenzó sobre ruedas sin imaginar hasta dónde podía llegar.
Gutiérrez lleva patinando desde los cuatro años, aunque su historia en la modalidad inline no comenzó hasta mucho después. Fue en 2021 cuando su entrenadora, Alexia, le propuso probar una disciplina que empezaba a introducirse en la escuela. Su respuesta inicial fue clara: “Al principio fue un no rotundo”, recuerda. A pesar de negarse en varias ocasiones, como él mismo cuenta, “yo lo rechacé varias veces”, la insistencia de su monitora terminó dando resultado. “Con el paso de los meses accedí a probarlo y me encantó”.
Ese mismo año llegó la primera gran señal de que el cambio había sido acertado: una medalla de plata en el Campeonato de España que marcó el inicio de una nueva etapa.
Desde entonces, su progresión ha sido constante, aunque no inmediata. “Ha sido un proceso muy largo”, explica. Durante años, el esfuerzo no se tradujo en resultados visibles, pero la constancia se mantuvo. “No tirar la toalla y seguir apostando por mi sueño ha sido siempre el motor que me ha llevado a intentar alcanzar mi máximo potencial.”. Aquellas primeras medallas en 2021, tanto a nivel nacional como internacional, supusieron un punto de inflexión en una trayectoria construida desde la paciencia, la misma que terminaría llevándole a competir en la máxima exigencia: un Campeonato del Mundo.
En Pekín 2025 firmó una actuación que lo situó entre los mejores del panorama internacional, con un segundo puesto. Sin embargo, la experiencia fue más compleja de lo que refleja el resultado. “Son días muy intensos, con muchísimas emociones concentradas en muy poco tiempo.”, afirma Gutiérrez. “Llegas, entrenas, compites… y de repente ya estás en la entrega de premios”.
Su rendimiento fue sólido desde el inicio, liderando la clasificación tras el programa corto. Aun así, en el largo cometió algunos fallos que le hicieron finalizar con la medalla de plata. “En ese momento cuesta un poco, porque sabes que has estado muy cerca”, reconoce para HA10. Con el paso del tiempo, sin embargo, cambia la perspectiva: “Al final, es una medalla en un Mundial y eso refleja todo el trabajo que hay detrás durante años.”.
Más allá del resultado, queda la experiencia: compartirlo con una compañera de entrenamientos, vivir una competición de este nivel desde dentro y gestionar la presión. En ese proceso, el trabajo mental ha sido clave en su evolución. “Igual que se entrena un salto o una pirueta, la mente también necesita preparación constante.”, explica. Contar con una psicóloga deportiva le ha permitido afrontar situaciones de máxima exigencia con herramientas que van más allá de lo físico.
Porque si algo define este deporte es todo lo que no se ve. Detrás de cada programa hay horas de entrenamiento, disciplina y renuncias. “He tenido que renunciar a muchas cosas que son normales para gente de mi edad”, admite. Tiempo libre, planes o momentos con la familia quedan en segundo plano cuando el objetivo es competir al máximo nivel. “Pero al final, todo ese esfuerzo tiene sentido cuando ves los resultados y, sobre todo, cuando haces lo que te apasiona”.
A pesar del nivel competitivo, el patinaje inline sigue siendo una disciplina poco conocida en España. “Haría falta más presencia en medios y más difusión.”, señala Gutiérrez. En ese sentido, los resultados internacionales juegan un papel importante: “Creo que cada logro ayuda a abrir un poco más la puerta y a que se valore como realmente merece.”.
Lejos de conformarse, su mirada ya está puesta en lo que viene. La temporada continúa y el margen de descanso es mínimo. “Estoy centrado en el Campeonato de España, que es clave para clasificarme a las competiciones internacionales”, explica.
El objetivo, sin embargo, va más allá de las medallas. “Quiero seguir evolucionando como deportista y transmitir cada vez más en la pista”, afirma. Porque en un deporte que todavía busca su espacio, cada paso cuenta. Y el suyo, aunque empezó con un “no”, ya le ha llevado a la élite.
Guillermo Gómez, talento y constancia sobre ruedas
María Garlo / 08-04-2026
Guillermo Gómez, campeón del mundo de patinaje artístico en línea, se ha consolidado como una de las grandes promesas de este deporte. Con apenas 18 años, ha ganado la World Cup durante cuatro años consecutivos (2022-2025) y ha sido World Junior Champion en 2024 y 2025. Además, ha conquistado cinco títulos consecutivos de campeón de España desde 2021 y se ha llevado el oro en el campeonato de Europa en 2021, 2022 y 2025. Estos logros reflejan tanto su constancia como su talento innato.
Guillermo comenzó a patinar a los tres años, gracias a la insistencia de sus padres, quienes lo apuntaron a clases. Desde entonces, su progresión ha sido continua. Inició su trayectoria en un club de Aranjuez y más adelante se unió al club Ocaña. Fue entonces cuando su entrenador actual identificó su potencial y le propuso cambiar de club para dar el salto definitivo hacia la élite del patinaje.
Desde sus primeros campeonatos nacionales, en los que quedó tercero y cuarto, hasta convertirse en campeón del mundo, Guillermo ha vivido un proceso largo y exigente. “Si miro atrás pues ha sido un poco largo, pero ahora lo pienso y digo ostras qué pereza volver a hacer todo el camino pero cuando lo estás viviendo no eres consciente del tiempo que está pasando”, reflexiona. Durante la pandemia, experimentó una gran mejora que lo posicionó como favorito en las competiciones y lo llevó a conquistar tanto campeonatos de España como de Europa.
Competir al más alto nivel requiere dedicación total y manejo de la presión. Guillermo comenta que, aunque el público solo vea una actuación de cuatro minutos, el trabajo que hay detrás es enorme: “Cada cosa es un desglose, primero para aguantar esos cuatro minutos se necesita un entrenamiento diario haciendo resistencia y luego las piruetas y los saltos hay que entrenarlas todas intentando siempre aumentar la dificultad”, afirma para HA10. Este esfuerzo físico se combina con la parte artística y la preparación mental: “Es un deporte muy psicológico, ya que un pequeño fallo puede cambiar toda la competencia. Si tu pie tiembla un poco, puede afectar la técnica del salto o la pirueta", asegura.
El madrileño se siente más artista que patinador: “Lo importante aparte de ganar es hacerlo con el orgullo de saber que has gustado, que aparte de que objetivamente los jueces me pongan o no de primero me gusta que la gente me quiera de ganador”. Para él, la huella y las sensaciones que transmite al público son fundamentales: "Me gusta que la gente diga: ‘me ha emocionado, ha patinado muy bien, es mi ganador moral’".
Una curiosidad que lo diferencia es que Guillermo ha logrado homologar una pirueta propia en el reglamento oficial de su disciplina, la cual además otorga la máxima puntuación posible. “Cuando me dijo mi entrenador que la habían confirmado, me dio bastante felicidad”, explica. Desde entonces, la pirueta se ha convertido en su firma en cada competición.
A través de las redes sociales, Guillermo busca aumentar la visibilidad del patinaje artístico sobre ruedas, un deporte que aún está lejos de recibir el reconocimiento que merece. "Con las redes, intento acercar este deporte a más personas", comenta. Uno de sus mayores retos es la falta de inclusión en los Juegos Olímpicos, algo que le “resulta desmotivante” pero que ha “asimilado”, manteniendo la esperanza de que algún día sea reconocido.
El deporte de élite exige sacrificios personales y económicos. Guillermo reconoce que el patinaje no garantiza una vida sin preocupaciones, como ocurre en otros deportes, por lo que recalca la importancia de los estudios: “Hay que tener siempre unos estudios porque la vida sigue”. Sin embargo, para él, los sacrificios valen la pena: “Los sacrificios merecen la pena, siempre y cuando lo hagas porque es lo que de verdad te gusta y porque tú disfrutas de hacerlo, nada en esta vida es gratis, hay que sufrir para todo siempre y cuando no dejes de lado ni tu vida social ni los estudios”, reflexiona para HA10. Además, resalta que no hay que obsesionarse con el éxito, sino disfrutar del proceso.
En cuanto a sus objetivos, Guillermo espera mantenerse en la primera posición al pasar a la categoría absoluta, lo que le supone “mucho orgullo pero también mucha presión”. Comenta que “lo toma como un reto, como un voy a ser el que pase de Junior que ha estado ganando desde que era pequeño hasta que llegó en absoluto y ahí también seguir ganando”.
Finalmente, Guillermo define el patinaje como “libertad, arte, movimiento y sobre todo delicadeza”. “Es una forma de expresarse, cada uno tiene su propio estilo y el patinaje es la ayuda para mostrar esa personalidad. Por eso se llama patinaje artístico, por no seguir el molde, sino crear tu propio patinaje, dejar tu huella”, concluye.
Adrián Benedicto comparte su experiencia en el Curso Superior de Periodismo en Eventos Deportivos de la APDE
José Luis Vadillo / 08-04-2026
Adrián Benedicto, actual presentador de El Futbolín en Radio Marca, visitó el Curso Superior de Periodismo en Eventos Deportivos de la Asociación de Periodistas Deportivos Europeos (APDE) para compartir su recorrido profesional y ofrecer a los alumnos una visión práctica de la radio deportiva actual.
En su charla, Benedicto relató cómo su trayectoria rompe con los itinerarios tradicionales del periodismo: “Lo que me ha pasado en la vida es estar en el momento adecuado en el lugar adecuado”, comenta, destacando la combinación de suerte, iniciativa y aprendizaje constante que ha marcado su carrera. A pesar de no contar con formación académica en periodismo “No he estudiado periodismo, soy autodidacta”, su determinación y curiosidad le han permitido consolidarse en el medio: “Mandé más de cincuenta correos a empresas enseñando lo que podía aportar”.
El periodista explicó cómo su perfil audiovisual y su manejo de redes sociales fueron clave para su incorporación a Radio Marca: “Me contrataron perfil audiovisual y redes”. Junto a Felipe del Campo, ocupa la franja nocturna más exigente de la emisora, de 23:00 a 01:00: “Estamos en la franja más complicada de la radio, 23:00-01:00”, lo que exige creatividad y constante reinvención del contenido para conectar con la audiencia.
Benedicto también abordó la importancia de generar oportunidades desde fuera de las estructuras tradicionales: “Si no tienes el hueco o el sitio lo tienes que tener desde casa”. Durante la sesión, hizo hincapié en la relevancia de desarrollar contenido propio y en la utilidad de las redes sociales para construir una marca personal: “El efecto TikTok tiene que ser algo duradero” y recordó que, a veces, incluso los experimentos más ambiciosos no funcionan como se esperaba: “Quisimos ir de guays con contenido de Primera y Segunda RFEF y no salió”.
Entre los ejemplos que compartió con los alumnos, destacó iniciativas de participación de la audiencia: “Con un vídeo de preguntas perdí hasta diez euros con la gente”. Más allá de lo anecdótico, la reflexión subyacente fue la de apostar siempre por contenidos cercanos y participativos.
Durante la charla, Benedicto también enfatizó la necesidad de una visión transversal del medio: “En Marca tienes que aprender de todo”. Además, abordó cuestiones de diversidad y estrategia empresarial en la radio deportiva: “Poner un perfil femenino nos lo implantan desde arriba”.
En cuanto a cómo acceder a la profesión, el periodista destacó la diferenciación, la preparación y el análisis: “Aparecí con un PDF de qué podía mejorar en cada franja horaria” y “también tienes que saber qué es lo que hace alguien bien y mejorarlo”. Finalmente, reflexionó sobre la importancia del trabajo en equipo: “Tu equipo tiene que ser mejor que tú”. Para Benedicto, aunque la suerte es un factor, esta se construye sobre la base de la iniciativa, la preparación y la capacidad de anticiparse a un sector en constante cambio.
La charla ofreció a los alumnos una visión práctica del periodismo deportivo, sus retos y oportunidades, al mismo tiempo que permitió acercarse a la realidad de la radio en directo y la experimentación digital. Sin duda, una experiencia enriquecedora que pone de manifiesto la importancia de la vocación, la preparación y la innovación en la comunicación deportiva actual.
Óscar Rodríguez, entre lesiones y grandes vueltas: su carrera y el sueño de renovar con Ineos
David Revilla / 07-04-2026
Óscar Rodríguez cuenta con nueve años de experiencia como ciclista profesional. Murias, Astana, Movistar e Ineos han sido testigos de su evolución, en equipos en los que ha podido compartir vestuario con nombres muy ilustres del pelotón internacional como Alejandro Valverde, Miguel Ángel López, Egan Bernal o Filippo Ganna, entre otros. Pero el mejor compañero que ha tenido no es ninguno de ellos: “No tengo dudas. El mejor compañero que he tenido es Ion Izagirre. Cuida a los compañeros que da gusto, es mi ciclista favorito. Yo con Ion Izagirre a muerte”, cuenta para HA10.
Óscar Rodríguez saltó a la fama en 2018. Por entonces formaba parte del Euskadi Murias, un equipo que no pertenecía al WorldTour, la máxima categoría del ciclismo. Ese año, el conjunto recibió una invitación para disputar La Vuelta a España, y Rodríguez fue uno de los ocho elegidos, con el sueño de ganar una etapa.
Y lo consiguió. En la etapa 13, con final en La Camperona, se impuso tras completar una fuga de gran nivel. Así recuerda ese momento: “Éramos treinta y dos en fuga y tres compañeros del Murias. Se metió gente muy buena. Llegamos a la última subida con la carrera empatada. Puse mi ritmo, recuperé el tiempo que había perdido al principio y gané. Aunque vuelva a ganar, que lo veo difícil, no creo que se vaya a repetir un momento tan bonito”.
Al año siguiente, Óscar no pudo repetir éxito, pero sí lo hizo su compañero Mikel Iturria. Fueron años destacados para un equipo que, sin embargo, desapareció a finales de 2019: “Fue muy triste porque al principio iban a continuar. No sé qué pasó. De un día para otro, cerró el equipo”. Óscar pudo encontrar acomodo, pero no todos sus compañeros corrieron la misma suerte: “La mayoría pudimos recolocarnos en algún equipo, pero hubo otros, cinco o seis, que tuvieron que colgar la bicicleta. Fue una pena”.
Su siguiente destino fue Astana, su primer equipo en el WorldTour, del que guarda buenos recuerdos: “Astana era un equipo mediterráneo, la mayoría eran italianos. Una experiencia chula. Salir de Murias e ir a un equipo grande, es todo diferente”. Una etapa en la que le tocó trabajar para los líderes, aunque también “tenía mucha libertad, podía disputar etapas de montaña”.
Tras dos años en Astana, recaló en Movistar, el gran equipo español: “En Movistar estuve con Valverde y Enric Mas, que eran los líderes. Es muy fácil todo, en Movistar era todo muy fácil”. Durante su etapa en el equipo telefónico participó en el Giro de Italia 2023, donde sufrió la peor caída de su carrera: “Se fastidió el riñón y estuve muchos días en el hospital. Orinaba sangre. Estuve muchos días quieto y me metí al rodillo. Al no haber baches ni vibraciones, podía andar ahí, hasta que me dijeron que había cerrado la herida y pude volver a competir”.
En 2024 fichó por Ineos, uno de los equipos más potentes del pelotón. “Es otro mundo”, confiesa Óscar Rodríguez. “Es un sueño venir a este equipo, es lo máximo. Como ciclista, no creo que haya ningún equipo mejor que Ineos. El nivel de exigencia es altísimo, un error se paga caro y te lo hacen saber. El que no rinda, saben que se va a su casa”.
Con Ineos disputó la Vuelta 2024 como gregario de Carlos Rodríguez, que venía de ser séptimo en el Tour. “Fue una vuelta de mierda, por lo menos no llovía. Perdimos muchos corredores con el Covid”. Además, Carlos no cumplió con las expectativas y terminó décimo: “Como aficionados, cometemos el error de dejarle el peso del equipo a Carlos. Como tiene un motor grande cualquier año Carlos va a estar en el podio de cualquier gran vuelta”.
La suerte no ha acompañado a Óscar Rodríguez en los últimos años. En 2025 sufrió una grave lesión en la mano y una alergia persistente que le impidió rendir con normalidad. “El año pasado fue un año muy malo. Me rompí la mano en Jaén, luego vino una época de alergia muy mala. A final de año me operé de la nariz porque no respiraba nada. Era un problema de los cornetes, me los redujeron, para ver si en 2026 podía andar mejor”.
Este 2026 lo comenzó de forma similar. Una caída entrenando en pretemporada le provocó una fractura de cadera, una grave lesión que le obligó a perderse la primera parte del año. “Tenía en el calendario Catalunya y País Vasco”, cuenta para HA10. Su recuperación avanza positivamente y ya pone fecha a su regreso: “Voy muy bien. Casi no tengo dolor. Creo que para finales de abril podré estar”. Acaba contrato esta temporada, pero espera “poder renovar, sería increíble”.
Óscar Jiménez: del fútbol sala profesional a formar a nuevas generaciones
Alejandro Hernández Blázquez / 07-04-2026
La relación de Óscar Jiménez con el deporte comenzó en su ciudad natal, Salamanca, concretamente en los Escolapios. “Practicábamos todos los deportes: fútbol, fútbol sala, balonmano, voleibol, baloncesto, natación, atletismo…”. Fue en el fútbol sala donde más destacó, lo que le permitió integrarse en el equipo del Sol Fuerza Salamanca. Su progresión le llevó a debutar con apenas diecisiete años en la Primera División (División de Honor) con el primer equipo de su ciudad, iniciando así una de las carreras más destacadas del fútbol sala español.
El salmantino jugó hasta los treinta y cinco años, pasando por clubes como Segovia o Inter y logrando todos los títulos a nivel de clubes. Sin embargo, para él ese no es el aspecto más importante: “Cada título es una recompensa al trabajo y la dedicación, pero lo que realmente me llena es ver cómo el deporte sigue formando personas y dejando huella”.
El que fuera cierre de la selección española en cuatro ocasiones reconoce también un recuerdo amargo en su carrera: “Fui internacional con España, pero me quedó la espina de no ir al Mundial que ganamos”, comentaba para HA10.
Caracterizado por su competitividad y su capacidad de adaptación a los equipos, se retiró en 2008 en el Tuco Muebles Fútbol Sala de Cartagena, aunque nunca se desvinculó del deporte. Su estrecha relación con Joma, que fue su patrocinador durante quince años como jugador, le abrió las puertas para incorporarse a la marca como responsable de patrocinios. Una etapa que continúa hasta hoy y en la que su pasado como deportista de élite resulta clave: “Me facilita mucho la relación con los deportistas. Hablo su mismo idioma, entiendo sus necesidades. No es solo un acuerdo económico, hay que crear vínculos personales”.
Además, destaca el papel del fútbol sala como uno de los deportes estratégicos de la marca, junto al atletismo y los deportes de raqueta, donde cuentan con algunos de los mejores jugadores del mundo y presencia en múltiples ligas.
Sobre la visibilidad del fútbol sala, reflexiona: “No tan infravalorado, sino que el fútbol tiene mucho más altavoz. El fútbol sala se practica mucho en todo el mundo, pero le falta visibilidad”.
Óscar también dedica parte de su tiempo a la formación de jóvenes a través de su escuela en Salamanca, Intersala, que cuenta con más de 340 alumnos. “Mi objetivo es que los chicos disfruten y se diviertan. No hay nada más importante que hacer deporte, a cualquier nivel”, asegura.
En esta línea, defiende el fútbol sala como una disciplina dinámica y participativa: "El fútbol sala es continuo, nadie puede esconderse y te hace pensar muy rápido. Todos los chicos deberían pasar por él antes de jugar al fútbol once, porque les ayuda a mejorar su técnica y su rapidez mental", explica.
Para Óscar, el deporte ha sido mucho más que una carrera profesional: “Lo que más felicidad me ha dado, aparte de mi familia, es el deporte. Gracias al fútbol sala he conocido a personas interesantes, he vivido grandes experiencias y he podido continuar vinculado al deporte que tanto amo”, concluye.
Con su experiencia como jugador de élite, sigue formando a jóvenes y transmitiendo valores. Óscar Jiménez demuestra que el deporte no solo se mide en títulos y logros, sino también en su capacidad para cambiar la vida de las personas. Para él, el fútbol sala es mucho más que un juego: es pasión, enseñanza y un camino para inspirar a las nuevas generaciones.
Aitor Nieto, “El Diamante”, el boxeador que pulió su carrera hasta brillar en lo más alto
Raúl Peraza / 06-04-2026
Aitor Nieto, nacido en Oviedo, comenzó a tomarse el boxeo en serio con dieciséis años. A los veinte disputó su primera pelea, en la que se alzó con la victoria. Tras siete años en el ámbito amateur y neoprofesional, decidió dar el salto definitivo al profesionalismo, donde acabaría construyendo una trayectoria destacada dentro del boxeo asturiano.
Conocido como El Diamante, el propio púgil explica el origen de su apodo: “Porque yo siempre tenía una cristalería y con lo único que se corta el cristal es como un diamante. Y así es como tú cortas a los rivales”.
Nieto repasa para HA10 sus inicios en este deporte: “Pues yo empecé como un hobby, yo había hecho otros deportes, había hecho atletismo, hice judo de pequeño, natación y probé el boxeo, me gustó y estopé en el año 99 en el Palacio de los Deportes de Torriedo. Empecé con Gitano Jiménez y bueno, vi que se me daba bien el boxeo, empecé a competir, hice cuatro combates de boxeo amateur, gané los cuatro y hasta el año 2022 que me retiré”.
A lo largo de su carrera, logró ser seis veces campeón de España en peso wélter, además de conquistar el título de campeón del mundo latino y el campeonato de Europa. Sobre el momento que marcó su salto al profesionalismo, recuerda: “Ahí fue en el Palacio de Deportes de Gijón y si dabas el salto a profesional no podías volver a la amateur. Entonces me lo tuve que pensar bien y así decidí dar el salto y hasta que conseguí todos los títulos que conseguí”.
De sus veintiséis victorias como profesional, diez llegaron por K.O. Sin embargo, hubo un combate especialmente exigente: “La última que hice, que llegué a los diez asaltos, fue con un chico más joven que yo y fue en el año 2019”.
También analiza su evolución sobre el ring y los cambios en su estilo de combate: “Pues yo decía boxear, no sabía boxear bien. Entonces tiraba muchos golpes al aire, no me cubría bien. Levantaba la cabeza, que si levantas la cabeza es peor porque te cogen a golpes fácilmente. Entonces la técnica cuando pasé a profesional, que busqué un preparador físico, pues que es Juan del Valle. Entonces con él mejoré mucho el fondo físico. Luego con él empecé también a hacer la dieta y fue cuando empecé a dar el peso a vueltas, que es sesenta y seis kilos. Pues fue así cuando ya más eficiente me vi. Antes era más fuerza bruta y después ya hay que ir puliendo la técnica”.
En la actualidad, cuenta con un centro deportivo en Oviedo y trabaja en la formación de nuevos boxeadores. Sobre los aspectos que valora en sus pupilos, señala: “Lo que veo es que tenga valor. Cuando hacen su primer sparring, cuando veo que un chico recibe un golpe y ves que se acojona, que no se atreve a sacar manos, ese chico es el que no vale para boxear. El que ves que lleva el golpe y se cabrea y quiere ayudar a devolverlo, ese es el que vale. Pues sí, si te cagas, la verdad que le va a pasar canutas haciendo boxeo. Entonces aquí puede venir todo un entrenador”.
Además, comparte su objetivo como entrenador: “Los chavales, yo como organizo muchas veladas, pues oye, seguir entrenando a los chavales y que lleguen lo más lejos posible. Si puedo sacar a un profesional y que llegue a ser un campeón como soy yo, pues oye, el bienvenido sea. Más que mejor”.
Por último, recuerda dos combates que no llegaron a producirse y que considera cuentas pendientes en su carrera: “Bueno, son dos espinas. Una era hacer la revancha con un rival que había perdido, que se llama Ferino Quinto. Me hubiera gustado también boxear con Germán de Járraga, que éramos los dos. Era el número dos, entonces éramos después o vueltas los dos. Y era un combate que todo el mundo quería ver y nunca se dio. No se dio porque, mira, una vez que le ofrecimos boxear aquí en Oviedo, iba a boxear yo la revancha con Ferino y Ferino nos dejó tirados a última hora y entonces en esa velada iba a boxear también Germán. Entonces, para no buscarle un rival a Germán y otro rival a mí, le ofrecimos boxear conmigo y no quisieron”.
Nathan Matos: talento y esfuerzo desde la arena de Gran Canaria
Gonzalo Díaz / 05-04-2026
Nathan Matos, jugador del Club Voleibol Playa Gran Canaria, es un referente dentro del equipo y doble campeón de la Copa del Rey de Vóley Playa. En una reciente entrevista, contó a HA10 detalles sobre su carrera, su club y sus objetivos futuros.
Al hablar de su club, Nathan señala que lo primero que le viene a la cabeza es que es un club de referencia en España, donde todo el mundo quiere jugar por lo que representa. También comenta que para él es un orgullo representar a Gran Canaria en cada torneo y que el club se merece todos los éxitos porque se trabaja muy bien desde abajo, desde la cantera hasta los mayores, algo que no siempre ocurre en otros lugares.
Sobre el vóley playa en sí, explica que es un deporte muy exigente tanto física como mentalmente y que su club tiene una profesionalización que no tiene casi ningún otro en España, comparable incluso a una selección nacional. Destaca que, en los momentos difíciles de los partidos, como el viento o el calor, todo está en la mente: cuando el físico ya no da, hay que tirar de cabeza, y eso es lo que al final da títulos.
Nathan también habla de la importancia de la complicidad con su compañero, fundamental en un deporte de dos jugadores. Señala que su pareja ideal debe defender bien y colocar bien, porque eso complementa su juego. Además, destaca que la parte técnica, como controlar los movimientos para dirigir el balón, suele pasar desapercibida desde fuera. En su club, cuentan con facilidades para estudiar o trabajar, lo que ayuda a equilibrar la vida dentro y fuera del deporte.
Sobre la Copa del Rey, Nathan cuenta que la ganó en 2021 y 2025, y que fue algo espectacular. Explica que no pensaba en ganarla, sino en ir partido a partido, y al final llegó la recompensa. Esta experiencia le permitió ver hasta dónde pueden llegar, aunque afirma a HA10 que eso ya es pasado y que ahora piensan en otros objetivos.
Reconoce que ha perdido más de lo que ha ganado en su carrera, pero que esas experiencias le han ayudado a aprender y mejorar. Sobre esta temporada, comenta que están aprendiendo a ser más equipo, ya que antes el vóley playa era un deporte más individual y ahora la liga exige un enfoque diferente.
En cuanto a los torneos que les representan, menciona la Copa del Rey del año pasado, por el ambiente y lo que transmite. De cara al futuro, Nathan indica que quieren seguir creciendo y mejorar sus resultados, sin conformarse con lo que ya tienen. A nivel individual, busca mejorar la recepción para poder crear mejor juego desde el principio. También envía un mensaje de agradecimiento a patrocinadores, familia y seguidores, considerando su apoyo imprescindible para continuar creciendo, y asegura que ellos darán todo en el campo.
Para concluir, expresa que le gustaría que en el futuro los chicos del club los vean como referentes y puedan llegar a conseguir grandes cosas como ellos.
Marina Muñoz: estudiar Medicina y competir al máximo nivel, un reto constante
June González / 04-04-2026
La joven triatleta segoviana Marina Muñoz, formada en el Triatlón Cuéllar y en el CAR de Río Esgueva en Valladolid, deja claro que su relación con este deporte empezó casi sin planearlo. “Yo me apunté como quien se apunta a cualquier escuela deportiva: iba con mis amigas, pasaba el rato y me volvía a casa”. Desde HA10 hemos podido hablar con ella sobre su trayectoria en el triatlón.
Todo empezó de pequeña: “Siempre he sido una niña muy activa, hacía de todo, incluso fútbol, pero era horrible”. Lo que sí tenía claro es que se le daba bien competir. El primer gran punto de inflexión llegó en segundo de Bachillerato, cuando le ofrecieron irse a Valladolid. “Me costó convencer a mis padres y convencerme a mí misma”.
El cambio no fue fácil. “Al principio fue horrible, no te voy a mentir. Cambiar de instituto, de rutina, vivir en una residencia… se me hizo bola”, reconoce. Entrenamientos por la tarde, clases por la mañana, estudiar por la noche. Pero aguantó y logró adaptarse.
Uno de los momentos que guarda con más cariño es su primera medalla en un Campeonato de España. “Fue en un nacional de duatlón júnior y quedé segunda… pero es que no me lo esperaba para nada”. Fue sin objetivo y la carrera se le quedó grabada. “Me acuerdo de todo, desde el principio hasta el final. Hice una transición muy buena y ahí gané un tiempo clave. Me automotivé sola y lo disfruté muchísimo”, asegura.
El camino no ha estado exento de dificultades. También ha habido dudas, especialmente relacionadas con la universidad. “Compatibilizar Medicina con el alto nivel es muy duro”, reconoce, sobre todo en épocas de exámenes. “Ahí es cuando más dudas tienes”. Sin embargo, siempre ha seguido adelante.
En cuanto a lesiones, ha tenido relativa suerte, aunque no ha estado libre de sustos. “Me rompí los dos meniscos de una rodilla y estuve un año sin poder competir”. Un proceso largo, sin pasar por quirófano, que requirió paciencia. “Era todo el rato probar, ajustar, hacer cosas sin impacto… dar dos pasos adelante y uno atrás”, recuerda.
Hoy, Marina sigue construyendo su versión más completa. “Estoy trabajando bastante la carrera a pie y la natación, que siempre han sido mi punto débil”. Aunque intenta no obsesionarse: “Es verdad que te pones presión tú misma, pero intento no compararme con otros años. Cada carrera es un mundo”.
Sus objetivos son ambiciosos: “Quiero estar en el podio en el Campeonato de España de Duatlón en Cáceres y luego vienen Copas de Europa y del Mundo”. Y a largo plazo, algo aún mayor: el Mundial Multisport en Abu Dabi.
El sueño olímpico sigue vivo: “Intentar esa escalada olímpica, pelear por estar ahí”. Pero también mantiene los pies en la tierra: “Si no consigo ese nivel, igual me decanto por media o larga distancia, pero no quiero tirar la toalla”, asegura.
Más allá de resultados o metas, tiene claro qué es lo que más le llena de este deporte: “Me encanta competir, pero casi disfruto más cuando voy con mi equipo a una liga de clubes y conseguimos algo juntos”. Porque, al final, en un deporte tan individual, esos momentos compartidos saben diferente.
Blanca Benítez: del legado familiar a la lucha por profesionalizar el balonmano
Alex Daniel Ruiz Agüero / 04-04-2026
El balonmano español se construye a partir de historias de herencia y pertenencia. Este es el caso de Blanca Benítez, que entiende el deporte como un vínculo familiar y de amistad. Formada en el club de su colegio, Los Escolapios, su relación con la pelota empezó casi por inercia, ya que sus hermanos jugaban allí. Además, su padre había sido jugador y árbitro años atrás. No fue un flechazo inmediato, ya que probó otros deportes como la natación o la gimnasia rítmica.
Su entrada al balonmano fue fruto de la amistad. “Comencé porque una amiga del cole jugaba con los chicos y como era la única chica, me pidió que probara un día con ella”, contaba para HA10. A esa curiosidad se sumó la figura de su profesor José Antonio Biedma, quien en ese momento era uno de los directivos del club y terminó de impulsarla a jugar.
Desde niña, su atención estuvo puesta en Nerea Pena y Macarena Aguilar, sus ídolos. Con el paso del tiempo, empezó a fijarse también en la visión y elegancia de Stine Oftedal.
Blanca mantiene intacta la ilusión por entrenar, sin importar quién esté enfrente. Una pasión que acompaña con rituales sagrados: “Me suelo poner siempre primero la zapatilla izquierda, me ato los cordones de una forma particular y si puedo calentar en la banda pegada al banquillo, mejor”, nos confiesa.
Al mirar al pasado, rememora con cariño su etapa en el Balonmano Montequinto, especialmente cuando disputaron el top ocho de España en Torrevieja. Aunque no lograron superar la fase de grupos, aquel equipo dejó una huella imborrable. El éxito también ha estado presente, como aquel gol agónico en el último minuto de cuartos en el CESA, que terminó con la consecución del oro.
Para ella, el balonmano es una montaña rusa de emociones. “Lo mejor es el subidón de energía y la excitación de ganar un partido y celebrarlo. Aunque lo peor es la distancia con la familia, la gestión de la autoexigencia y los pensamientos negativos que a veces asaltan a nivel individual”.
Blanca se muestra crítica y reflexiva sobre el estado del deporte: “al balonmano femenino le falta la propia profesionalidad para conseguir serlo”, afirma con rotundidad. Para ella, el avance en los contratos para las jóvenes es un paso adelante, pero insuficiente si no se acompaña de condiciones dignas en salarios, instalaciones y servicios. “Nunca llegaremos a ser realmente profesionales si todos los que participamos en él no nos comportamos como tal”.
Actualmente, disfruta de una etapa de estabilidad personal y deportiva, destacando la enorme química que existe en su vestuario, fruto de años de trabajo conjunto. Con el final de temporada en el horizonte, los objetivos son claros: evitar el "play down", meterse en "play off" y cumplir el sueño de levantar una Copa de la Reina.
A las que vienen por detrás, les deja un mensaje que heredó de su entrenador Ricardo Márquez y que resume su filosofía de vida: “Lo importante no son las medallas, porque esas cogen polvo, sino el recuerdo que creas con las personas con las que las consigues”.
Meltxor Iza y la batalla de cuarenta y cuatro horas en Usurbil: cuando rendirse no era una opción
José Luis Vadillo / 03-04-2026
Hay un momento en las pruebas de resistencia en el que el esfuerzo deja de ser solo físico. Meltxor Iza lo experimentó en Usurbil, durante un desafío de cuarenta y cuatro horas en el que recorrió 295 kilómetros. Él mismo lo resume con una palabra: “locura”.
Su relación con este tipo de retos comenzó hace apenas un año, casi por impulso externo: “mi hermano me convenció”, comenta a HA10. Desde entonces, su preparación ha seguido una pauta clara: acumular kilómetros en días consecutivos y cuidar especialmente la carga energética antes de competir, “metiendo muchos carbohidratos la semana previa”. Aun así, reconoce que hay una parte imposible de entrenar: “es un continuo sube y baja de estados de ánimo”.
La prueba, disputada en un circuito sin ayudas externas, música ni distracciones, plantea un escenario de desgaste progresivo. En ese contexto, el primer momento crítico llegó pronto: “Sobre la vuelta doce pensé en dejarlo y mandé a mi hijo a por mis playeras con las que entreno corriendo por la montaña”. No era solo una cuestión física, sino una decisión mental. Sin embargo, encontró un motivo para continuar: “Pensé: estoy aquí peleando contra la Champions, ¿por qué no soñar?”.
A partir de ahí, cada vuelta se convirtió en una negociación constante con el dolor. “Después de la vuelta treinta y seis me salió un bulto en el cuádriceps”, explica. Pero la dimensión del reto ya había cambiado. Hacía años que no ganaba —“desde que tenía quince años y éramos tres chavales”—, aunque en esta ocasión el resultado parecía quedar en un segundo plano frente a la experiencia.
Fuera de la competición, Iza trabaja en CAF, donde participa en la construcción de trenes. Una rutina alejada de la exigencia del ultrafondo que, sin embargo, contrasta con su capacidad para rendir en contextos extremos. Ese equilibrio entre lo cotidiano y lo excepcional define su perfil.
El papel del entorno fue determinante durante el desafío. Iza subraya el apoyo de su familia en los momentos de mayor desgaste emocional, así como el de su equipo, los Kabronazos. También destaca a quienes le acompañaron en bicicleta durante la prueba: “uno me dijo: ‘tú vas a ganar’”, y a la organización de Ibaiondo, que hizo posible el desarrollo del evento. Para él, se trata de un esfuerzo compartido.
Esa visión también se traslada a su forma de entender la competición. “No me gusta la palabra ‘contrario’”, afirma a HA10. Y profundiza en esa idea al referirse a la clasificación: “A la segunda persona se le llama ‘asistente’, una palabra que no me gusta nada. No hace justicia al esfuerzo realizado. El que queda segundo tiene el mismo mérito y reconocimiento que yo”.
Tras cruzar la meta, el impacto exterior fue inmediato: “Dejé el móvil en la mochila y las redes eran una locura”. Sin embargo, lo esencial había ocurrido antes, durante esas cuarenta y cuatro horas marcadas por una tensión constante entre abandonar o continuar.
Porque recorrer 295 kilómetros no es solo una cuestión física. Es, sobre todo, la capacidad de sostenerse cuando aparece la duda. Y, como mostró Meltxor Iza en Usurbil, entender que incluso en el momento de querer parar, también se sigue avanzando.
Óscar Marugán: de la grada al primer equipo del BM Nava
Alberto Martín / 03-04-2026
Hay historias que comienzan lejos del foco. La de Óscar Marugán lo hizo desde la grada, viendo a su hermano jugar al balonmano. Hasta entonces, su mundo era el fútbol sala, pero todo cambió cuando empezó a bajar a la pista en los descansos y a probar el balón. El punto de inflexión fue inmediato: “Ese día decidí probar y dejé el fútbol por el balonmano y hasta el día de hoy”.
A partir de ahí, inició un camino que le ha llevado a crecer dentro de su club y a fijarse en referentes como Valero Rivera. En su juego no buscaba la velocidad, sino la precisión: “no es un extremo muy rápido pero es un extremo que tiene muchísima calidad en el lanzamiento”.
El salto al primer equipo no fue sencillo. Pasar de la base a competir con jugadores más experimentados supuso un reto importante tanto físico como mental. “Es un paso muy grande el jugar con gente de tu edad a jugar con gente más mayor y mucho más fuerte y experimentada que tú”, confiesa Óscar para HA10 al recordar esos inicios. Esa adaptación, sin embargo, llegó con el tiempo, el trabajo físico y la confianza del cuerpo técnico.
En ese proceso, Marugán ha entendido dónde se marca la diferencia real: “Puedes entrenar mucho y bien pero lo que te va a hacer mejor jugador es disputar los máximos minutos posibles en el campo”.
Aun siendo muy joven, atraviesa uno de sus mejores momentos en ataque. Su crecimiento se apoya en la constancia, la disciplina y la ambición por mejorar. Para esta temporada, se marca un objetivo claro: “intentar mantener un porcentaje de efectividad alto si es posible por encima del setenta por ciento y mejorar en los lanzamientos desde los siete metros”.
Con los pies en la tierra, también tiene claras sus metas a largo plazo. Aspira a alcanzar la élite del balonmano nacional: “mi techo está obviamente en poder debutar en la selección absoluta de España”. Sin perder de vista sus raíces, añade: “Un gran sueño sería jugar competiciones europeas con el club de mi pueblo”.
Con la permanencia como objetivo colectivo y su progresión individual en marcha, Óscar Marugán sigue dando pasos firmes en su carrera, consolidándose como una de las promesas de su entorno.
Elsa Porto, la veterana canterana del CRAT que aporta experiencia y liderazgo
Víctor Nieto / 02-04-2026
Elsa Porto ha defendido desde las categorías inferiores la camiseta del CRAT. A día de hoy, lo sigue haciendo como una de las jugadoras más veteranas de la División de Honor de rugby femenino. A lo largo de su trayectoria, la gallega ha permanecido en el club coruñés durante toda su carrera, exceptuando la temporada 2021-2022, en la cual dejó el club de su infancia para aterrizar en el CR Sant Cugat con el fin de probar nuevas experiencias debido a su situación personal en aquel momento.
Durante esta temporada, el conjunto gallego no ha conseguido remontar ningún encuentro en el que ha comenzado por detrás en el marcador. “No creo que en ningún momento la actitud general sea bajar los brazos, pero sí que nos falla algo, no sé si en el engranaje, por decirlo de alguna manera, de gestionar las segundas partes. Pero la gestión, no sé muy bien cómo dentro del campo, porque fuera todas más o menos tenemos las ideas de qué puede estar fallando o qué no, y en el entretiempo además también te ayuda con los entrenadores y con capitanas de... Pues falla esto, podemos intentar hacer esto, entonces yo creo que es más un problema de gestión interna pero de la segunda parte, no es ni físico, ni actitud, ni fe yo creo, pero bueno, no sabría muy bien, es justo saber el problema, identificarlo”.
El CRAT es el segundo equipo que más puntos encaja en la categoría. Ante esta situación, la canterana del conjunto gallego analiza el problema en exclusiva para HA10. “La falta de experiencia del equipo, entonces falta conectar entre nosotras y falta crear una bonita red defensiva entre todas que con la red siempre va a ser mucho más fácil porque aunque una compañera falle el placaje tienes a la de al lado para que te lo acabe y ahora mismo como no sabemos muy bien justamente cómo respiramos una con la otra. Individualmente sí que hay algunos fallos en plan de placaje que no deberíamos de tener pero bueno, si tuviéramos esa red, pues mira, falla una un placaje, no pasa nada, la de al lado lo va a solucionar y ya está”.
Elsa habla en exclusiva para HA10 sobre qué fue lo más importante que aprendió durante su etapa en el club catalán y qué le llevó de vuelta a Coruña. “Eran como entrenos muy técnico-prácticos. Y después llegó el Seven en la Copa de la Reina, que eran tres sedes e íbamos un poquito para ver lo que pasaba y pasarlo bien, ya que teníamos ese buen ambiente. Y resulta que lo hicimos genial, en la Copa de la Reina quedamos como campeonas ese año. Además creo que había sido aquí en Coruña. Fue una sensación muy buena porque yo seguía jugando con San Cugat, pero era en Coruña, en mi casa de siempre. Y claro, hasta se hermanaron San Cugat con el CRAT”.
Con treinta y ocho años, Elsa estuvo negociando el año pasado con la directiva para poder seguir vistiendo la camiseta del club de su vida. Eso sí, bajo unas condiciones que ella misma impuso para continuar vinculada al equipo en el que debutó. “El año pasado llegamos ahí a un medio acuerdo con la directiva porque yo les dije que los viajes en autobús son muchas horas, pierdes todo el fin de semana. Cuando empezó la temporada vinieron a hablar conmigo y les conté la situación. Les dije, yo lo siento mucho pero hacer las cosas a medias y estar media comprometida no va conmigo. Entonces llegamos a que la solución podría ser esta que llevo haciendo el año pasado, que sería jugar los de casa, y entrenar pues lo que pueda. Yo sé que realmente no es bueno porque si hubiera un buen equipo, un buen quince, no podríamos permitir esto”.
Melania Cabrera: la fuerza del balonmano más allá de la pista
Nayra de Ganzo / 02-04-2026
Hay historias que empiezan casi sin darse cuenta y acaban convirtiéndose en una forma de vida. En el caso de Melania Cabrera, el balonmano llegó demasiado pronto como para recordar un antes. “Empecé gracias a mi madre a los cuatro años, ya que ella jugaba”, cuenta.
Lo que comenzó como una actividad más pronto adquirió un significado distinto. “Desde el principio me enganchó tanto por el juego como por el ambiente de equipo”. Sin embargo, más allá de la competición, lo que la ha mantenido ligada al balonmano es todo lo que lo rodea: el vestuario, las experiencias compartidas y las personas. “Es un deporte que te exige mucho, pero también te devuelve muchísimo, y eso es lo que me hace seguir apostando por él.” En ese equilibrio entre esfuerzo y recompensa ha construido no solo una carrera, sino también una parte fundamental de su vida.
Formada íntegramente en el Club Balonmano San José Obrero, su trayectoria está marcada por un fuerte sentido de pertenencia. “Este club es mi segunda familia”, afirma. Desde alevines hasta el primer equipo, su crecimiento ha estado siempre acompañado por un grupo que define como una “piñita”, un vestuario unido que ha sido clave en cada paso. Por eso, cumplir su sueño de competir en la élite sin salir de casa tuvo un significado especial. “Pensaba que tendría que salir de la isla para cumplir mi sueño de jugar en Iberdrola. Lo que nunca me imaginaría es que fuera a lograrlo con mi club de siempre, en mi casa y junto a mi mejor amiga.”
Sin embargo, el camino hasta ese momento no fue inmediato. Años de trabajo, ascensos progresivos y una constante adaptación la llevaron hasta la élite. “Ha sido un camino largo y duro”, reconoce, en una trayectoria en la que ha aprendido a competir, a convivir con la presión y a asumir el nivel de exigencia que marca una liga como la Guerreras Iberdrola.
En ese contexto, su crecimiento no ha sido solo deportivo. “He aprendido sobre todo en el aspecto mental”, explica. Gestionar la frustración, mantener la actitud cuando los resultados no llegan o entender que el compromiso va más allá de la pista forman parte de una competición que exige tanto como enseña. “A veces el trabajo, aunque sea mucho y bueno, no da los resultados esperados y es muy frustrante, pero está en ti el cómo quieras afrontarlo”.
Cuando parecía asentarse en ese nivel, la temporada dio un giro inesperado. Una acción aparentemente rutinaria en un entrenamiento terminó en lesión. “Me tiré al suelo a robar un balón dividido y mi mano chocó contra el suelo. Fue todo muy rápido”, recuerda para HA10. Lo que en un primer momento no parecía grave acabó convirtiéndose en una baja de varios meses.
La dificultad no llegó solo por la lesión en sí, sino también por el momento en el que se produjo. Con el equipo inmerso en partidos clave por la permanencia, asumir que no podría ayudar desde la pista fue un golpe duro. “Sentí mucha impotencia y tristeza, era muy duro no poder ayudar al equipo en un momento tan importante.”.
Desde entonces, el reto ha sido otro: aprender a competir desde fuera de la cancha. “Lo más difícil es ver al equipo y no poder aportar directamente”, explica. Vivir los partidos desde la grada, cambiar de rol y asumir esa distancia con el juego forman parte de un proceso que también deja aprendizaje. “Te enseña a valorar mucho más cada momento dentro de la pista y a tener paciencia”.
Ahora, el objetivo está claro: volver. Sin prisas, pero con la misma mentalidad que la ha llevado hasta aquí. “Estoy trabajando para recuperarme bien y volver cuanto antes”, señala. Porque, más allá de resultados o categorías, hay algo que se mantiene intacto desde aquel primer día: las ganas de jugar. Como ella misma resume, “El balonmano se ha convertido en algo fundamental en mi vida, no me imagino mi vida sin él.”.
Asier Nieto, constancia y ambición en el balonmano profesional
Nerea Mateos / 01-04-2026
La trayectoria de Asier Nieto Marcos muestra cómo el trabajo constante y la evolución deportiva pueden abrir puertas en el balonmano profesional. A sus veintiocho años, el lateral izquierdo inicia una nueva etapa en Francia, tras consolidarse en la élite del balonmano español.
Su salto llegó siendo muy joven. “La primera vez que sentí que podía dedicarme profesionalmente al balonmano fue cuando firmé por el Torrelavega con dieciocho años... ahí fue cuando pensé que podía hacer carrera”, explica.
Desde entonces ha pasado por varios equipos, hasta encontrar su mejor versión en el Bidasoa Irún, donde vivió la etapa que más le marcó: “Fue cuando mejor me sentí jugando, me sentía importante y tenía confianza”. Ese crecimiento no fue casual. “Los entrenadores confiaban en mí, me sentía bien físicamente y me entendía muy bien con mis compañeros”, señala sobre un periodo en el que dio un salto notable en su rendimiento en cuanto a números.
Ahora, en el Cesson-Rennes en Francia, afronta un nuevo desafío deportivo y personal. “Tenía ganas de vivir en otro país, jugar en otra liga y aprender otro idioma... estoy disfrutando y aprovechando la oportunidad”, comenta. Reconoce que adaptarse lleva tiempo: “Quizá ahora no estoy en mi mejor momento, pero sé que es parte del proceso y que llegará”.
La experiencia en Francia le ha permitido comparar dos realidades del balonmano. “La liga francesa es más profesional, se cuida mucho más al jugador y las infraestructuras son mejores”, afirma. En lo deportivo, destaca la exigencia física y el ritmo más alto respecto a la ASOBAL. Gracias a medios como HA10, que siguen de cerca la actualidad del balonmano español, su carrera ha ganado visibilidad y reconocimiento.
Nieto también ha estado cerca de consolidarse en la selección española, llegando a entrar en la prelista para el Europeo. “Estar en la lista ya es un premio. Si alguna vez llega la llamada para poder disputar un Campeonato del Mundo, bienvenido sea, pero no es algo que me obsesione”.
Uno de los momentos más destacados de su carrera llegó con la selección española en los Juegos Mediterráneos, donde logró la medalla de oro. “Fue espectacular... todos los jugadores soñamos con estar en la selección y poder vivir algo así”. Además del éxito deportivo, resalta el aprendizaje de enfrentarse a grandes jugadores: “Pude aprender mucho y sentir que todo el trabajo de años tenía sentido”.
Sobre la pista, se define como un jugador completo, capaz de aportar en ambos lados del juego: “Intento adaptarme al rol que el equipo necesita. Cuando más disfruto es cuando puedo ayudar tanto en ataque como en defensa”. Publicaciones como HA10 han seguido su evolución, destacando su capacidad para adaptarse a distintos equipos y ligas, lo que refleja su profesionalidad y compromiso.
De cara al futuro, sus objetivos son claros: seguir creciendo en Francia y, a largo plazo, cumplir uno de sus grandes sueños: “Me encantaría jugar la Champions League”. La ambición de Nieto refleja la combinación de talento, trabajo y constancia que ha marcado toda su carrera.
Adriana Cerezo, la joven estrella del taekwondo español, apunta a Los Ángeles 2028
María Garlo / 01-04-2026
El taekwondo español tiene en Adriana Cerezo a una de sus principales referentes. La madrileña, nacida en Alcalá de Henares, irrumpió en la élite con la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio con tan solo diecisiete años. Desde entonces, se ha consolidado en la categoría de -49 kg, en la que ha sido campeona de Europa en 2021 y 2024, además de lograr el bronce europeo en 2022 y el bronce mundial en Bakú 2023.
Su llegada a este deporte fue casi casual: “Comencé con cuatro años y sinceramente no es que me llamase la atención el taekwondo, sino que me gustaban mucho las películas de artes marciales que veía con mi abuelo”, afirmó para HA10. Tras probar varias disciplinas sin terminar de convencerse, acabó en un gimnasio cercano a su casa donde se practicaba taekwondo. Allí encontró su lugar: “cuando tuve el primer examen de cinturón, ya fue amor a primera vista”, dijo Cerezo.
Desde entonces, su progresión fue constante. La propia deportista reconoce que, desde que comenzó a competir, siempre tuvo como objetivo llegar a unos Juegos Olímpicos. Esa oportunidad llegó en 2020, cuando se le presentó la opción de disputar el preolímpico. “No iba a ir solamente a participar, sino que iba a ir a hacer mi mejor rendimiento posible”, comentó. Con apenas diecisiete años, terminó colgándose la plata en Tokio, además de lograr la primera medalla para España en aquellos Juegos.
En el alto nivel, la gestión de la presión es determinante. Incluso para una deportista acostumbrada a competir, “Pasan muchas cosas por la cabeza”, explicó. Sin embargo, Cerezo tiene claro dónde está la clave: “Lo que te va a dar la confianza para poder sobrepasarlos es saber que has hecho todo el trabajo que tenías que hacer y que vas a poder pasar esa barrera”.
En 2024 volvió a demostrar su nivel al proclamarse campeona de Europa, un logro que llegó apenas dos meses antes de los Juegos Olímpicos de París. “me reafirmaba que estaba preparada tanto a nivel físico, técnico, táctico”, afirmó. Sin embargo, la cita olímpica no salió como esperaba. Su derrota en cuartos de final supuso un duro golpe: “Fue un palo grande”, reconoció para HA10. Aun así, la madrileña extrae una lectura positiva: “Todo lo que he vivido me está haciendo mejor atleta y es lo que va a marcar la diferencia en mi futuro”.
Ese proceso de aprendizaje ha sido clave en su evolución: “He ido madurando mucho y he ido conociendo mucho lo que es el deporte de alto rendimiento”, explicó. Una realidad marcada por el esfuerzo diario sin garantías de éxito, muchas veces invisible para el público: “Al final la gente evalúa a los atletas por los resultados, y lo entiendo”. Aunque también matiza: “es muy triste que de repente un único resultado sea lo que determine tu futuro o cómo te está yendo”.
Más allá del aspecto físico, Cerezo pone el foco en el trabajo mental: “Es la que marca la diferencia”. En su caso, ese entrenamiento forma parte de la rutina diaria: “acondicionar su cabeza, su forma de ser y de ejecutar todo para que después también eso se refleje en el tapiz”.
Esa disciplina también se refleja fuera de la competición, donde ha compaginado su carrera deportiva con sus estudios de Criminalística: “para que yo pudiera tener el taekwondo como premio yo tenía que llevar los estudios al día, me he ido acostumbrando a viajar con los libros”, afirma, agradeciendo a sus padres ese hábito. Aunque no se plantea ejercer en ese ámbito, sí valora la importancia de contar con una alternativa: “Aunque el taekwondo sea mi prioridad, quién sabe si mañana se me rompe una rodilla y mi futuro ya no puede depender de él”.
Con la mirada puesta en el futuro, Cerezo asegura encontrarse “perfecta a todos los niveles, con un proyecto de intentar alcanzar una mejor versión tanto física como mentalmente”. Su objetivo está claro: “Los Ángeles es mi sueño”, con la ambición de dar un paso más y luchar por el oro olímpico.
Para Adriana Cerezo, el taekwondo trasciende lo deportivo. “Es mi propósito de vida”, concluyó. Una dedicación total que define su día a día: “veinticuatro horas al día, siete días a la semana y los trescientos sesenta y cinco días del año”. “Rara vez hago cualquier cosa que en mi cabeza no esté en segundo plano en el taekwondo”, afirmó.